Crónicas del Poncho

Cirilo Arancibia, un baqueano de la cordillera catamarqueña

Sábado, 23 de Julio de 2011

Hay muchas maneras de recorrer los stands de la Fiesta. Algunos lo hacen con el fin de mirar, admirar y tratar de comprar un producto artesanal, a veces incluso regateando. O recorren los espacios de los municipios preguntando cómo llegar, qué hay para visitar y aprender incluso. A los chicos los mandan de las escuelas a juntar toda la información posible, pero a través de la folletería y nada más; bueno sería que les diesen preguntas para hacerles a los que atienden cada lugar, porque no todos son promotores/promotoras y conocen de lo que hablan.
Pero vale recomendar una forma de participar de la feria y los espacios de difusión institucional. Nos referimos a la posibilidad que tenemos de apreciar a las personas que están en los stands, al artesano, al habitante de un lugar, al que ha llegado a compartir algo de lo suyo, no sólo por vender o cumplir su tarea, sino con la carga de orgullo de pertenencia e identidad que todos tenemos, pero a algunos les cuesta admitir. Aunque venda poco, no hay artesano que quiera dejar de serlo. Aunque sean muchas horas de estar sentados, con frío muchas veces, no hay persona que cuando habla de su lugar, de su pueblo al que pregunta, no deja de sentir orgullo de lo suyo.
Muchos no podemos saber de antemano que estamos ante gente con historias diversas, que protagonizan acciones sociales, luchas junto con sus vecinos, que defienden algunos el agua, el aire y su vocación de seguir demostrando que no hay lugar más cercano para cumplir los sueños, que donde se vive. Entre tanta gente, tantas historias, le recomendamos visitar el stand de la Municipalidad de Fiambalá y conocer un baqueano de la cordillera catamarqueña. Un verdadero héroe de rescates, expediciones y travesías por uno de los lugares más desafiantes de nuestra geografía. Se llama Cirilo Arancibia.
Claro, que la diferencia entre la Fiesta del Poncho y la cordillera es grande. “Por la cantidad de gente, la aglomeración, colores, stands, mapas, al final uno no sabe, si sale a caminar, qué elegir, para dónde ir, debido también a la cantidad de negocios que hay, y bueno, nada que ver con la cordillera; allá es silencio, tal vez por ahí el cantar de un ave, o el ruido del río, o el ruido del viento. O sea, la diferencia es notable; allá es como que uno estuviera en medio de la inmensidad, en medio de la naturaleza y uno se siente muy pequeño, hace de cuenta que uno no es nada contra la naturaleza, ahí se ve lo que es la inmensidad, comprende lo que ha hecho Dios”, nos decía
Alguno pensará cuánto tiene que soportar estando estos días aquí, sin embargo, “a mí me gusta estar aquí, me gusta estar porque me gusta dar información, me gusta que la gente conozca lo que tenemos y de paso guiarle un poco, porque uno tiene que saber de todo. Por ejemplo, ayer una señora preguntaba por el viento zonda, por qué se producía, de dónde viene y por qué llega caliente. Bueno, son cosas que uno tiene que saber para explicarle a la gente, me gusta estar acá también. Siempre sigo añorando, cuando estoy lejos, siempre quiero volver a donde uno se ha criado, ha andado, siempre se quiere volver, contarle a otros es como revalidar ese orgullo que uno siente, llevando también a mucha gente en distintas expediciones” expresaba.
Por último, en una geografía a la que los mega proyectos de desarrollo con grandes capitales pretenden usar como atajo para el progreso, supuestamente, de los pueblos, vale la pena escuchar a un ciudadano nacido, criado y residente por decisión propia, acerca de la actividad que le permitió progresar en serio: “También se puede vivir del turismo y mucho, los pueblos del oeste han crecido por el turismo. A la gente le diría que vaya a Fiambalá, va a conocer muchos lugares; si va a las termas, va a volver recuperado, mejorado de su salud, y si van al Paso de San Francisco lo mismo, es como que se sacan todo el stress que llevan encima, vuelven nuevos.” Será cuestión de hacerle caso y renovarse, no sólo espiritualmente, sino también en relación a nuestras propuestas de desarrollo.
 

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