Correo y opinión

El trece

martes, 3 de diciembre de 2013 00:00
martes, 3 de diciembre de 2013 00:00

Sr. Director

Ya estamos transitando el último mes del año 2013 y antes de su comienzo mucha gente –que cataloga al número trece como maléfico- expresaba sus temores ante la llegada de este año pronto a finalizar. Y a propósito de este tema que estuvo tan en boca de los catamarqueños, el obispo de Catamarca se hizo eco de los rumores apocalípticos que se echaron a rodar y, tal como lo hicieran otros voceros de la iglesia católica, restó autoridad a los textos que reproducían las profecías de Nostradamus. La máxima autoridad de la Iglesia Católica, en declaraciones radiales expresó: “Por supuesto que no creo en este tipo de vaticinios. Yo creo en el Evangelio. De ahí no me mueve nadie. Y, en función del evangelio, es que puedo decir que nadie conoce ni el día ni la hora del fin”. El Obispo explicó que “la repercusión que estas profecías provocan en la gente no son novedad”. En este sentido, comentó que “cuando se produjo el cambio del primer milenio, hubo manifestaciones de pánico y suicidios masivos y nada pasó. También cuando pasó el cometa Halley hubo manifestaciones de pánico y tampoco nada ocurrió”.
Francisco García Giménez en su libro “Así nacieron los tangos”, nos cuenta que el año 1913 fue recibido por la superstición universal con similares agorerías que el 1900, cuando astrónomos de azoteas y astrólogos de almanaque de los sueños relacionaron el fin del siglo con el fin del mundo. Entonces, mucha gente había exclamado “se viene el fin del mundo”. Pasada y olvidada aquella profecía cósmica, la llegada del año 1913 la sacó a ventilar nuevamente. Tomaba singular autoridad la cifra reputada de maléfica. Buenos Aires tuvo, naturalmente este primerísimo tema entre sus temas. Una voz ilustre desde Inglaterra decía: “La superstición es la religión de los espíritus débiles”. Otra voz desde Alemania contrapunteaba: “La superstición es la poesía de la vida”. ¿En qué quedamos? En nada. Sigamos como estamos. Desde lejanos tiempos la superstición divide a la humanidad en dos bandos: Por el “sí” y por el “no”. Volviendo a Buenos Aires, ciudad del décimo tercio año, no podía faltar la consecuente melodía en dos por cuatro, para mantenerle al tango su carácter de glosador oficioso de la vida porteña, en títulos y carátulas. Alberico Spátola, un músico que tiene el pie derecho en la ópera y el izquierdo en la milonga o viceversa, compone el tango “El trece”. Encuentra una noche a Ángel Villoldo, que ha sido su camarada a menudo en el café Parisien, y le hace oír su tango. Ya bautizado con la embrujada cifra del año. Este tango obtuvo inmediata popularidad, máxime si tenemos en cuenta -nos dice Francisco García Giménez- que la Compañía de operetas Caramba – Sconamiglio, incluye el tango en un cuadro presentado en el teatro Coliseo en un espectáculo titulado “13”.
Juan de Dios Filiberto y su orquesta típica porteña, y también Juan D’Arienzo grabaron este recordado tango.

 

Mario Alonso

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