Martín Churba es considerado uno de los diseñadores más transgresores de la moda argentina. Hace un par de semanas estuvo en Catamarca, y aunque no es la primera vez que el diseñador pisa este suelo, esta vez vino acompañando al empresario Hugo Diamante en la presentación del film “Siete Fuegos”, la última obra del reconocido cheff Francis Mallmann junto al especialista gastronómico Miguel Brasco y del deportista Fabricio Oberto, socio de la bodega Alta Esperanza.
Allí el creativo expuso diseños, collares, fajas y túnicas blancas que se lucieron en plena precordillera de Fiambalá.
La charla con Churba se dio en una cena que se realizó en el Country Chacras del Valle Nuevo, donde compartió adelantos de la filmación y se presentó el proyecto.
Martín lleva un pantalón pingüino en damero blanco y un chaleco térmico que asegura que es “ideal” para afrontar el duro calor del norte. Asegura que muchas veces quiso realizar algún proyecto con los artesanos textiles de la provincia, pero que nunca se pudo concretar.
El diseñador es el creador del proyecto Tramando. Sus colecciones y desfiles pueden leerse como un espaldarazo del mundo de la moda al joven creativo.
“Catamarca y todo el norte tienen una cultura étnica increíble que es desaprovechada. Muchas veces intenté agregar en mis colecciones piezas elaboradas con lana de vicuña, pero los costos son tan altos que es imposible adquirirlos. Desde mi punto de vista debemos trabajar en mejorar los procesos de producción regional para que sea accesible y no algo que se llevan los extranjeros que visitan estas tierras”, asegura.
-Tus prendas transmiten algo enigmático y juegan con cierta agresividad.
-Alguna vez dije que la mujer tiene que tener un toque masculino. Debe poseer armas, recursos que le permitan desenvolverse en un mundo hecho para los hombres. Por eso en muchas de mis prendas utilizo material con texturas asociadas a la feminidad y el cuero, que es un ícono masculino.
-En general, en tus prendas parece estar primero el material y después el diseño.
-Absolutamente. Soy como un alquimista textil. Tomo la tela, la aplico, la estampo, trabajo con ella. Mi ropa no es un simple envoltorio del cuerpo.
La pasión por los materiales le viene de hace rato. Martín nació en el seno de una familia dedicada al rubro textil, tanto por parte de madre como de padre.
Decidido a no seguir ciegamente lo que el destino familiar parecía imponerle, estudió teatro y bellas artes. Sin embargo, las telas terminaron siendo más fuertes. “La moda fue la llave para entrar al textil”, reflexiona.
-¿Cómo ves la industria textil en el país?
-Nosotros hemos recuperado de a poco la identidad. Cuando surgieron las carreras de Diseño de Indumentaria, muchos de los jóvenes profesionales formados en ellas se ponían en la vereda opuesta a la de la industria. Pero en estos últimos años se dio una integración entre ambos sectores. Avanzamos hacia una producción más auténtica. Es que la moda es cultura e identidad. Hay que redescubrir esta tierra. Nuestro lugar es hermoso, su gente es hermosa. Debemos aceptarnos. Pero también es importante entender que desarrollar nuestras cualidades implica, necesaria y forzosamente, un trabajo.
¿Qué significa Tramando desde el punto de vista social?
-Es algo que elegimos. El proyecto social de Tramando es una construcción alquímica. Tiene que ver con una movida que hacemos personas distintas; combinamos talentos y saberes, y generamos un contenido que hoy es capacitación para artesanos textiles del Noroeste. Tenemos sede en Maimará y en Tilcara, adonde vamos cuatro veces por año a dar cursos intensivos.
Convocado por Poder Ciudadano, hace un par de años Churba desarrolló el programa Pongamos el trabajo de moda para siempre. El eje de la campaña fue el guardapolvo, símbolo democrático si los hay, utilizado por todo tipo de ciudadanos: maestros, alumnos, mecánicos, operarios, médicos, modistas, científicos, artistas. El objetivo de la campaña fue incentivar la realización de microemprendimientos textiles productivos.