Oscar Conde

“Un habla ‘rebelde’ encubre casi siempre una pequeña venganza”

¿Qué es el lunfardo? ¿Es un dialecto, una jerga, un lenguaje, un repertorio, léxico? Entrevista a un experto.
Viernes, 20 de Enero de 2012

Si en la conformación de una identidad interviene como elemento primordial el lenguaje, aquello que nos comunica y a la vez nos retrata, no cabe duda de que el lunfardo revela los matices íntimos de nuestra idiosincrasia. Enraizado en la historia, el habla popular de los argentinos armada con préstamos de lenguas extranjeras -las de inmigrantes italianos y españoles, más términos de lenguas indígenas y de jergas de otras tierras- es la base del documentado ensayo "Lunfardo", de Oscar Conde. El término que dio nombre a esa jerga aparece en Buenos Aires con la expresión italiana "lunfardo", que en principio designaba al ladrón y que data de mucho tiempo atrás; el mismo Conde constataría que en las páginas del "Decamerón" de 1353 se utiliza "lombardo" (oriundo de Lombardía) para tildar a un usurero.

-¿El lunfardo nació de la convivencia del inmigrante en los conventillos?

-Nació alrededor de 1870, del encuentro del criollo con los distintos grupos de inmigrantes (especialmente italianos), primero en el patio del conventillo y luego en los lugares públicos de diversión. Más tarde, un lugar clave de intercambio lingüístico fue para los chicos la calle, la esquina y la escuela, donde los hijos de los inmigrantes utilizaban la lengua materna.

-Persiste la creencia popular de que en su mayoría el vocabulario del lunfardo sale del italiano.

-Persiste porque para los primeros 30 ó 40 años del lunfardo (hasta 1900 ó 1910) esto era estrictamente cierto. Las palabras que proceden de lenguas itálicas son decenas -"festichola", "chitrulo", "afilar", "espiantar", "cazote", "pichicata", "balurdo", "escarchar", "escabio"- Pero finalizada la gran inmigración, en 1914, la fuente principal del lunfardo comenzó a ser el propio castellano.

-¿Podría hablar sobre el aporte del lunfardo a la literatura y al tango, y de cómo estos géneros fueron sus difusores?

-Hay toda una literatura lunfardesca, originariamente anónima que contribuyó en las primeras décadas del lunfardo a su difusión. Poetas y payadores autores de folletos que se vendían por centavos, decenas de historietistas, escritores costumbristas que trabajaban en revistas ilustradas (Fray Mocho, Juan Francisco Palermo, Félix Lima, entre otros), poetas lunfardescos (Felipe Fernández "Yacaré", Carlos de la Púa, Dante A. Linyera, Iván Diez) y dramaturgos del género chico (Nemesio Trejo, Florencio Sánchez, Alberto Vaccarezza). Todos ellos han contribuido desde la literatura popular a la expansión del lunfardo. Mucho después se sumaron en la utilización del lunfardo novelistas como Arlt, Gálvez, Marechal, Gómez Bas o Cortázar. De los ‘70 para acá han usado mucho y muy bien el lunfardo Osvaldo Soriano, Manuel Puig y Roberto Fontanarrosa. En cuanto a las letras de tango, fueron decisivas para la difusión del lunfardo. Ninguna otra habla popular del mundo contó con un género cancionístico tan vasto y de tanto alcance.

-El lunfardo nuestro empieza en Buenos Aires y se irradia a todo el país, aunque en el interior hay léxicos propios de cada región…

-Por supuesto, existen regionalismos y provincialismos en toda la Argentina. El lunfardo cuenta con la fuerza de una metrópoli como Buenos Aires que determina modos de vestir, de comer, de comportarse y de hablar, desde siempre. Existen ambas cosas. Pero atención que algunos vocablos aborígenes llegaron al lunfardo, como los quichuismos pucho o chala, o el araucanismo pilcha.

-En Europa entre los siglos XVI y XVII aparecieron léxicos marginales, que incluso, en el caso de España, según su ensayo, penetró textos de Cervantes. ¿Nuestro lunfardo fue marginal?

-Sí y no. Es un léxico marginal en tanto se ha venido construyendo al margen del español estándar. El hablante sabe que se dice trabajar, pero elige decir laburar. Si se piensa en ello, sin duda el lunfardo es un vocabulario marginal. En cambio, si para adscribir al lunfardo a la categoría de marginal debe pensárselo como exclusivo del habla de los marginales, ya no me parece. Los primeros que estudiaron al lunfardo creyeron que describían una jerga de la delincuencia, pero el lunfardo excede en mucho ese acotado campo semántico. En las primeras décadas lo usaban las clases populares; los criollos y los inmigrantes; en suma, los habitantes del arrabal. Pero el lunfardo rápidamente fue absorbido por las clases medias y luego por las clases acomodadas.

-¿Hay términos del lunfardo que provienen de una clase social alta?

-Son poquísimos, pero hay. La propia palabra concheto, luego difundida en su forma aferética cheto, es un buen ejemplo. Surgió de la propia clase alta. Otras palabras fueron difundidas por Landrú en los años ’60 y ‘70: gordi, quemo, Mardel. En los últimos años surgió un término con el que los jóvenes de altos ingresos denominan a su mucama, y es un vesre: camuca.

-Es interesante el gozne entre el lunfardo y la situación del interlocutor; ese clima de confidencialidad, de chamuyo…

-Tiene que ver con ese tono que adquiere la conversación cuando los interlocutores se conocen y se tienen mutua confianza, pero no siempre. Daniel Antoniotti, lunfardólogo argentino, ha escrito que el lunfardo se usa entre quienes pretenden alterar o consolidar situaciones de comunicación que desbordan la formalidad. Es interesante verlo de esta forma: el uso del lunfardo fluctuaría entre dos polos: en una situación hay una relación consolidada entre los interlocutores; en otra, uno de ellos altera la situación comunicativa con el uso del lunfardo, ya sea para generar en el otro complicidad, simpatía, afectividad, interés sexual o para despreciarlo, insultarlo, rebajarlo, poner distancia.

-¿Implica el argot un espacio de pertenencia y cohesión, un código y protege contra elementos del afuera que puedan disociar?

-Los argots implican todo eso: la generación de un espacio de pertenencia, una especie de emblema que al mismo tiempo coloca a sus usuarios fuera de las normas establecidas pero dentro de un grupo. El lunfardo actúa como un marcador de cohesión de grupo, un código lingüístico común que refuerza el espíritu de cuerpo y la identidad individual y grupal. Todos nos identificamos con determinado léxico. El uso de un vocabulario común entre dos o más personas es uno de los elementos que habilita la participación en un grupo de pertenencia, ya sea los chicos de la escuela, los seguidores de una banda de rock, los tipos que paran en el mismo bar. De modo más general el lunfardo puede definirnos como porteños. Y aún más: como argentinos.

-¿Además de rebelarse contra la rigidez de las normas lingüísticas, expresa el lunfardo una disconformidad social?

-Una disconformidad y una rebeldía contra las normas lingüísticas, que muchas veces sublima una rebeldía contra la rigidez del sistema. Se trataba, originariamente, de un desafío verbal por el cual los sectores más modestos intentaban expresar su disconformidad con un orden social injusto. Esa rebeldía en el habla busca rebajar y ridiculizar los valores que rigen la sociedad y, en virtud de esa rebelión, degradar la rigidez de las normas y los valores imperantes. La representación social de que alguien que trabaja honestamente es un gil no es nueva. Enrique Santos Discépolo escribió en Cambalache "el que no afana es un gil" ¡en 1935! El uso de un habla "rebelde" encubre casi siempre una pequeña venganza que puede expresar enojo, burla, ironía, resentimiento, dolor, pero lo cierto es que desde hace décadas los argots dejaron de ser privativos de los sectores postergados.

-¿Son los jóvenes quienes renuevan el lenguaje con sus códigos y palabras nuevas?

-Siempre ha sido así. Los jóvenes son el motor principal de la renovación del lenguaje, del arte y del pensamiento. La introducción de neologismos casi siempre se debe a una creación juvenil.

-Usted habla de una "extraordinaria propagación" del lunfardo en las últimas tres décadas por todo el país, ¿a qué se debe esto?

-Básicamente al avance extraordinario de los medios de comunicación: las repetidoras de radio, que llevan a los pueblos más alejados las ondas de las radios capitalinas, la televisión por cable y satélite e Internet, especialmente a través de los chats, el mensaje instantáneo, las redes sociales y (ahora un poco menos) los blogs y fotologs. Una palabra que empieza a usarse entre los jóvenes en Buenos Aires puede tardar una semana en ser utilizada por jóvenes jujeños o neuquinos.

(Jorge Boccanera, Télam)


Tango y rock

Oscar Conde, bonaerense nacido en 1961, es poeta y ensayista.

Dedicado a las lenguas clásicas, es también un apasionado de la cultura popular. Miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, es doctor en Letras y experto en tango y lunfardo.

Es el compilador de los libros Poéticas del Tango y Poéticas del Rock. En éste reúne trabajos de jóvenes profesores de literatura que analizan las letras de Spinetta a Gieco.  

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