Correo & opinión

Por una Navidad con sentido cristiano

viernes, 20 de diciembre de 2013 00:00
viernes, 20 de diciembre de 2013 00:00

Cada fiesta navideña es una ocasión muy propicia para reflexionar: ¿Qué significa para mí la Navidad? ¿Es simplemente una fiesta más? ¿Qué tiene que ver con mi vida, con mi familia, con la humanidad?
Lo que sigue (tomado de una carta de un lector del exsemanario “Esquiú”) nos puede ayudar a ubicamos en el verdadero contexto de la Navidad cristiana.
“Hace tiempo -dice el lector- que vengo cavilando sobre mi cristianismo, (y esto se ha acentuado con la proximidad de esta Navidad), y he llegado a esta conclusión: ‘yo no soy cristiano’, y, por lo tanto, ¿cómo voy a recordar el nacimiento del Niño Dios a lo cristiano?”
“Y me pregunto: ¿Cómo voy a ser cristiano si tengo una hermosa casa con todas sus comodidades: agua corriente fría y caliente, aire acondicionado, hermosos y cómodos sofás, televisor a color, (a lo mejor, uno en cada pieza), etc., etc., y ahora me dispongo a celebrar la Navidad, pero ‘a mi modo’: con turrones y sidras, manjares y bebidas finas, con mucho ruido, etc., y a poca distancia viven hermanos míos en míseras chozas o destartalados ranchos?”
“Claro. No creo que para ser cristiano sea necesario que traiga a mi casa a vivir a esos hermanos; pero sí creo que debo sacrificar una parte de mis comodidades, por ejemplo, el televisor a color (y conformarme con uno blanco y negro o con uno más pequeño) o alguna otra comodidad, y con ese dinero (el de la diferencia) remediar en algo el problema”.
“¿Cómo voy a ser cristiano si dedico todo mi tiempo para mí solamente? Entre el trabajo y mis negocios, no me sobra casi tiempo y lo poco que me sobra lo desperdicio en el bar o en el club, charlando con mis amigos de cosas sin importancia”.
“No creo que para ser cristiano deba abandonar mi trabajo y mis negocios, pero sí creo que debo dedicar más tiempo a los demás. Hay tanta gente que sufre soledad, tantos viejitos a los cuales les haría tanto bien charlar con ellos de cualquier cosa, enfermos que consolar y visitar, tantos con problemas de familia, tantos marginados, y otros que sufren por muchas causas. Y, sobre todo, en tiempo de Navidad ¡qué importante sería para ellos!”
“¿Cómo voy a ser cristiano si tengo el estómago y el hígado enfermos por los excesos de comida y de bebida, cuando a mi lado hay tanta gente desnutrida? ¿Cómo voy a ser cristiano si no me preocupo por tantos hermanos míos a los que la miseria y la ignorancia están matando? Insisto, y ellos ¿están tan cerca de mí? ¡Están a la vuelta de mi casa! Y, para terminar, vuelvo a repetir: “Yo no soy cristiano ¿Y usted?” Antes de contestarse, aguce su oído y escuche la voz de su conciencia. Ojalá que ella le hable, nos hable en esta Navidad y nos ilumine para pensar y actuar cristianamente. Sólo así podremos vivir y gozar de una Navidad feliz. Conocernos mejor, aprender a amarnos como Él quiso que lo hiciéramos es un buen punto de partida para meditar en estos días, en los que, generalmente, pensamos mucho en nosotros mismos y quizá muy poco en nuestro prójimo.

Fundación Don Bosco

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