La vida no se compra ni se vende

jueves, 11 de noviembre de 2010 00:00
jueves, 11 de noviembre de 2010 00:00

Sr. Director

Vengo escuchando hace varios días la historia de alguien que quiere vender un órgano, o al menos eso dice, porque es imposible e ilegal hacerlo en Argentina, y quiero reflexionar sobre este tema, si el medio que tan dignamente dirige me lo permite.
Hago la salvedad de que no juzgo a quien hizo esta oferta, seguramente llevado por la desesperación y los problemas económicos, pero tampoco es una expresión que se pueda permitir, porque puede hacer mucho daño a las campañas que se realizan, y la donación de órganos es algo muy serio, como lo sé yo y quienes han tenido un familiar en lista de espera.
Hasta el 9 de octubre se realizaron en el país 1002 trasplantes de órganos y 711 trasplantes de tejidos. En lo que va de 2010, 439 donantes de órganos y 292 donantes de tejidos posibilitaron que fueran trasplantados un total de 1713 pacientes que se encontraban en lista de espera. Es el quinto año consecutivo en que se superan los 1000 trasplantes de órganos.
Argentina ocupa el segundo lugar en América Latina en cantidad de donantes por millón de habitantes (12.5 PMH) y el primer lugar en cantidad de trasplantes hepáticos, cardíacos, pulmonares y renopancreáticos.
Debido al sostenido crecimiento de la actividad de procuración y trasplante en nuestro país, Argentina fue elegida por la International Society for Organ Donation and Procurement (ISODP) para ser sede del Congreso Mundial de Donación de Órganos 2011. El 11° Congreso de la ISODP tendrá lugar en Buenos Aires entre el 27 y el 30 de noviembre del año que viene, y el INCUCAI y la Asociación Argentina de Procuración de Órganos y Tejidos para Trasplante (AAPROTT) serán los anfitriones.
Como señalé, y no son palabras mías desde luego sino que me he documentado, en nuestro país se realizaron 1002 trasplantes de órganos y 711 trasplantes de tejidos.
Este logro se alcanzó gracias a la solidaridad de las personas que decidieron donar sus órganos, a los organismos provinciales de procuración, a los coordinadores de trasplante y al personal sanitario de los hospitales y centros de trasplante de todo el país, cuyo trabajo garantiza seguridad y transparencia en el proceso de donación y trasplante de órganos y tejidos.
Ante estos hechos, quiero hacer llegar nuestra más sincera gratitud a todos los que han decidido donar sus órganos. Gracias a ellos, seguimos creciendo en donaciones y trasplantes; pero no nos debemos dormir en los laureles, toda ayuda es poca, todavía hay largas listas de espera, que necesitan imperiosamente la solidaridad de la sociedad, es decir, de todos. Porque todos podemos contribuir a dar vida sin que nos cueste nada; cuando nuestra vida se apague, podemos encender otras, y vivir en otros con nuestros órganos.
En lugar de pensar cuánto nos darían por un riñón o un pedazo de hígado, podríamos hallar el mejor momento para plantearnos la posibilidad de ser donantes. Una vez vividas, afortunadamente con gran participación, fechas como el Día del Donante, parece que cuando termina el año la urgencia de esta necesidad se relaja también. Sin embargo, la realidad sigue siendo la misma, y las listas de espera continúan atormentando a muchos cuya vida pende del hilo de un trasplante. Siguen falleciendo demasiadas personas por falta de ese órgano salvador. Mencioné antes algunos números muy positivos. No obstante, aunque estas cifras puedan parecer extraordinarias, no debemos aceptar sin rubor la muerte de un solo paciente más por no practicársele un trasplante.
En realidad, estos datos no nos revelan una disminución en las listas de espera. A día de hoy, estas angustiosas listas se mantienen con miles de enfermos. Lo que significa que, mientras usted disfruta de una película o un paseo, otros siguen anhelando un regalo de vida de un semejante; muchos indefectiblemente fallecerán si no lo consiguen.
Aun a riesgo de parecer reiterativos, queremos hacer un nuevo llamamiento a la solidaridad: porque decir sí a la donación implica salvar muchas vidas, e implica el mayor acto de amor que el hombre pueda concebir. Que mejor propósito que ofrecer amor y dar vida.
Lamentablemente, durante los últimos tiempos, hemos tenido noticias que van en sentido contrario. No hace demasiado, nos desayunamos con ese indigesto reality show holandés, que podríamos denominar un riñón para el mejor, y que, a la postre, quedó en una burda campaña para promocionar teóricamente la donación de órganos.
En este programa de la televisión holandesa BNN, una actriz, que hacía el papel de una enferma de un tumor incurable, escogía al receptor de uno de sus riñones entre tres concursantes: pura pantomima para, según afirman las sabias mentes de Endemol, fomentar la donación en Holanda. Una idea delirante. Así no, de ninguna manera, que nadie ose usar nuestro drama para elevar audiencias televisivas.
Tampoco se puede pensar en este problema como una fuente para ganar dinero. La vida no se compra ni se vende.
Hay que ser serio y cuidar estas cosas, no se pude lucrar ni decir cualquier cosa.
Ni para generar falsas expectativas. Recientemente los medios de comunicación se han hecho eco de una información espectacular: la sustitución de la función cardiaca de una paciente mediante un soporte mecánico. Dicho así no suena tan sensacional, pero se ha transmitido como si se tratara de la panacea universal, poco menos que si se hubiera descubierto un corazón artificial /multiusos, capaz de casi todo. Posiblemente el error de planteamiento proceda de la fuente y no de los medios, que únicamente se limitan a recoger y difundir la noticia.
Sin embargo, que a nadie le quepa ninguna duda, por desgracia, seguiremos necesitando órganos humanos, muchos órganos humanos, a pesar de estos sensacionalistas cantos de sirena, anunciados a bombo y platillo.
Rogaríamos más prudencia a la hora de transmitir informaciones de esta índole, que pueden suscitar falsas esperanzas entre los que más esperanza necesitan. Asimismo, nos atrevemos a sugerir la conveniencia de que en los centros de investigación e instituciones médicas y hospitalarias, los gabinetes de comunicación estén dirigidos por licenciados en Ciencias de la Información, debidamente especializados en temas sanitarios.
Así se evitarían muchos de estos cantos de sirena.
Nos estamos jugando mucho; ni más ni menos que estamos jugando con un valor fundamental, el más esencial: la esperanza del enfermo, su patrimonio más íntimo e inalienable.
Entre todos, demos esperanza; regalemos vida.

Leticia Carrizo
Valle Viejo

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