“Nosotros creamos nuestros criminales”

Aproximación al análisis del crimen, los accidentes y los suicidios.
miércoles, 1 de diciembre de 2010 00:00
miércoles, 1 de diciembre de 2010 00:00

Por el Dr. Bruno Jerez

Este artículo me buscó para que lo escriba, en primer lugar cuando mataron a un tío mío en un accidente y en segundo lugar cuando asesinaron a sangre fría a un comerciante, acá en Catamarca. ¿Qué nos está pasando? El dolor y el miedo fueron los móviles internos que me permitieron estas letras, este análisis. Como sociedad, estamos generando estos horrores y no nos damos cuenta, emerge de nuestro inconciente colectivo tanta pulsión de muerte… tanto dolor.
La anomia es la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas que la misma sociedad impone.
La mayor presión que conduce al acto lesivo se da entre los grupos socioeconómicos más vulnerables (pobres, desocupados, adolescentes) inclinándolos al crimen, al suicidio, a los desórdenes mentales, al alcoholismo, a los accidentes, a la droga, etc.
Se establece una situación de anomia cuando se produce un colapso de gobernabilidad por no poder controlar esta emergente situación de alienación experimentada por un individuo o una subcultura, hecho que provoca una situación desorganizada que resulta en un comportamiento no social, según el maestro Émile Durkheim. Es decir, aquellas personas que no pueden llegar a los requerimientos básicos para ser incluidos en la sociedad, inmediatamente quedarían como marginales de la misma. Coexiste un niño de la calle dentro de la misma sociedad de dueños de automóviles 4x4. La anomia se debe cuando actúa un marginado sin tener en cuenta las normas, en relación con la imposibilidad de lograr el éxito dentro del sistema. En este caso la regulación moral y de la justicia quedan impotentes al margen de la función de favorecer la solidaridad social, por lo que se produce una desinstitucionalización por falta de los referidos valores normativos. Esto es; la falta de igualdad de oportunidades sociales para avanzar al siguiente escalón de nuevos bienes económicos, culturales, religiosos para el normal y progresivo desarrollo.
Durkheim explicaba que “la anomia implica la falta de normas que puedan orientar el comportamiento de los individuos”, comportamientos desviados de la misma supervivencia. Anexa Merton que la anomia representa la imposibilidad para ciertos individuos de acceder a los medios que sirven para obtener los fines establecidos socialmente.
Es decir, a la luz de la sociología se nota que el criminal es un anómico producto del mismo seno cultural. Nosotros creamos nuestros criminales.
Carlos Nino, en su libro “Un país al margen de la ley”, señala sobre la base de la sociedad argentina una larga serie de conductas que configuran un conjunto social anómico: la forma en que se transita por los espacios públicos (infracción de tránsito), la naturalidad con que se evaden las responsabilidades cívicas (pago de impuestos), la forma en que se contamina el ambiente, la extensión de la corrupción, testimonios todos de una sociedad abrazada a la ilegalidad; todas las acciones que como personas dentro de una sociedad desarrollamos carecen de eficacia por sí solas, son parte de prácticas sociales; por esto mismo lo que hacemos no son acciones aisladas, sino una fuerte contribución a las prácticas colectivas.
Anomia asiliente
La anomia asiliente es una actitud enferma, una conducta desviada de la norma, que demuestra la imposibilidad del individuo o del grupo social para resolver problemas sociales (en este punto sucede el crimen, al accidente o el suicidio). Para Flores, la anomia asiliente social es producida por los cambios estructurales que forman diferencias, marginación y exclusión social, marginal, racial y étnica. Es lo opuesto a la resiliencia social o de segunda generación. Crea, sin quererlo, un imaginario mental que vulnera la autoestima, el amor propio, y se desgrana la personalidad del suicida, del accidentado, del criminal mismo, en una burda creencia de sentirse incompetente ante la adversidad, de no poder hacer nada consigo mismo.
En una comunidad con un alto nivel de diferenciación social como es la latinoamericana, un estado sin normas que hacen inestables las relaciones del grupo, impiden así su cordial integración, entonces el individuo responde haciendo síntomas.
Así es que Catamarca se encuentra en este embudo asiliente, anómico, produciendo una cadena histórica de colapsos sociales interruptores del orden colectivo.
Factores de prevención de la anomia.
Promoción de ámbitos saludables para la evolución sociocultural:
• Fortalecimiento de las relaciones de paternidad (crianza formativa), conexiones fuertes con uno o más padres efectivos.
• Formación de calidad (proveer afecto, reglas, monitoreo, expectaciones, socialización).
• Lazos sociales con otros adultos (red de parientes, tutores, maestros, ancianos).
• Conexiones positivas con colegas o semejantes.
• Creación de un programa de promoción de la resiliencia, con su debido tratamiento legislativo.
• Respeto a las diferencias individuales.
• Promover habilidades para aprender y resolver problemas (Inteligencia emocional).
• Habilidades de auto regulación (autocontrol de la atención, emociones, impulsos).
• Trabajar sobre la visión de sí mismo y autoestima. Perspectivas de vida positiva (es importante la religión como contención existencialista).
Entorno comunitario
• Escuelas afectivas. Oportunidades para que docentes y alumnos desarrollen sus habilidades y talentos valiosos.
• Comunidad de calidad o municipios saludables.
• Conexiones en red entre las organizaciones sociales (Clubes, grupos religiosos, deportivos, artísticos).
Creo que este postulado sociológico debe sostenerse con leyes cumplibles, dentro de políticas inteligentes y a largo plazo, acompañadas por una comunidad activa hacia la construcción de su propio destino. Que los más fuertes sean capaces de colocar andamios firmes alrededor del tejido social débil para la construcción de una sociedad inteligente, llámense: comunidad científica, comunidad política y de todos aquellos que han podido institucionalizarse en la comunidad de hoy. No hay nada más destructivo que un padre que no puede alimentar a sus hijos porque no tiene trabajo digno o de los que padecen hambre.
¡Por 200 años más pero asertivos, Viva la patria justa!
 

(*) Psicólogo-abogado

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