Correo de Lectores

“La ilusión Latinoamericana y el Bicentenario”

jueves, 23 de septiembre de 2010 · 00:00

Los pueblos de América Latina conmemoran el llamado Bicentenario. Este acontecimiento se muestra ligado como nunca a la ansiada Unión Latinoamericana.
Este pensamiento no es nuevo, ya fue deseado por los pueblos originarios en su resistencia a la conquista, al saqueo y por la liberación de la Pachamama. Luego del mestizaje los procesos revolucionarios de la independencia pretendieron unificar sus luchas y confluir en la unión latinoamericana. Nuestros caudillos regionales hablaban de ella como objetivo. Por los motivos que nuestra verdadera historia pretende dilucidar esta ilusión quedó trunca. La vida política de los países latinoamericanos se desarrolló entre marchas y contramarchas.
Gobiernos constitucionales se alternaron con otros de facto. Las posiciones pro nacionalistas siempre fueron derrotadas por las neo coloniales.
Con el advenimiento del nefasto eslogan ”América para los Americanos” y la aplicación de su visión geopolítica por parte de los EE UU, las clases dominantes nativas consolidaron el poder político y económico en toda América Latina con el resultado a la vista: la concentración de la riqueza y la consiguiente desigualdad social. Para lograrlo el imperio del norte protagonizó cientos de desembarcos e invasiones y planificó otros tantos golpes militares colocando en el poder a gobiernos títeres adeptos.
La resistencia a estas políticas representadas por las innumerables luchas populares a lo largo y ancho del continente, trajo aparejado el contra plan estudiado en el Pentágono.
Nació el famoso plan Cóndor, con sus consecuencias dramáticas que todavía padecemos: Golpes militares en todos los países latinoamericanos, ligados a planes económicos dirigidos por los organismos internacionales que sólo beneficiaron a las oligarquías nativas y a las multinacionales del primer mundo. Miles de muertos y otros tantos desaparecidos se sumaron a la larga lista de luchadores populares que abonaron con su sangre, la ilusión de la patria grande latinoamericana.
Así los ejércitos libertarios de San Martín, Bolívar, OHiggins, Sucre y tantos otros fueron utilizados contra sus pueblos. Como resultado pasamos a formar parte de los llamados “países emergentes”.
En este contexto, nació una luz que dio esperanza a nuestros pueblos tan castigados y sojuzgados durante más de 500 años. La Revolución Cubana.
Se puede o no estar de acuerdo con ella, pero es indiscutible que representó la dignidad de los pueblos de América Latina, y fue el único faro que iluminó el camino de la verdadera independencia.
Vinieron las luchas por las democracias y los golpes de Estado fueron derrotados. Los pueblos respiraron y emprendieron el camino tan esperado de la democratización de sus Estados. Las exigencias de cambio alertaron a los factores de poder que, camuflados, se adaptaron a Ias nuevas épocas y apareció el neoliberalismo con las consecuencias que padecimos. “El Estado no sirve, todo se privatiza”.
Nuestro escaso patrimonio se esfumó. Lossalarios se congeIaron y la desocupación Ilegó a niveles históricos. La deuda externa nos condenó y la interna aún espera de sus soluciones. Así como antes muchos generales, nuestros economistas desfilaban por el norte para rendir cuentas de los resultados
económicos a cambio de migajas. Ante este nuevo fracaso y otra frustración, los pueblos de América Latina dijeron basta y se animaron a cambiar. Nacieron gobiernos con nuevas posiciones políticas que en vez de mirar hacia arriba, miran hacia abajo y adentro, donde radican los problemas reales de los pueblos. Así, América Latina se juntó por fin, y confiando en sus propias fuerzas se apresta a mirar el futuro en común. Nuevos vientos esperanzadores soplan en nuestra Patria Grande. Por supuesto, el camino es difícil, contradictorio y habrá que beneficiar el bien común por sobre los intereses sectoriales. El MERCOSUR, la UNASUR, el ALBA y el Parlamento Centroamericano muestan la madurez de la dirigencia política.
Si esto se profundiza, los pueblos latinoamericanos podrán avizorar la concreción de la unión latinoamericana que soñaron nuestros mayores. Pareciera ser que por las venas de América Latina corre nueva sangre, la que durante cinco centurias se derramó en tantas luchas y rebeliones populares.
La independencia que declamamos desde hace 200 años, debe liberarse de la dependencia que la acompañó. El bicentenario también debiera contener a los pueblos originarios. Ellos fueron los que primero defendieron nuestro territorio. Estamos en deuda. La historia oficial va siendo desenmascarada al respecto. La reparación histórica para todos los pueblos originarios de Latinoamérica no debe hacerse esperar. Reconocer sus ancestrales derechos es imperioso. Pretender liberarnos mientras los mantenemos segregados y discriminados, es una contradicción intrínseca que debemos resolver. Si esto no ocurre, nunca seremos libres completamente. El respeto por la diversidad en todas sus formas será nuestra fortaleza. Como vemos, por nuestras raíces, historia y cultura.
Latinoamérica debe ser para los latinoamericanos. El Bicentenario debe unirnos más que nunca en el camino hacia la unidad latinoamericana, y su independencia definitiva.

Alberto Cerda Espósito
DNI:8043709
 

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