Correo de lectores

El “arte de traducir”

miércoles, 29 de septiembre de 2010 · 00:00

Sr Director

Tenemos el agrado de dirigirnos a Ud. a fin de solicitar la publicación del siguiente texto en“Cartas de Lectores”, como justo reconocimiento a la labor de los traductores en su día, 30 de septiembre, día de San Jerónimo, el traductor de la BibIia, el primer y gran maestro del “arte de traducir”.
La Traducción: profesión en movimiento.
En las últimas décadas, la avanzada de ciertos conceptos tales como la globalización,la calidad, la eficiencia, la seguridad y la garantía de producto marcan el camino que conduce a un nuevo milenio de historia del hombre. Estos conceptos se han arraigado con fuerza en la vida económica y social del hombre, configurando un nuevo escenario, donde el profuso intercambio de información y la mayor presión de trabajo y rendimiento han producido modificaciones, entre otras, en las incumbencias profesionales. Todo ello en un entorno mediático donde la información tiene un ciclo de vida cada vez más breve, las fronteras físicas tienden a desdibujarse y la demanda de documentación es inmediata. Acompañan a este fenómeno, el incremento de la competitividad y el surgimiento de grupos internacionales de empresas con terminología corporativa específica.
Más allá de que los lazos entre las naciones se hayan vuelto más estrechos y dinámicos, las fronteras culturales tratan de mantenerse firmes en defensa de su identidad, uno de cuyos pilares es la lengua como esencia cultural y étnica de una nación. El lenguaje desempeña un papel protagónico como herramienta y vehículo de la comunicación en todo tipo de relación entre comunidades que hablan idiomas diferentes. En virtud de la diversidad lingüística, se hace necesaria la mediación de un traductor profesional que no sólo domine sus lenguas de trabajo, sino también los sistemas metodológicos y las particularidades del área del conocimiento en que trabaja. Sin duda, una tarea que la tecnología jamás podrá suplir.
En este marco, la profesión de traducir debió acompañar la evolución tecnológica y social. Hoy el traductor debe afrontar nuevas exigencias y desafíos en un mundo interconectado que gira aceleradamente. La vorágine de información que nos condujo a este nuevo milenio desemboca en una creciente demanda de traducciones y en un cambio de la competencia profesional a partir de la necesidad de entenderse velozmente en distintos idiomas. Una necesidad que, por otra parte, es tan antigua como la cultura de la humanidad.
El traductor público en la Argentina.
La República Argentina tiene el privilegio como muy pocos países del mundo de que el traductor público cuente con una formación académica y sea portador de un prestigio internacionalmente conocido.
Mucho se ha transitado para llegar. Hoy la profesión de traductor público se halla encuadrada en un marco normativo legal que protege tanto al profesinal, como a quien requiere sus servicios. Es esta particular diferencia la que ubica al Traductor Público, tal como lo concibe nuestra realidad cultural y socio-económica, en un lugar de privilegio en relación con otros escenarios y realidades del vasto mundo de la traducción, tanto a nivel nacional como intemacional.
En nuestro país, el primer título de Traductor Público fue otorgado por la Universidad de Buenos Aires en 1868, en los primeros años de vida institucional de la República Argentina. Si bien el Colegio de Traductores Públicos Nacionales, asociación civil que luego se transformaría en Consejo Profesional, se creó en 1946, la ley 20.305 que crea la profesión y conjuntamente el colegio profesional, Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, recién fue sancionada en 1973.
En la provincia de Catamarca, el Colegio de Traductores Públicos fue creado por Ley Provincial N° 4935 en diciembre de 1997 y se constituyó formalmente en marzo de 1998, a partir de lo que un año antes se había creado como una Asociación de Traductores.
Esta tradición profesional centenaria que destaca la necesidad e importancia del Traductor Público, cada vez que debe trasladarse un texto de un idioma a otro, está documentada en distintos artículos de los códigos civil, comercial, procesal y penal de la Nación Argentina, y demás leyes complementarias que privilegian su labor y la tornan imprescindible.
Mientras sigue debatiéndose la homogeneidad cultural o las fronteras, el traductor sigue siendo el guardián artesano que dibuja puentes entre distintas y remotas culturas. Sus palabras, ésas que unen y comunican, seguirán contribuyendo al acercamiento, confirmando la existencia de una lengua de partida y otra de llegada.
Y en esto andamos a diario los traductores, esclavos de los tiempos, pero apasionados por las palabras, en la difícil tarea de elegirlas para recrear grandes ideas, en un vaivén integrador de identidades, entre la lengua popular y los saberes técnicos, siempre aguzando el sentido para buscar esa perfección que, como una causa perdida, nunca alcanzamos, pero que siempre constituye un desafío intelectual al que nunca nos negamos.
Para finalizar con palabras de José Saramago, el gran amigo de los traductores: “Entonces son los traductores los que convierten ese archipiélago incomunicable, en principio, que es el archipiélago de los idiomas. Los que establecen los puentes necesarios, y permiten a aquellos que no dominan todos los idiomas del mundo -que somos todos-, llegar a conocer lo que se hace en el planeta, en el campo de la creación literaria, de la investigación, o de lo que sea.”

 


TP. Elizabeth Reyes Garzón
Secretaria - Consejo Directivo
TP. Alejandra Cacciabue de Pingitore
Presidente - Consejo Directivo

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