La columna de hoy

Un problema social, económico y cultural

sábado, 01 de diciembre de 2012 00:00
sábado, 01 de diciembre de 2012 00:00

El VIH-SIDA no constituye una cuestión ligada estrictamente a problemáticas de salud. Si comparamos con lo que ocurre en regiones vulneradas, los países desarrollados han logrado mayores avances en reducir la mortalidad y mejorar la calidad de vida de las personas que viven con VIH-SIDA. Este dato confirma que el VIH tiene un importante componente político y social tanto en la prevención como en el tratamiento.
Los mayores obstáculos para tratar el VIH-SIDA son el desconocimiento, el estigma y la discriminación asociados al mismo, que se intensifican de acuerdo con las posibilidades económicas y sociales y al modelo político-social de cada país/región.
El Informe 2011 sobre la respuesta mundial al VIH indica que alrededor de 34.000.000 de personas viven con VIH en el mundo. Casi 3.000.000 perdieron la vida a causa del Sida.
En América, 3.200.000 personas viven con VIH. De ellas 950.000 son mujeres. Y en Argentina, según cifras de la Dirección de SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual hay 130.000 personas que se estima que viven con VIH pero solamente 64.000 personas diagnosticadas, lo que significa que más del 50% lo ignora.
Según datos actualizados del Ministerio de Salud, la epidemia se encuentra estabilizada, ha bajado la mortalidad, la transmisión vertical y la cantidad de casos de Sida. La mayoría de las personas que están en conocimiento de vivir con VIH se encuentra en seguimiento en los servicios de salud, y de las 43 mil que reciben tratamiento antirretroviral gratuito, el 69% es provisto por el Estado.
No obstante, es necesario seguir trabajando fuertemente para que quienes viven con VIH lo sepan y puedan realizar los tratamientos y cuidados pertinentes. Esto permitirá multiplicar los avances en prevención y tratamiento.
El estigma y la discriminación relacionados al VIH se manifiestan a través de actitudes y comportamientos sutiles o abiertamente agresivos en cada uno de los espacios en los que participan las personas afectadas, siendo especialmente frecuente en el hogar, la comunidad y en las/os efectoras/es de salud.
Sus manifestaciones más habituales son el aislamiento, la distancia afectiva, el evitar el contacto físico y la violación de la confidencialidad. Estos actos suponen la violación de uno o más de los Derechos Humanos fundamentales. A su vez, la problemática de género incide de manera significativa. Mujeres, niñas y personas trans (entre otros/as) están especialmente expuestas a contraer el VIH-SIDA. La violencia basada en el género está ligada a la infección por VIH, ya que las mujeres suelen subordinarse a las imposiciones del varón o ser víctimas de abuso sexual, así como están expuestas a la transmisión a partir de la explotación sexual.
En Catamarca es necesario que se intensifiquen los trabajos entre los organismos del Estado y la sociedad civil para dar visibilidad al tema en la agenda pública, desde una perspectiva no discriminatoria. Desarrollando campañas de prevención del VIH-SIDA que incorporen los enfoques de género y orientación sexual; auspiciando ademas actividades comunitarias en torno al tema; brindando herramientas de capacitación y de discusión que permitan visualizar la problemática desde una perspectiva amplia de la salud, incorporando una dimensión política, social y cultural.
Esta columna busca promover el conocimiento y la adecuada atención de quienes se encuentran infectados con el virus para reducir los estigmas sociales que ponen los mayores obstáculos a la prevención y el tratamiento. Para dar pasos cada vez más firmes y un éxito a largo plazo en la respuesta a la pandemia es necesario lograr progresos sostenidos en el respeto de los derechos humanos asociados a ella.

 

Lourdes Rodríguez

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