“... Kirchner lo simplificaba con genialidad envidiable...”

jueves, 04 de noviembre de 2010 00:00
jueves, 04 de noviembre de 2010 00:00

Por el Senador Provincial Daniel Saadi (*)

Quiero aprovechar esta ocasión para expresar mi profundo y sincero pesar por la desaparición física del ex-presidente Néstor Carlos Kirchner.
Una suerte de sentimientos encontrados se manifiestan hoy en mi conciencia. La tristeza y una especie de vacío son preponderantes… No podría ser de otra manera.
La incertidumbre se hace presente cuando pienso en un partido político de masas, un partido de la democracia, que ha perdido a su máximo exponente.
Un líder verdadero y apasionado, fervoroso defensor de principios y verdades que habían sido olvidadas por muchos argentinos anestesiados por el pesimismo y la falta de rumbo.
(...)
Nadie puede negar que durante su gestión se llevaron adelante, o al menos se iniciaron, muchas de las grandes transformaciones que la Argentina anhelaba, y que los partidos políticos –todos, aún el nuestro- hasta entonces, sólo se animaban a declamar a modo de pensamiento utópico… a modo de oferta electoralista banal.
Seamos sinceros, muchos de los cambios que propuso y llevó adelante parecían imposibles. Acostumbrados al derrotismo, ninguno de nosotros podía imaginar, por ejemplo, que existía la posibilidad real de cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional sin comprometer el nivel de reservas. Sus detractores decían entonces que no había beneficio en esa decisión. Creo que se equivocaban. Es un simplismo y una ingenuidad olvidar el valor de lo simbólico en el mundo de la política.
Juzguemos los resultados, no tiene sentido discutir si la agenda sobre los derechos humanos tenía mayor intencionalidad política o un neto contenido ideológico. Lo cierto es que se anularon leyes que teñían de vergüenza y cobardía a nuestra democracia. La justicia no necesita justificarse, pensemos mejor en las víctimas de aquellos delitos y no tanto en el beneficio político de nadie.
Los jubilados, por primera vez en muchos años, recuperaron parte del reconocimiento que no debe faltar a una vida de esfuerzos. Nadie duda de que la tarea esté inconclusa, como nadie debería dudar tampoco de que quien inició el camino de la recuperación salarial fue Néstor Kirchner. Pasaron muchos años de indignidad e ingratitud hasta que este presidente decidió convertir décadas de discursos vacíos y promesas incumplidas, en políticas de Estado.
Hubo una idea subyacente en sus decisiones, que tomada a la ligera puede sonar a slogan de campaña, pero visto con la perspectiva de su ausencia, se nos hace más evidente. Era mayo de 2006, y en su discurso en la Plaza de Mayo dijo estas palabras: “…Tenemos que recuperar esa vocación de cambio, esa vocación transgresora que tuvo durante muchísimo tiempo la sociedad argentina…” Podrán decir sus detractores que su oratoria no era de las mejores y su dicción un tanto arrastrada, es cierto; pero pocos líderes de nuestra historia hicieron tan breve ese espacio entre la promesa y las acciones. Era en verdad un transgresor en la política, sus decisiones más trascendentes, habían sido, hasta allí, reclamos casi fantásticos de algunos idealistas. Un buen ejemplo son las A.F.J.P., todos conocíamos la historia, un buen negocio para las administradoras, un pésimo error para el Estado. Pero hasta él, nadie hizo nada para reparar semejante enajenación.
Las críticas más repetidas hacia el ex presidente, se refieren más a las formas que al fondo. Cuestionan los modos y cierta beligerancia fútil. Puede haber algo de cierto allí. Pero sólo si analizamos la gestión fuera del contexto haciendo una crítica fácil y anacrónica de la historia reciente.
Cuando aún temblaban las instituciones por la crisis de 2001, asumió este presidente, casi desconocido, con un 22% de los votos, habiendo salido segundo en las elecciones accede a la máxima magistratura por el abandono del vencedor. El presidente menos votado de la historia. Los partidos políticos habían implosionado, 26% de desocupación, 60% de pobreza y casi 30% de indigencia. El Estado, el poder, y las instituciones pendían de un hilo delgado y amenazaba con romperse. Lo cierto es que las relaciones de poder eran caóticas. Habíamos entrado en el campo de la física pura… Se impondrían los factores de poder que ejercieran la mayor fuerza relativa.
No había lugar para dudas, necesitábamos tomar decisiones difíciles, afectar algunos intereses en beneficio del conjunto, restaurar las instituciones y salir de la anomia; todo mientras acreedores externos e internos exigían con fiereza. Sin un presidente tozudo y beligerante no hubiéramos llegado a renegociar la deuda pública. Esa obstinación y esa irreverencia que después le criticaron fueron una bendición en aquellos tiempos. Algunos lo calificaban de irrespetuoso e irresponsable. No me parece justo. Qué falta de empatía.
Quizás la crítica más justa que se le hizo fue esa lógica binaria de concebir la realidad política, es verdad que los fundamentalismos no son buenos consejeros de la democracia, pero su tarea no era fácil, y la Argentina necesitaba de todos tirando para el mismo lado. Esa rigidez del carácter y el personalismo exagerado es denominador común en todos los grandes hombres de la historia. Nuestra democracia es demasiado joven y tiene mucho que aprender, podríamos decir que son pecados de juventud. Estoy seguro de que el porvenir encontrará mayor armonía en las instituciones y menos necesidad de liderazgos pertinaces.
Pero nosotros no podemos darnos el lujo de la ingenuidad, debemos reconocer los intereses que hay detrás de toda decisión política. A mayor afectación de intereses mayores serán los obstáculos. Kirchner lo supo siempre, pero lo simplificaba con genialidad envidiable. Nos hizo ver que era posible.
Me quedo con esa enseñanza, la posibilidad de las propias aspiraciones… Ahora sabemos más que antes, que aún el más inalcanzable de nuestros sueños, puede ser posible con determinación, pasión y coraje.
Señor Presidente: esa quijotesca batalla, ese espíritu de renovación y ese nuevo aire que fue la transversalidad son las razones por las que hoy ocupo esta banca. Y creo que también fueron las razones por las que el oficialismo provincial buscó, bienintencionado, aquel acercamiento. El tiempo dirá si aún quedan frutos para recoger de ese árbol.
En el último adiós del pueblo argentino hacia el líder que nos deja, he visto a la Presidenta entera, venciendo sus emociones, conteniendo el dolor y el llanto.
Hoy también nosotros nos despedimos de ese gran Presidente. Seguramente la historia lo va a juzgar con más justicia que nosotros.
Quiero enviar mi más sentido pésame a sus hijos, a la Señora Presidenta, y especialmente a su madre. Deseo de corazón que puedan encontrar consuelo en estos momentos de tanto dolor.
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(*) Homenaje rendido al ex presidente
en la sesión del Senado de ayer 04/11/10
 

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