Correo & opinión

Enrique Santos Discépolo

sábado, 22 de diciembre de 2012 00:00
sábado, 22 de diciembre de 2012 00:00

La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser

Un día 23 de diciembre pero de 1951 moría Enrique Santos Discépolo. Este poeta, compositor, actor, director de cine, de orquesta, dramaturgo, nacido en el barrio de Once. Quinto y último hijo de Santos Discépolo, músico italiano que estudió en el conservatorio Real de Nápoles y que luego viajó a Buenos Aires, donde debió conformarse con dirigir la Banda de la Policía y Bomberos, además de instalar un conservatorio, hasta su muerte en el año 1906. Por lo tanto, Enrique Santos quedó huérfano muy chico. A los 16 años debutó como actor teatral. Un año después escribió su primera obra de teatro llamada “Los Duendes”, que hizo en colaboración con Mario Polco. Luego vinieron varias obras más, hasta que en el año 1926 estrenó su primer tango “Qué Vachaché”, y fueron después “Esta noche me emborracho” y “Chorra”, en el año 1928.
Con el tango “Qué Vachaché” se iniciaron las líneas fundamentales de la poética de Enrique Santos Discépolo y hay un tema, “Tres esperanzas”, donde una vez más va a reiterar con tono más pesimista, que no deja otra salida que el suicidio, y dice: “La gente me ha engañao desde el día en que nací,/los hombres se han burlao/la vieja la perdí/ no ves que estoy en llanta y bandeao por ser un gil/...cacha el bufoso y chau, vamo’ a dormir...”
Discépolo no deja lugar a la esperanza; quien más quien menos, somos la mueca de lo que soñamos ser - define “El desesperanzado”, escepticismo social de Discépolo, tiene su correlato en el tema amoroso casi irremediablemente. En su obra, el amor es casi siempre un castigo, una condena que conduce al fracaso, al engaño... casi siempre es un “Martirio”.
La letra del tango “Las cuarenta” de Francisco Froilán Gorrindo no recuerda a los tangos de Celedonio Flores sino a los de Discépolo. Es un tango lleno de aforismos, de sentencias doctrinales como en el tango “Qué Vachaché” donde se dicen cosas al modo cínico del Viejo Vizcacha: “Lo que hace falta es empacar mucha moneda/ vender el alma, rifar el corazón/ a mí dame puchero guárdate la decencia/el verdadero amor se ahogó en la sopa/ la panza, es reina y el dinero Dios/Qué Vachaché?! Si hoy ya murió el criterio!/Vale Jesús lo mismo que un ladrón...”. A Gorrindo le ocurrieron cosas como éstas: “La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron/ Cuando grité una injusticia, la fuerza me \hizo callar”. Y todo aquello que “con plata uno vale mucho más”.
¿De dónde neoescepticimo?. Por lo pronto sale de Discépolo. Pero el de Discépolo sale de Dante Linyera, “Esos amigos que son amigos siempre y cuando les convenga” - según Gorrindo -, son aludidos por Dante Linyera en su poema titulado “Piaca”: “Los amigos que gozan con el sopapo que uno recibe por zonzo”. Lo que habría que establecer es por qué la gente es como la pintan Discépolo y Gorrindo; por qué todo es mentira, por qué todo es falso, por qué la gente es brutal cuando se ensaña. Lo cierto es que la influencia de Discépolo es perceptible en algunas letras de Gorrindo, y el autor de “Cambalache” admiraba los versos de “Las cuarenta”.
Enrique Santos Discépolo dijo en una oportunidad que el origen del tango es siempre la calle. Por eso, voy por la ciudad tratando de entrar en su alma. Imaginando en mi sensibilidad lo que ese hombre o esa muchacha que pasan quisieran escuchar, lo que cantarían en un momento feliz o doloroso de sus vidas... “Muchos tangos han sido escritos en momentos de desesperación. La canción he salido de los autores como una reacción, como una liberación ante una situación apurada. Pasada la situación, se acabaron los tangos que no eran otra cosa que la expresión de un momento de dolor, de tristeza o de rabia. Yo, sin pensarlo, seguramente escribí cuando sentí la necesidad de oírlos. Esa misma necesidad la sienten otros y entonces el tango recibe aceptación. El personaje de mis tangos es Buenos Aires, la ciudad. Alguna sensibilidad y un poco de observación han dado la materia de todas mis letras.
Recuerdo aquel estado especial de mi espíritu para justificar esa amargura de “Uno”, porque muchos amigos dijeron que resultaba tremenda y desoladora. Tal vez tengan razón... pero yo estuve muchas veces “solo en mi dolor” y “ciego en mi penar”... y aquello de “Punto muerto en las almas” no es pura invención literaria. La desilusión amarga del que no puede amar, aún queriendo amar, no había sido tratada todavía. Yo aprendí en aquellos días que la gente sería inmensamente feliz si “pudiera no presentir”. La música me lo gritaba. El motivo de la letra brotó en aquéllos días raros que tuve. Los versos los escribí tiempo después. Así nació “Uno”.-
Enrique Santos Discépolo nos dejó para siempre un día antes de la Navidad de 1951, dejando al tango un vacío imposible de cubrir.

Mario Alonso
 

Comentarios

Otras Noticias