Las mal llamadas democracias

miércoles, 06 de octubre de 2010 00:00
miércoles, 06 de octubre de 2010 00:00

Sr. Director

El problema de Ecuador, denominado por el presidente de ese país como intento de golpe de estado, pone una luz roja en el convulsionado mundo latinoamericano.
Países democráticos, y no tanto, se han solidarizado con el presidente Correa y han declarado a viva voz el apoyo que todos brindan a la continuidad institucional y al régimen democrático de Ecuador.
Pocos se refirieron a la calidad democrática de ese país. Cuando los acontecimientos se precipitaron y un grupo de personas invadieron el canal de televisión desde donde se transmitían los hechos por cadena oficial, una mujer apareció ante el micrófono explicando que, los que estaban manifestando en contra del presidente, no eran sólo las fuerzas de policía. Señaló que había un importante número de ciudadanos protestando por la política autoritaria del gobierno. Querían ser escuchados.
Mientras el gobierno tomaba recaudos para que la información estuviera en sintonía con lo que quería transmitir opacando y, luego, haciendo desaparecer las voces de los medios privados, muchas personas advertían que buena parte de los ecuatorianos, al no poder expresarse libremente, enfrentaban el miedo decididos a manifestar sus opiniones contrarias a una política cada vez más opuesta al sistema democrático.
Cuando se analizan los golpes de estado se olvida que se dieron en escenarios donde el sistema de partidos no se había consolidado, o se había debilitado. Esa fue una de las causas principales: en América Latina se dieron en desmayadas democracias donde las corporaciones tomaron más fuerza que los partidos. Fuerzas armadas, iglesia, asociaciones empresarias, sindicatos, exigían reclamos sectoriales directamente al poder, en puja con otras corporaciones y sin pasar por los partidos creados para expresar pacífica y ordenadamente demandas, sin generar conflicto.
Las fuerzas armadas fueron llamadas cuando las papas quemaban incluso, por líderes políticos, para imponer el orden.
Se implantaron dictaduras militares que se constituyeron en árbitros de las continuas demandas sectoriales. No fueron estables porque existían grupos e instituciones que no abandonaban el empeño en vivir en un sistema democrático donde la acción electiva permite alcanzar con más libertad los objetivos que se proponían. No fue así en donde los intelectuales, como en el caso de Cuba, llegaron al poder y cortaron inmediatamente con todo lo que oliera a democracia. Instauraron el partido y la doctrina única en el intento, renovado cada día, de dominar a toda la sociedad civil reemplazando al mercado como factor decisivo de los intercambios por un estado arbitrario y represivo.
¿Se han olvidado los gobiernos democráticos del mundo, de la Historia? Más allá del análisis que se pueda hacer sobre los gobiernos militares en Latinoamérica, lo cierto es que no hay golpe ni intento de golpe si funcionan las instituciones adecuadas para permitir que los conflictos políticos se desarrollen en paz.
El llamado golpe de estado en Ecuador fue un motín policial que el presidente aprovechó para imponer purgas en la cúpula y mayor control sobre la sociedad en general. También para mostrar apoyo internacional a su presidencia la cual, según lo mostraron los acontecimientos, deja mucho que desear en términos de estabilidad institucional. Nadie puede decir que en Ecuador, Bolivia, Venezuela, incluso en Argentina, porque haya elecciones y proto-partidos la democracia funciona. No lo hará si no se consolidan y estabilizan los partidos políticos, la opinión pública institucionalizada, y el mercado del voto. Las mal llamadas democracias latinoamericanas son endebles y dominadas por un vigoroso corporativismo, por partidos antisistema, crisis económicas, e ideas cristalizadas, contrarias al sistema democrático. Al ser sociedades que cuentan con estructuras de importante grado de complejidad, típicas de sociedades modernas, se produce una permanente tensión, como se ha visto en Ecuador, entre las corporaciones, la sociedad civil y el gobierno.
Las demandas políticas de los diferentes sectores sociales, en general, no consiguen ser articuladas por los partidos políticos. Este es uno de los principales problemas que afectan, casi en general, a las sociedades latinoamericanas. Incluye, por lo mismo, a gobernantes populistas que procuran fortalecer los poderes del estado para utilizarlos en su provecho, extender las facultades de policía, incluso sobre la intimidad de las personas, y erosionar, en porcentajes crecientes, el estado de derecho.

Elena Narváez

Respuesta
Polémica posición de la autora de la carta.

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