MIRTA ARGAÑARAZ DE CLÉRICI

“La memoria no la vamos a perder hasta que se haga justicia”

Militante de Derechos Humanos y querellante en la Causa de Capilla del Rosario.
Martes, 14 de Febrero de 2012

La moto que la traslada todos los días está metida dentro de su casa, de las paredes cuelgan pinturas, lienzos con imágenes de nuestras culturas originarias, en un cuadro hay un folleto de Silvio Rodríguez. En su mesa del comedor de su casa en La Chacarita, una agenda de la agrupación HIJOS da cuenta de una historia de 36 años de lucha.

Mirtha Argañaraz Clérici fue docente gran parte de su vida, trabajó en la Dirección de Complementación Educativa en Córdoba, pero los militares la buscaban por ser delegada gremial y por defender los ideales que marcaron a muchos de su generación. Su esposo Eduardo era estudiante de Ingeniería. Ellos escaparon del terror en una “R” 6. Lo hicieron sin rumbo. Ese día, recuerda Mirtha que cargaron todo lo que podían en la renoleta, les pidieron a sus hijos que elijan un juguete preferido y se marcharon.

La historia de su hermana fue más cruel, a ella la secuestraron en Mar del Plata y luego la asesinaron en 1977, su hermano y cuñado también sufrieron la tortura y el encierro.

Mirtha llegó a Catamarca escapando de los militares, con una orden de secuestro que desconocía, pero que la asfixiaba en cada paso que daba. Anduvo por todos lados buscando un soplo de libertad.

Cuando su familia se vio acorralada por el horror, su madre Otilia Argañaráz, luchadora de los derechos humanos y titular de la filial Córdoba de Abuelas de Plaza de Mayo, comenzó la lucha, primero con los Familiares de Desaparecidos, luego con los Presos Políticos, hasta que se crea Madres.

Pero para entonces, la dictadura ya había sido lo demasiado sangrienta, para resistir.

“Yo fui militante política de la izquierda desde la escuela. Y desde el retorno a la democracia, nuestra militancia estuvo en la justicia, en las causas iniciadas contra los represores y asesinos”, afirma.

Cada palabra que Mirtha pronuncia es un relato del dolor, pero muy cuidadoso, ya que en estos momentos en Córdoba se desarrolla el juicio de su cuñada y en Mar del Plata, el de su hermana. Para el mes de abril, posiblemente se pueda llevar a juicio oral en Catamarca el secuestro de los hermanos Ponce, Borda y Burgos Ponce.

“Yo elegí Catamarca como mi lugar para vivir y para pelear por los que fueron secuestrados. No puedo separar la militancia de Derechos Humanos con la militancia política. Los que me conocen desde hace mucho, saben mi postura. Los Derechos Humanos son tan amplios que los usa cualquiera, hasta los milicos decían que los argentinos éramos derechos y humanos: payasadas. Nuestra lucha ha sido contra el terrorismo de Estado y la violación a los Derechos Humanos, a partir de 1976”, sostiene.


-¿Por qué cree que en Catamarca persiste el desconocimiento y la apatía por los Derechos Humanos?
-Hay mucha apatía en Catamarca y en general en el noroeste. Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán son dos provincias muy activas políticamente en materia de derechos humanos. Es un vivir la memoria y acá te cuesta un triunfo. Yo ya me cansé de los actos, me parecen bien, pero a esta altura de mi vida, los 24 de marzo me duelen mucho. Va pasando el tiempo, no encontrás a tus seres queridos, a tu familia, y seguimos luchando por todos. Llega un momento en que uno se cansa física y psicológicamente. Pero nosotros tenemos muy en claro que la memoria no la vamos a perder hasta que se haga justicia. No se pueden poner las cosas debajo de la alfombra, esconderlas como se hace en Catamarca siempre. A las cosas que no nos gustan, las tapamos, y hay quienes se preguntan ¿queda bien o queda mal?. La historia es completa, cotidiana, la hacemos los hombres y hay que reconocer que Catamarca tuvo su época de Dictadura.
Me acuerdo cuando la gente se admiraba porque se votó en Tucumán a Bussi y acá sin embargo se lo votó a Castillo. Y los muertos y desaparecidos no se cuenta sin son uno, dos o diez mil. Acá hubo complicidad, no sólo de este señor sino de tantos otros que estuvieron hasta hace poco en el gobierno: los llamados colaboradores de la dictadura, que por ahora nosotros no los hemos tocado, tampoco vamos a entrar en una caza de brujas. Hay gente que necesitaba trabajar, pero hay otros que estaban muy bien acomodados y que recibieron ciertos privilegios de la dictadura.

El 24 de marzo de 1976, Mirtha estaba en su casa con su marido, el golpe ya se perfilaba. “Recuerdo que estábamos con la radio prendida y cuando escuchamos la marcha con el “Comunicado Nº 1”, me acuerdo que empezamos a percibir lo que se venía”.


“Una sobreviviente”

Mirtha, antes del ‘76 tuvo dos allanamientos, en uno buscaban armas por el sólo hecho de ser delegada gremial y, en el segundo, los militares revisaron sus libros y hasta la libreta de trabajos prácticos.

“Yo salí perseguida por la dictadura. Y nunca anduve con un fusil en la mano. Pero lo fuerte es decir que tenía pedido de captura; salí de Córdoba porque nos amenazaron. A mi hermana la secuestran en 1977. Mi hermano muere combatiendo en el ERP, luego secuestran un tío que era abogado de presos políticos en Santiago del Estero, todos los casos están en la CONADEP. Luego secuestran a la esposa de mi hermano, ahí comenzamos a pensar “vienen por nosotros”. Cuando nos amenazan, mi marido contesta el llamado que decía ‘zurdos de mierda los vamos a volar con casa y todo’”, relata.

En Catamarca, Mirtha y Eduardo comenzaron de “cero”. Estaban exiliados en su propio país. Mirtha llegó a pesar 43 kilos y hasta su hija más chica terminó naciendo en La Rioja.

La última vez que Mirtha vio a su hermana, la madre de dos de sus seis hijos fue en Mar del Plata, ella había ido a visitar a su marido a Sierra Chica. Mirtha recuerda que la noche que secuestraron a su cuñado fue “la noche de las corbatas”, por que “él era abogado y estaba formulando una ley laboral”, contó.
“En el momento en el que secuestran a mi hermana, ella le estaba dando de comer a los dos hijos más chicos fideos con manteca. A los chicos se los dejaron a la abuela paterna, ninguno de nosotros nos podíamos mover, la que se movía era mi mamá y coincidió cuando se crea Abuelas. Después Ramiro y Martín se vinieron con nosotros y pasaron a ser seis”.

¿Cómo fue ese momento?

-Soy una sobreviviente. La preocupación permanente que teníamos era mantener la alegría de vivir, más allá del dolor que nos causaba los que no estaban. Por suerte y gracias a mucha gente que nos ayudó, los chicos se criaron con alegría, sin bronca ni odio contra nadie. Armamos una linda familia, por ahí se lloraba en silencio, pero los chicos tuvieron cumpleaños felices. Se les iba contando las cosas a medida que preguntaban, no se trataba de inculcarles nada. Nosotros somos todos familieros, guitarreros, unidos. El dolor nos unió mucho.


-¿Qué sintió cuando Arnoldo Castillo fue elegido Gobernador?

-Mucha impotencia, ya había sido intendente. Es más, reformaron un estatuto de la Constitución para que él pueda asumir como gobernador. Porque en la Constitución se había puesto que no podían asumir cargos ejecutivos de importancia y jerarquía nadie que hubiese estado con la dictadura. A mí lo que más me dolió es que el pueblo catamarqueño lo votase. Había mucho miedo. Todos estaba lindo y bien, pero el problema es que los chicos no estaban, a los Ponce los levantaron de la casa y de la calle. A Nely Borda, la levantaron en camisón y a las rastras. Acá pasaba de todo, tenían miedo, el miedo es respetable, pero fijate que es la única provincia donde no se formó Madres, ni Abuelas, ni Familias de Detenidos Desaparecidos, ni HIJOS, recién ahora se formó Ex presos Políticos. Sabés todas las intentonas que hice yo por formar algo acá, pero me decían que eso era político.

- En Catamarca, hay cosas que se arrastran…

-Hay un pueblo que sobrevive, no vive. No disfruta, porque se resigna mucho. Acá también tuvo mucho que ver la Iglesia porque es la más conservadora del país, que justificaba todo y tapaba todo. Lo que sí estoy segura es que no habrá otra dictadura más, porque pierde valor la vida.
Esperamos que en Catamarca haya una política de Derechos Humanos, porque el Gobierno nacional la tiene. Y que se tome en serio y con fuerza. Por ahora vamos a esperar a que se eleven los juicios y después vamos a ver si se revierte la marginalidad y desigualdad social. Tengo esperanzas de que esto cambie.

Una mujer con convicciones

Por Carlos Galíndez

Mirtha Argañaraz de Clérici es una persona común, como muchas, tiene hijos, sobrinos, nietos y muchos amigos. Tiene además muchos compañeros de su época de militante durante la dictadura que se inició ese fatídico 24 de marzo de 1976. Pero también los tiene de la época del retorno a la democracia, desde ese 10 de diciembre de 1983, cuando iniciamos el camino de volver a la vida para reconstruir la sociedad restableciendo los derechos y valores democráticos.
Sin embargo, Mirtha, “la vieja”, como muchos la llamamos con mucho afecto y respeto, no se quedó en casa, aunque pudo hacerlo como muchos; continuó con sus convicciones y su militancia en organismos de DD.HH. 30.000 desaparecidos y cientos de niños apropiados la pusieron de pie y se sumó a Madres de Plaza de Mayo, también a Abuelas, y Familiares de Detenidos Desaparecidos.
Fue con toda seguridad el único camino que ella tenía para retornar a la vida democrática, sin renunciamientos ni resignación, el tránsito para alcanzar ese fundamental objetivo de memoria, verdad y justicia.
En Catamarca, Mirtha Argañaraz marcó caminos con su impronta personal y motorizó varias iniciativas; se integró a la Liga Argentina de DD.HH., formó parte de la Comisión Popular de DD.HH. junto a Elsa Ponce y Maribel Páez, entre otras y otros militantes que se sumaron a la defensa de los derechos humanos en su concepción más amplia.
Por la época que gobernaba en la provincia el Dr. Ramón Saadi, empezó a ocuparse de la situación carcelaria de de los presos en cárceles y comisarías, actividad que nunca abandonó y aún en la actualidad continua.
Pero, a estos datos que muchos catamarqueños conocen, hay que sumarle su calidad humana, su sinceridad, que jamás abandona y su inquebrantable actitud solidaria con sus afectos.
Mirtha Argañaraz de Clérici tiene memoria, jamás dejará de sentir dolor por sus muertos y desaparecidos, y a pesar de ello, transita la vida con una energía inusitada. Podríamos con absoluta justicia afirmar que también es una mujer excepcional.

Vivir la Memoria

Mirtha Argañaraz de Clérici.
- Tiene setenta años.
- Seis hijos.
- Militante Política y de Derechos Humanos.
- Formó la Asociación de Familiares de Desaparecidos por Razones Políticas y ex presos políticos de la provincia.
- Titular de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH).


 

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