Viene desde Tucumán en silla de ruedas a cumplir su promesa

“Con entrenamiento y fe se puede llegar a la Virgen”

“Con entrenamiento y fe se puede llegar a la Virgen”

Desde hace años el joven viene a rendir su homenaje a la Madre del Valle.

Desde hace años el joven viene a rendir su homenaje a la Madre del Valle.

Héctor “René” Barrionuevo salió el pasado viernes desde Tucumán hacia la ciudad de Catamarca a cumplir la promesa que tiene desde hace cuatro años con la Virgen del Valle. 
Durante cinco días, en su silla de ruedas, acompañado por su familia, recorrió los más de 200 kilómetros, la mayoría bajo la lluvia para concretar una vez más su compromiso de fe.
Ayer pasado el mediodía logró arribar a la Gruta de la Virgen del Valle, con el cansancio propio de hacer tantos kilómetros, pero con la emoción y la alegría intacta de haber cumplido su compromiso una vez más. 
En el camino, el joven recibe cientos de manifestaciones de apoyo, en las que la gente reconoce y destaca el esfuerzo puesto para rendir su homenaje a la Madre del Valle. 
En diálogo con El Esquiú.com, Héctor contó que “desde hace cuatro años que vengo y lo voy a hacer hasta que la Virgen permita que me dé el cuerpo. Lo hago con mucho esfuerzo y me preparo todo el año para poder llegar a sus pies. Este año traje los pedidos que la gente me da en el camino, se los acerco a ella (la Virgen)”.
Sobre el camino hasta la Ciudad, señaló: “Me toma cinco días llegar acá. Mi hermano y mi hermana me acompañan junto con mi cuñado. Se presentan algunas complicaciones como ser el tema de transporte para llevar la otra silla y las pertenencias. La gente llega hasta ciertas localidades y tengo que buscar a alguien más. Este año fue todo lluvia, únicamente la llegada fue con sol. En el camino la gente me recibe muy bien, ya me conoce de todos estos años y me ayudan mucho; nos ofrecen asistencia siempre”. 
El joven nació a los cinco meses de gestación y como consecuencia de ello no puede caminar debido a que tiene “tendones cortos”.
Héctor resume su promesa a que “con entrenamiento y fe se puede llegar. Todos los días entreno, hago natación, básquet y tenis de mesa; todos los deportes que pueda hacer en la silla los hago, es lo que más me gusta. Llegar cada año hasta la Virgen es un alivio físico tremendo y una alegría poder cumplir con mi promesa de fe”. 
Cada año, según comentó, “vengo a agradecer por la salud de mi familia y por la mía. Este año vengo a agradecerle a la Virgen por la silla de ruedas de paseo que quería hace muchos años y por fin la tengo”. 
El camino desde Tucumán deja en el cuerpo de Héctor no sólo cansancio, sino también heridas producto del permanente trabajo que realiza para trasladarse a lo largo de tantos kilómetros para acercarse a su propósito. En este sentido, expresó: “Como no es la silla adecuada, me lastima, me duele todo el cuerpo, pero eso va a pasar. La Virgen me cumple lo que pido de salud. Mi familia y yo estamos bien y eso es lo más importante”.
Héctor concluyó el relato de su experiencia diciendo: “Me parece importante que los jóvenes vean que se puede; una discapacidad no te impide nada. Hay que vivir la vida a pesar de todo. Nos vemos el año que viene, si la Virgen así lo permite”.

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