Luego de la represión policial en Tinogasta, aparecieron múltiples declaraciones de políticos, funcionarios y gobernantes que daban su opinión sobre el conflicto que pareciera se prolongará en el tiempo. Opinaron la señora gobernadora, el ministro de Producción, el ministro de Gobierno, el secretario de Minería de la Nación, con discursos que no aportaron nada nuevo al tema que merece ser tratado en profundidad y con sinceridad por todos los sectores de nuestra sociedad, desde los poderes del Estado, fuerzas vivas y organizaciones comprometidas con la vida de las comunidades, relacionadas con la minería. Lo que me llamó la atención del resto fueron los dichos del intendente de Tinogasta. Declarar que la lucha está perdida, y que no vale la pena hacerse golpear, me pareció patético. Gracias a su gente los pueblos de Tinogasta, Belén, Andalgalá y Santa María, nuevamente sacaron a la luz la problemática minera que pretende no ser discutida por ser un problema urticante que toca grosos intereses económicos. Pareciera que el señor intendente no quiere reconocer lo que pasó en Esquel, Famatina o en las provincias que se negaron a aceptar este tipo de minería. El intendente de Andalgalá o sin ir más lejos su vice no piensan de igual manera. En el país gracias a las luchas de estos pueblos se empiezan a sentir otras voces, otros criterios sobre el problema minero a cielo abierto. Gracias a estas luchas el fondo del conflicto saldrá a la superficie y como se dice ahora marcará la agenda. Hay gobernantes que prefieren mantener el tema bajo la alfombra y otros no se animan a expresar lo que verdaderamente sienten. Las empresas mineras agradecen a ambos. La lucha por desentrañar la verdad no está perdida, recién empieza y se mantendrá en el tapete gracias a la valentía de los ciudadanos que se animan a dar la cara en las rutas del interior profundo de nuestra provincia. A todos ellos mi reconocimiento. Al señor intendente de Tinogasta que se ponga a la cabeza de la lucha como lo hizo el de Famatina.
Alberto Cerda Espósito