Por Lourdes Rodríguez (*)
En la provincia de Córdoba se va ha implementar el boleto estudiantil gratuito para el ciclo lectivo 2012 y va ha beneficiar a estudiantes, docentes y no docentes. La medida fue dispuesta a partir de un nuevo compromiso del Gobierno con la educación eliminando una potencial barrera de acceso al conocimiento en las aulas. El gobierno de la provincia de Catamarca aún no definió ninguna medida al respecto que modifique el cuestionable concepto de boleto escolar de las empresas de transporte urbanas e interurbanas de nuestra provincia, que en los últimos tres años, según un análisis de costo realizado en el año 2011 por la Organización Social Red Educativa Solidaria, aumentó en más de un 200% para los estudiantes de la ciudad Capital, que pasó de costar $0,25 centavos a $1, dato que es mucho más preocupante para los estudiantes de Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú que padecen un trato desigual y discriminatorio llegando a pagar hasta casi tres veces más respecto del alumno de la Capital. Y resulta conveniente preguntarnos si durante estos últimos años los estudiantes catamarqueños fuimos tenidos en cuenta al momento en el que se decidía el aumento del transporte público o si simplemente fuimos un número más de la avarienta ganancia empresarial. Y es aquí donde recojo la sincera necesidad de cientos de estudiantes, que al igual que yo, “sólo contamos con el colectivo o bondi” para trasladarnos a la escuela, educación física u otras actividades escolares. Por esto realzo el valor de las aspiraciones de los estudiantes (de todos los niveles) a que contemos con un boleto estudiantil gratuito, planteo que debe obligar al actual gobierno a darnos la reivindicación histórica que nos merecemos, no cometiendo los mismos errores que los anteriores gobiernos que sólo produjeron injusticias y desigualdades para con los estudiantes. Y es importante señalarles que mi condición de estudiante secundaria, al igual que a todos mis compañeros de nivel de estudio, me y nos hace responsables de mantener viva la llama de la lucha por el derecho a construir una sociedad mejor empezando por nosotros mismos, que debemos estar comprometidos con el estudio y la realidad que vivimos, pero a su vez debemos exigir más presupuesto para educación, mayor calidad educativa y una mejor repuesta en oportunidades de trabajo al terminar nuestros estudios. He escuchado, desde mi primera adolescencia, hablar de memoria, verdad y justicia lo que me ha llevado con mucha inquietud a buscar las raíces históricas de estos propósitos y pude hasta casi vivenciar el dolor provocado a nuestro pueblo por las dictaduras militares pero muy especialmente la última, que entre sus sangrientas acciones, un 16 de septiembre de 1976 secuestró a 10 estudiantes de la Escuela Normal Nº 3 de La Plata por reclamar el boleto estudiantil. Los chicos tenían entre 14 y 17 años. Este hecho fue calificado por los asesinos con uniforme militar como “lucha contra el accionar subversivo en las escuelas” justificando con ello la tortura y muerte de 7 de los estudiantes secuestrados. La noche de los lápices fue una cruel expresión de aniquilación física de adolescentes estudiantes, pero a su vez es un legado transmitido de generación en generación que no debe doblegarse al reclamar sus derechos como estudiantes.
Las razones históricas, económicas y sociales aconsejan tomar una medida oportuna. Que no se hagan esperar, porque es un deber del pueblo defender su derecho a tener derechos. Agradezco a la democracia que como estudiante adolescente pueda hacer este pedido sin miedo a la represión y en homenaje a los que cayeron y a quienes continúan en esta lucha.
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(*) Columnista adolescente