Vicente Muleiro

“Desde el Estado, se apropiaron de los bienes y las vidas de los otros”

“La dictadura condensó una ideología primaria y arcaica, que acaso venga desde la colonia”, sostuvo el entrevistado.
Sábado, 11 de Febrero de 2012

Algunos datos

 Nació en Buenos Aires, en 1951. Es escritor y periodista. Publicó dos novelas para adultos: "Quedarse con la dama" y "Sangre de cualquier grupo" y cuatro libros de poemas: "Para alguien en el mundo estamos lejos", "Boleros", "Pimienta negra" y "El árbol de los huérfanos". Obtuvo premios en la Argentina y en España. En el año 2001, en coautoría con María Seoane, publicó "El dictador". En 1998 ganó el Premio Rey de España de periodismo.

  

En su último libro “1976. El golpe civil”, el narrador, periodista, poeta y ensayista Vicente Muleiro, devela el poder tras bambalinas de la última asonada castrense, aquellos civiles cuarteleros que Arturo Jauretche definió como “la brigada de los empujadores”.
Muleiro, autor de la biografía “El Dictador” y de la obra dramática “La cinta fija” -ambas tienen a Jorge Rafael Videla como personaje central- da cuenta en esta entrevista de los grupos económicos que participaron en la dictadura, así como la responsabilidad de personas de otros sectores, como del poder judicial, del sindicalismo, los partidos políticos, etc.

-Su libro “El golpe civil” tiene un protagonista principal, Martínez de Hoz. ¿Cómo llega a ser cabeza de los grupos económicos?
-Producida la sorpresa del peronismo en 1945, José Alfredo Martínez de Hoz, con veinte años, es el presidente del Ateneo de la Juventud Democrática Argentina (AJDA), núcleo inaugural del gopismo de la segunda mitad del siglo XX en el país. Es después funcionario de la Libertadora, mientras asciende en directorios de empresas y en la actividad gremial empresaria es ministro del gobierno títere de José María Guido, y referente del liberalismo conservador con conexiones estrictas con David Rockefeller. Es el jefe civil del golpismo, sin duda.

-Así como hubo internas entre los uniformados respecto de sus estrategias, ¿hubo diferencias entre los grupos económicos que apoyaron el golpe?
-Hubo diferencias, desde ya. Videla se aferró al conservadurismo liberal con la idea de resucitar un patriciado rancio. Suárez Mason, Menéndez y otros tenían rasgos fascistas; Massera se quería cortar solo para heredar el “proceso”. Cada una de estas líneas estaba acompañada por civiles. En términos ideológicos pudo haber diferencias en un espectro que va desde el nacionalismo católico hasta el liberalismo desarrollista. Pero, por un lado, esas diferencias se desdibujan a la hora de acordar en la represión feroz y, por otro, terminan siendo pujas por espacios de poder y por negocios.

-Habla en su libro del “mal argentino”. ¿Podría explicar brevemente este concepto?
-Los organismos de derechos humanos fueron los que comenzaron a hablar con la figura filosófica del “mal radical” con respecto al golpe del 76. Un jurista filoalfonsinista como Carlos Nino, define al juicio a las juntas como “Juicio al mal absoluto”. El mal está representado en la Argentina por quienes suprimen las mediaciones civilizadas para apropiarse desde el Estado de los bienes y vidas de los otros, rearman una explotación infinita del más fuerte sobre el más débil y son inmisericordes ante el dolor ajeno.

-Los grupos económicos conservadores no nacen con el golpe, sino que ya venían trabajando y fogonean la última asonada…
-Jauretche hablaba de “la brigada de los empujadores”, de los que decían “animémonos y vayan” para referirse al golpismo de los 60 y 70. En el cuartelazo del 76 los civiles van más allá. Son proactivos: arman la Asamblea Gremial Empresaria (APEGE) al solo fin dictatorial donde confluyen los grandes grupos empresarios y la Sociedad Rural. Ahí juegan fuerte Jorge Aguado, Jorge Zorreguieta, Armando Braun, Celedonio Pereda y Osvaldo Cornide, entre otros. Les cabe una figura mucho más fuerte que la de “colaboracionismo”.

-¿Se discutió entre los militares el mucho o poco espacio que iban a tener en las decisiones, esos grupos civiles?
-En la etapa previa todo indicaba que el golpe iba a ser plenamente militar. Pero le dan la economía llave en mano a ese patriciado tardío, ligado a las multinacionales. Hubo discusiones previas sobre un perfil más desarrollista, más heterodoxo, pero Videla impuso el proyecto excluyente, antipopular y matador de “Joe” y los suyos.

-En su libro alude a las complicidades de los partidos políticos tradicionales. ¿Qué buscaban los partidos con ese reacomodo y qué consiguieron en términos políticos?
-Videla acerca civiles con el objetivo de hacer, más adelante, su propio armado político. Provienen, en su mayoría, de los partidos provinciales conservadores, del radicalismo y la derecha peronista. En las intendencias del videlismo hubo 310 radicales, 169 del Partido Justicialista y 109 del Partido Demócrata. Los radicales (Blanco, Hidalgo Solá) y los conservadores (Romero Feris, Moyano) también ocuparon embajadas. Aunque gozaron de lugares relativamente expectables en la administración pública, no pudieron heredar políticamente nada, porque la dictadura no pudo vertebrar su proyección tras la derrota de Malvinas y en verdad, creo que aún sin esa guerra no hubieran podido.

-Numerosos abogados y jueces aparecen comprometidos. ¿Tuvieron un papel preponderante en darle un marco legal a la represión e incluso en participar de extorsiones y estafas?
-El Poder Judicial, dejando de lado honrosas excepciones, se sintió muy cómodo con la dictadura. Rechazaron hábeas corpus con piloto automático; algunos jueces bajaron a los chupaderos. Muchos abogados de los grandes estudios fueron, además, entusiastas funcionarios como Alberto Rodríguez Varela y Jaime Smart, quienes están siendo investigados por delitos de lesa humanidad.

-¿Cómo evalúa el comportamiento del sindicalismo?
-No se puede hablar globalmente del comportamiento del sindicalismo. Lorenzo Miguel se apura el 25 de marzo a solidarizarse con el golpe, hay alcahueteadas fatales en las protestas de Ford y Mercedez Benz. Pero a su vez a Oscar Smith, de Luz y Fuerza, lo secuestran y desaparece. El sindicalismo clasista tuvo heroicas actitudes de resistencia y los delegados de base engrosaron las listas de desaparecidos. El amarillismo sindical, en cambio, tuvo actitudes rastreras, como las de Triaca y Baldassini que se hicieron patentes en el Juicio a las Juntas.

-Queda de manifiesto en “El golpe civil” el reciclaje de esos “civiles cuarteleros”.
-La dictadura consolida grupos económicos como Bulgheroni, Socma, Pérez Compac, entre tantos otros. Estos grupos son los que condicionan los intentos de una política suavemente más nacional en lo económico con Alfonsín-Grinspun. En el menemismo vuelven a la gloria con traspasos rentísticos y negociados como los de YPF y las AFJP, y muchas de sus figuras retornan a la administración pública, como Cavallo, Pou y Folcini entre otros.

-Respecto de la resistencia al golpe, el libro habla de las Madres y los organismos de derechos humanos, aunque es sabido que el arco de la oposición fue por cierto mucho más amplio…
-Mi libro hace foco en la complicidad civil y sólo tangencialmente en la resistencia civil. Desde ya que hubo organizaciones y partidos de izquierda y del peronismo que tuvieron actitudes de resistencia muy valientes. También en el arco político más establecido (hablo de Raúl Alfonsín, Deolindo Bittel, Carlos Auyero, Luis Zamora), hubo algunas actitudes más éticas que otras. Pero está claro que el ariete de la resistencia fueron las organizaciones de derechos humanos. Desde ya que la resistencia civil orgánica e inorgánica merece un estudio que contribuya a subsanar ese frecuente error de la inteligencia que consiste en las culpas o en las exculpaciones masivas.

-¿Persiste el disciplinamiento golpista y el pensamiento conservador en parte de la sociedad de la Argentina actual?
-La dictadura condensó una ideología primaria y arcaica, que acaso venga desde la colonia, se consolida con la renta fácil del latifundismo, se siente una realeza en la década de 1880 y en el Centenario y sufre el arrinconamiento al que es condenado con la vigencia del voto universal y secreto. No es raro entonces que su instrumento sea por excelencia el golpismo porque es un Partido del Orden sin votos. Esa ideología persiste y está en tensión con el modelo político y socioeconómico vigente.

-¿Sigue siendo un subterfugio la teoría de los dos demonios?
-Absolutamente. Es increíble que a pesar de que se ha avanzado en el conocimiento de laceraciones sin nombre que se cometieron en la dictadura se trate de armar ese relato. La teoría de los demonios es exculpadora y funcional a lo peor. La reflotan, entre otras cosas, para excusar a los grupos económicos que están presentes en la vida argentina y que se hicieron presentes en la dictadura con una actitud mucho más profunda y feroz que el simple acompañamiento.

(Jorge Boccanera, Télam).

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