Los videojuegos violentos, ¿generan violencia?

lunes, 08 de noviembre de 2010 00:00
lunes, 08 de noviembre de 2010 00:00

Sr. Director

Preocupada porque mis hijos pasan muchas horas en la Playstation y cuentan las personas que mataron, investigué este tema y no sé decir todavía si es algo peligroso para los niños.
Muchas madres dicen que es algo malo y otras que no hay que preocuparse porque así son los juegos ahora.
He buscado materiales sobre este tema y encontré un artículo muy bueno que quisiera compartir con sus lectores.

Los videojuegos suelen estar en el banquillo de los acusados cuando de estimular la violencia se trata. Para los padres resultan preocupantes los estudios que señalan que son capaces de provocar respuestas agresivas.
Investigaciones realizadas por universidades y centros de salud prestigiosos han concluido que, efectivamente, los videojuegos violentos influyen en el comportamiento de los chicos y adolescentes. Señalan que cuando un menor se expone a esta clase de estímulos en forma excesiva “aumentan los pensamientos, sentimientos y comportamientos agresivos”. Además, indican que estos menores suelen ser “menos solidarios y compasivos hacia sus pares, sin importar que tengan o no tendencias agresivas previas”.
Para la American Psychological Association, el impacto en el largo plazo de los videojuegos violentos es evidente en los menores. En efecto, aquellos que están sobreexpuestos a este tipo de “entretenimiento” tienen una menor sensibilidad al dolor y sufrimiento de las personas en la vida real. Este elemento estaría dado porque están acostumbrados al dolor físico de ficción que aparece en los juegos, donde las víctimas y victimarios no sucumben de verdad, sino que pueden reaparecer una y otra vez.
Además, los niños perciben la violencia como una alternativa válida para resolver conflictos. Por consiguiente, un entorno en el que los chicos se divierten matando a sangre fría, acribillando brutalmente a sus contrincantes y teniendo sexo cibernético con prostitutas para luego eliminarlas a golpes, por mencionar sólo unas cuantas de las “hazañas” que les ofrecen algunos videojuegos favoritos, no puede sino más que deformarles la conducta y el comportamiento en su vida de relación.
Recientemente, el Concejo Deliberante del partido de San Martín resolvió prohibir en todos los cíbers de su jurisdicción uno de los videojuegos más famosos y vendidos de la historia, pero también, uno de los más violentos que se ofrecen en el mercado.
Se trata de uno en el que el protagonista cobra dinero por matar personas que no conoce, o matar policías para ganar confianza en organizaciones mafiosas o donde se hacen negocios con traficantes de mujeres para que se dediquen a la prostitución. Desde ya, se trata de un producto totalmente inconveniente para la mente de un chico. Este juego provocó enorme cantidad de debates en los Estados Unidos y España, donde se discutieron medidas para que no llegue a los chicos. En Tailandia su venta está prohibida y en Australia se cuestionó su comercialización.
Así como no puede afirmarse que todo aquel que fuma morirá de cáncer, tampoco es correcto decir que quien juega a perseguir gente a los tiros por calles y selvas en un escenario virtual terminará atacando y matando inocentes. Pero así como el consumo de cigarrillos aumenta el riesgo de enfermar y morir de cáncer de pulmón, y la sociedad toma medidas para reducir ese riesgo, ello también debería poder aplicarse a los videojuegos.
Al respecto, la industria que produce este tipo de entretenimiento debe asumir una mayor responsabilidad en la protección de los chicos frente a los videojuegos violentos, impidiendo su venta o alquiler a menores de edad, adoptando un sistema de clasificación eficaz y aplicando normas de control a los juegos que se obtienen en Internet.
Pero también es imprescindible sumar un papel activo de los padres en la selección de los videojuegos, comprobando que la calificación asignada sea la apropiada para la edad de sus hijos y limitando la cantidad de horas que pueden estar frente a la computadora o consola de juegos.

Ana María Moreira
Bº Libertador II

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