Hace 58 años nació la historia de La Cueva, legendario reducto musical

Aunque tuvo que cambiar de nombre por el de La Casa de la Guitarra, conserva la misma esencia
Miércoles, 27 de Junio de 2012

El 26 de junio de 1954, Jorge Fadel nunca se imaginó que el “negocito” que estaba abriendo en la céntrica ubicación de Rivadavia 839 se iba a transformar con los años en un sinónimo de música en Catamarca. En esa fecha, junto con su hermano y con el dinero que le facilitó su madre, abrió La Cueva, reducto que brindó a muchas generaciones la posibilidad de estar al tanto de las novedades musicales, más en lejanas décadas, cuando apenas se podían escuchar las emisoras en amplitud modulada, como la LW7 Radio Catamarca, que sonaba de día, mientras que por las noches ya se podían sintonizar estaciones de otras latitudes.
Desde aquel momento, 58 años pasaron y hoy, Fadel, apodado “El Turco” por su ascendencia árabe, está sentado digitando todo lo que sucede en el local de La Casa de la Guitarra, el nombre que tuvo que adoptar luego de que se mudara de Rivadavia al 800 al local ubicado en la misma calle pero al 1.100.
“No se pudo usar más el nombre de La Cueva, había sido registrado en Buenos Aires, y había que pagar mucho. Al cambiarse de lugar no se podía llevar el nombre”, recordó Fadel en una charla que mantuvo ayer con El Esquiú.com, luego de haber celebrado junto a sus empleados con un ameno almuerzo en el que no faltaron numerosas anécdotas.
Fue en el año 1997 que La Cueva dejó de ser tal para mudarse con nuevo nombre. Junto con la mudanza quedaron atrás centenares de éxitos musicales que sonaron fuerte desde los parlantes que los dueños ubicaban estratégicamente en las puertas del local, y que convocaban a una muchedumbre, especialmente jóvenes, que disfrutaban en la vereda y parte de la calle de la atractiva música. Y el lugar fue por muchos años sitio de encuentro de amigos, y también espacio de relaciones sociales que muchas veces terminaron en noviazgos.
“Sí, yo creo que muchas parejitas se formaron, y más cuando pusimos las cabinas para escuchar los discos”, recordó Fadel con pícara sonrisa, aludiendo a los “chapadas” que se generaban al compás de los lentos.
Por La Cueva pasó también el desarrollo tecnológico a través de los años, y Jorge Fadel es un buen cronista del paso de las décadas. Relata muy bien que cuando abrió estaba naciendo el “long play”, que vino a reemplazar al disco de pasta; y que luego aparecieron las cintas con los magazines, y después los cassettes, y más adelante el video cassette, para dar paso al CD y al DVD. “Y ahora, están los pendrive y las tarjetas, y bueno, vaya a saber con qué se seguirá”, afirmó.
Y en el recuerdo de los 58 años, don Fadel reflexiona que “no todos los tiempos fueron de rosas; tuvimos que sortear varias crisis y así fuimos cambiando los rubros también”.
Hoy, en La Casa de la Guitarra los discos quedaron atrás y mucho tuvo que ver la piratería. En el local se exhibe una importante variedad de instrumentos, la “especialidad de la casa”, una diversidad de la que Fadel presume, aunque no sepa “tocar” nada. “¿Usted sabe que nunca aprendí? Y eso que muchos me quisieron enseñar”, se sonríe.
Son decenas de anécdotas las que pasan por su relato, y orgulloso don “Turco” dice que le quiere ceder la posta del negocio a su hija.
“Yo ya tengo que ir dejando en manos de ella”, señala don Jorge Fadel, sentado en su escritorio, mientras atrás le sonríe desde un viejo cuadro, Evita.
 

Facebook | Elesquiu.com (1)
comentarios
Encontr este widget en www.argentina.ar