CORREO DE LECTORES

Cuando las canciones nos hablan

domingo, 5 de diciembre de 2010 00:00
domingo, 5 de diciembre de 2010 00:00

Somos…
Un instante de tiempo que ama, sufre y sueña…
Somos padres, hijos y nietos, a la vez...
O siempre!
A veces rompemos las reglas y atravesamos espacios en busca de una explicación que escapa a nuestro Razonamiento… Por cierto, habrán escuchado la siguiente canción de Ricardo Montaner:

“Dame… agua y lávame la cara antes de emprender la huida, cuélame café y escríbeme una larga carta.
Dame besos para carretera, dicen que la noche enfría
Dame abrazos que calienten y hagan compañía.
Dame…

Quiero guardarte mil caricias al regreso…
Quiero llegar amaneciendo con el cielo.
Quiero volver como me cuesta,
decir Adiós…
Pensando en volver, que ganas de volver
No me dejes ir, si ya quiero volver…
Te extraño y falta un día
Aún no me he ido y ya me siento solo
Volver, que ganas de volver NO ME DEJES IR
Si ya quiero volver, te extraño y falta un día…

Dame un soplo pa´aguantar el aire
Y llénale el pulmón a mi alma.
Dale oxígeno a la luna y que me espere en casa.
Rosa, rosa, rosa de los vientos
Rosa a sombra y rosa a puerto
Píntame de rosa el recuerdo, acuéstalo en mi cama”.

“…Desperté aquella mañana con la incertidumbre del nuevo día. Mi mente aterida buscaba un indicio promisorio del destino que nos estaba jugando una mala pasada. Todo igual, la tristeza llenaba mi alma…
Camino al nosocomio exclamé una oración de protección y rogué al Santísimo por una pronta respuesta, ansiaba tanto “verla” nuevamente sentada en su viejo sillón, allá en su casa, refugio infinito de mi amor. Inmediatamente encendí la radio, y allí escuché por primera vez aquella bella canción interpretada por Ricardo Montaner. Atentamente oí cada palabra de su letra. Me atrapó su bella melodía y la magistral interpretación…
Al cabo de unos minutos me encontraba tomando sus manos edematizadas, hasta sus bellas manos demostraban tanto sufrimiento en aquella maldita “Terapia”. Sus ojitos hablaban despacito, en códigos que supo transmitirme durante toda su vida.
Notaba el gran esfuerzo que hacía para transmitir cada palabra, pero aún así le pregunté cómo se encontraba, qué había soñado todos estos días, qué anhelaba hacer al salir de allí.
“…He visto muchos pétalos de rosas hijo, por todos lados, era hermoso. Y allí estaba mi padre, esperándome. Por favor llévame a mi casa hijo… Quiero volver…”

¡Ya vas a recuperarte abuela, estarás mejor, ya lo verás!
Inmediatamente ingresó en la sala mi tía, a quien le pregunté:
¿Podrías poner algo de música para embelesar un poco sus oídos? A lo que respondió: con mucho gusto que sí.
Tomó su teléfono, lo programó y en un tono apenas perceptible se escuchó “…Dame… agua y lávame la cara...( …)”
Allí me di cuenta que “ella” me hablaba a través de aquella bella canción, me estremeció cada palabra, lloré en silencio por aquella magnífica señal.
Hoy, a casi tres meses de su partida comprendo lo que “tanto añoraba, ella, en volver”, e imagino cuan difícil debe haber sido tener de un lado sus hijos, sus nietos esperándola y, del otro, su padre, su casa natal, y un cielo lleno de rosas.
Seguramente estás allí mi amor, de la mano de tu padre, caminado por tu bello Siján, en aquella infancia a la cual tanto añorabas volver…

Pablo Olmos

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