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Martes 28 de Febrero
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Correo&Opinión

Inmigrantes en la mira: nuevo auge de un debate social recurrente

Por Andrés Barsky (*) y Laura Reboratti (**)

 

En las últimas semanas, una serie de ideas que atribuyen a los inmigrantes un impacto negativo en la sociedad circularon intensamente a través de los ámbitos comunicacionales. Por un lado, el senador nacional que preside el principal bloque por la oposición declaró que Argentina es un país que funciona como compensador de los desajustes sociales y de seguridad que se dan en otros países de América del Sur.
 
Por otra parte, un importante periodista televisivo emitió un informe titulado "Argentina, país generoso”, en el cual se contabilizaron los gastos que genera para el Estado Nacional el hecho de que haya estudiantes extranjeros cursando carreras en la Universidad de Buenos Aires (lo que generó un pedido de información por parte de la comisión de Educación de la cámara de Diputados), así como se mencionaron cifras acerca de cuántos extranjeros se atienden gratuitamente en los hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires.

La generación de discursos que enfatizan en la cantidad de extranjeros que ingresan al país y disfrutan de sus beneficios no es novedosa en nuestra sociedad. A fines de los años noventa, cuando el desempleo rondaba el 15 %, también se registró un breve pero intenso brote de xenofobia que atribuía a los extranjeros la pérdida de puestos de trabajo en detrimento los trabajadores nacionales.
 
En aquella oportunidad, tales ideas fueron trasmitidas explícitamente desde distintas instancias oficiales y sindicatos como la Unión Obrera de la Construcción (Uocra) jugaron un rol esencial a la hora de difundirlas entre sus agremiados. La salida traumática de la Convertibilidad y el contexto económico posterior a la crisis desplazaron el tema de la agenda pública, hasta que nuevamente volvió a cobrar fuerza en la actualidad.

La página del Observatorio del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) dispone de un banco de datos accesible on-line que permite poner en perspectiva la temática. De acuerdo con los censos de población y vivienda, desde 1869 hasta hoy los migrantes de los países limítrofes representan entre el 2 y el 3 % de la población del país.
 
El censo del año 2010 muestra que del total de la población solamente el 4,5 % eran personas nacidas en otro país, siendo los paraguayos el 1,37 % y los bolivianos el 0,86 %. Esto significa que aún sumados los paraguayos y los bolivianos (2,23 %), siguen siendo menos que la suma del resto de los migrantes extranjeros.
 
Lógicamente, la distribución geográfica de la población es dispar de acuerdo de qué jurisdicción se trate. En valores absolutos, en la provincia de Buenos Aires se verifica la mayor presencia de bolivianos y paraguayos, donde llegan a sumar 540.000 personas, así como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires llegan a 157.000.
 
En el resto del país, la suma de bolivianos y paraguayos es menor a 30.000 personas en las provincias donde tienen mayor presencia y menor a 5.000 en la gran mayoría. Por lo tanto, la presencia de inmigrantes de países limítrofes tanto en términos relativos como absolutos no se verifica en números "alarmantes”.
 
En todo caso, sí se vuelve más notoria su presencia en determinadas ciudades que concentran población de ese origen y particularmente en ciertos barrios, donde se han nucleado y armado sus grupos de pertenencia.

El tema del impacto económico de las migraciones está muy estudiado en otros países. En el año 2006, en España un estudio de Caixa Catalunya demostraba que el ‘milagro’ del crecimiento económico español -que era de 3% a 4% anual-, se debía en gran parte al aporte de los extranjeros a la economía. Incluso calculaban cuánto aportan al Estado y cuánto ‘se llevan’ del Estado. Y en 2011, un estudio realizado por la Obra Social de la Caixa -en un contexto posterior a la crisis económica generada a partir de 2008- dio el mismo resultado. Siempre en el cálculo es superior lo que aportan a lo que se llevan: recaudación fiscal, porcentaje de crecimiento, aportes al producto bruto interno, etc.

En el caso de Argentina, acontece la misma situación. Por ejemplo, es de muy alta relevancia el rol del agricultor boliviano que cultiva en los alrededores de la ciudad y produce lo que la población come todos los días en la ensalada.
 
En los cinturones verdes de las distintas áreas metropolitanas del país estos agentes económicos cumplen una función central porque la mayor parte de esa producción hortícola es generada por ellos. Por lo tanto, la colectividad boliviana está aportando de manera esencial a la seguridad alimentaria de la población.
 
Ello significa que los inmigrantes se desempeñan en una serie de actividades económicas (construcción, textil, producción de alimentos, comercio, cuidado doméstico) que son importantísimas para el funcionamiento de la sociedad.

En definitiva, los datos estadísticos muestran que el porcentaje de población extranjera en nuestro país dista de ser "alarmante”, tal como se ha difundido en los últimos tiempos. Pero sí resulta fundamental el rol que cumplen los inmigrantes en determinados sectores de la economía, donde su inserción es significativa.
 
La construcción de un imaginario social que percibe negativamente su presencia ha cobrado fuerza en determinados momentos históricos. Tal recurrencia parece explicarse por complejidades de la misma sociedad que operan a otro nivel.

(*) Coordinador de Investigación del Instituto del Conurbano en Universidad Nacional de General Sarmiento.
(**) Investigadora del Instituto del Conurbano en Universidad Nacional de General Sarmiento.

 

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