Por Lourdes Rodríguez
Pasaron muchos años ya. Hasta que la joven mujer capitalina le pidió a su tío abuelo que la acompañara a realizar un trámite en una Seccional de la Policía. Estando ya en el lugar los roles se invirtieron absolutamente ya que aquel simple trámite se transformó en una denuncia de esa joven mujer contra su pariente abusador que durante años la había amenazado y lastimado hasta lo más profundo de su ser dejando como herencia dos niños nacidos de esos crueles sometimientos. Ya estaban rotas las cadenas del maltrato pero seguramente aún subsisten las consecuencias del horror vivido por años. Este hecho recorrió todas las mesas de noticias del país, dejando a muchos, incluida yo, con estas palabras en la boca ¡Justicia y atención integral para las víctimas de delitos sexuales!
En otro caso registrado en el transcurso de esta semana una joven adolescente, dos años menor que yo, según relata la crónica periodística, y mientras esperaba a su madre en la puerta de un organismo público municipal de Valle Viejo, quien estaba allí para cobrar decidió ir a su casa “para ver una novela” según el relato, cuando en el interior de su propia vivienda fue atacada sexualmente por un agresor que hace tiempo atrás la venía acosando por medio de mensajes de texto. La brutalidad de la agresión fue tal que la adolescente debió ser intervenida quirúrgicamente, el peligroso criminal fue detenido y espero que la Justicia sea implacable con este miserable sujeto.
Aquí me surgen algunas preguntas, confiando en que el tiempo me sabrá dar repuestas. Por ejemplo, si es eficiente el accionar de la policía o del mismo poder judicial para proteger a alguien que es acosado; si no existe demasiado papeleo cuando de poner a salvo la integridad sexual de alguien se trata; si existe alguna campaña de difusión concreta para concienciar respecto a cómo evitar los ataques sexuales.
En otro caso pero esta vez registrado en la localidad de Los Altos, departamento Santa Rosa, una joven fue violentamente atacada por un desconocido a la salida de un boliche bailable y sin que nadie viera nada fue arrastrada hasta un descampado donde fue sometida a los más bajos instintos de este criminal, ¿Nadie vio nada? ¿No había policías en el lugar? ¿Deben suceder las cosas para que recién se actúe pensando en la seguridad de las personas que asisten a un lugar público?
El común denominador de los casos registrados esta semana son que todas las víctimas fueron mujeres, menores de edad, que por distintas circunstancias fueron sometidas al desgarrador dolor del abuso sexual lo que evidentemente demuestra que a diario en nuestra provincia convivimos con la creciente perversidad de delincuentes que sólo esperan el momento y la oportunidad para asestar ese vil ataque que condena al miedo a su víctima.
Y es preocupante saber que el Cuerpo Interdisciplinario de la provincia , al decir de una de sus licenciadas atiende de 5 a 6 casos de distinta naturaleza por día, lo que confirma las lamentables estadísticas que colocan a nuestra provincia como una de las que registra el mayor número de casos de abusos sexuales, destacándose la particularidad de que la mayoría de los ataques son producidas por personas que tienen cierto grado de parentesco con la víctima, lo que revela que hay algo urgente que tratar como sociedad humana y racional que debemos ser.
Por eso creo que se hará justicia cuando esta pesada mochila que le doblega la inocencia a toda la sociedad catamarqueña sea rechazada y condenada con la mayor dureza poniendo gran esmero y atención para la recuperación de las víctimas de tan aberrantes acciones humanas que no distingue ni edades, ni sexos.
Ojalá así sea por el bien de todos quienes queremos vivir libres de miedos y violencia.