Correo y opinión

Recordemos a los buenos y justos jueces

lunes, 01 de abril de 2013 00:00
lunes, 01 de abril de 2013 00:00

Señor Director:
En estos momentos en que la Justicia está en “el tapete”, es bueno recordar los ejemplos que nos legaron grandes jueces que tuvieron la Nación y esta provincia de Catamarca.
En los comienzos de la Organización Nacional, la Corte Suprema de Justicia de la Nación evidenciaba austeridad y modestia; los ministros se reunían en una casa sencilla de la ciudad de Buenos Aires para atender los casos que les llegaban. Su primer presidente fue el Dr. De las Carreras. Y entre otros también, el Dr. Del Carril, que a los 25 años fue gobernador de San Juan. Y hubo otros grandes ministros, como el Dr. Daract, especialista en Derecho Federal. Hasta que llegó el Dr. José Figueroa Alcorta en 1915, ilustre ciudadano cordobés, eminente senador nacional y luego presidente de la República. Único argentino que presidió los tres Poderes de la Nación. En Córdoba fue alumno del ilustre Colegio de Monserrat. Fue uno de los grandes jueces que tuvo nuestra Patria. Sencillo, austero, llegaba a los tribunales en tranvía, naturalmente, con su portafolio, sin hacerlo notar, como es costumbre de los grandes.
Ya entonces estaba en la Corte Suprema otro gran juez, el Dr. Bermejo, desde 1903, cuando lo llevó Roca.
Dijo sobre él Octavio R. Amadeo (Vidas Argentinas): “Tenía la vocación, lo que los libros no enseñan. Tenía oído... El juez debe saber oír a las partes, con oído agudo y manso, por eso los ministros de la Audiencia se llamaban oidores. Dos oídos y no dos orejas”.
Gran amigo del uso de la jurisprudencia; refería antiguos casos cuando se planteaban los problemas. Era cuidadoso de los detalles cuando pudieran significar mezclarse en política. Una vez falló en un caso diciendo: “Señor Secretario, este asunto en que es vencido el gobierno de tal provincia, lo firmaremos después de la elección, para que no se explote con fines políticos”. No quería que la Corte fuera utilizada políticamente por ningún partido.
Bermejo estuvo 26 años como juez de la Corte. Y dijo Amadeo, ya citado: “Su estilo era preciso y claro, un excelente estilo judicial. Conocía la importancia de los vocablos y los empleaba con exactitud porque la palabra mal usada por un juez puede ser también una injusticia.”
Y entró en la senda de juez “como se debe llegar; no para el sueldo y la jubilación, sino para la misión y la consagración. Frente a las olas violentas que pasaban, él representó la estabilidad de la Constitución y de la ley. Eran jueces que pasaban dejando un rastro de virtud, algunos parecían monjes judiciales.”
Digo, eran jueces que no necesitaban “ser evaluados”, como se pretende en algunas de las teorías para la actual Justicia. Es un punto peligroso, pues esa “evaluación” puede caer en manos de políticos “amigos” o “enemigos” que no son independientes y allí puede producirse una “connivencia” malsana. Pueden, sí, hacerse coloquios, conferencias o reuniones que permitan a los jueces acercarse a la comunidad en general.
También pueden hacerse “memorias” anuales y bienales de su labor, para conocimiento de la comunidad, con descripción de las tareas y con gráficos demostrativos de la labor realizada por el juez, así como solían hacerlo los ministros del Ejecutivo antiguamente. Y así supe hacerlo durante mi gestión como juez de Tinogasta (1997-2000), en que elevé la “Memoria Bienal” de mi gestión frente al juzgado.
El reconocido jurista Reynaldo Vanossi, ex secretario letrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y conjuez de la misma, dijo: “La nominación de los cinco primeros jueces (refiriéndose a los de la Corte Suprema de la Nación), exhibió la singularidad de no pertenecer al sector político del presidente: se trataba de figuras independientes o de afinidad con el extinto gobierno de la Confederación” (“El Poder moderador de la Corte Suprema”).
Yendo a nuestra provincia, Catamarca, en vísperas de asumir Daza la gobernación, D. Manuel F. Rodríguez, en carta del 12 de marzo de 1885 obrante en el Archivo Gral. De la Nación (Sala VII, legajo 1399), en momentos en que se encontraba en movimiento el asunto de las designaciones en el Poder Judicial, tanto de los que ya estaban cuanto las futuras, decía: “Más bien soportar por algunos meses más la inconstitucionalidad y mala administración de justicia, que comprometerla por seis años, prefiriendo que las cosas queden así hasta que Daza se recibiese del gobierno y arreglase todo”. Era por los tejes y manejes políticos de la época para nombrar autoridades judiciales antes de la sunción del nuevo gobernador Daza. Y expresó finalmente: “Mi opinión es que el Poder Judicial sea compuesto de hombres extraños a nuestras cuestiones internas y a las miserias de la política local, y haciéndolo así, Daza se pondría una corona a la entrada del gobierno” (sic).
Como sabemos, rige ahora un nuevo sistema para la designación de los jueces, por el Consejo Nacional de la Magistratura en el caso de los jueces de la Nación, organismo creado por la reforma de la Constitución Nacional de 1994, sobre el cual dijo el ya citado Dr. Vanossi (Un enfoque no aritmético del Consejo de la Magistratura-Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, 2006): “Si de lo que se trataba era de apuntar a la idoneidad y no al reparto, por supuesto un Consejo de la Magistratura podía ser útil. Es decir, una instancia que permitiera realmente alcanzar la idoneidad y elevar la calidad de los magistrados, pero para esto no hacía falta un art. 114. Podía hacerlo el Congreso con una ley que estableciera las pautas fundamentales de tres cosas: Escuela judicial, Carrera judicial y un Consejo “Seleccionador” que diligenciara y sustanciara los concursos, que son una forma de posibilitar una mayor imparcialidad y una mayor despolitización de las nominaciones judiciales. Sabemos que la designación de un juez es muy delicada, y que se suele ironizar diciendo ‘dime qué jurado tienes y te diré cómo resulta el concurso’. Los términos de la alternativa: ¿el reparto o la idoneidad?.”
En mi opinión, me parece menor el procedimiento que se hace ahora: un examen escrito, como en el colegio secundario, donde hubo escándalos de dominio público, por conseguir el alumno antes del examen los temas, y luego un interrogatorio parcial. Creo que debiera ser un procedimiento en que reconocidos juristas, destacados académicos, magistrados y docentes, preferentemente de otro lugar, dialoguen con los postulados, no sobre un caso en particular, sino sobre la Justicia en general, para saber el sentido que tiene de ésta el postulante. Ver su idoneidad, su cultura general, el criterio que piensa aplicar (importante), y así se hace una evaluación integral del postulante. No poner uno o dos casos fijos para que los resuelva como en el colegio secundario, que allí sí son necesarios.
Además de estos postulados, el aspirante, como dijo Manuel F. Rodríguez, ya citado, no debe estar muy vinculado con partidos o figuras políticas, sea por amistad o parentesco, y menos que estén vinculados al lugar donde se encuentra la vacante, y menos aún si es un lugar pequeño y con vínculos familiares y políticos de siempre en el lugar, como por ejemplo el caso de la designación en las postrimerías del anterior gobierno pcial., de la jueza civil de Tinogasta, aunque haya pasado por el Consejo pcial. de la Magistratura, organismo discutido acá, como es de conocimiento.
La creación de la actual Corte de Justicia de Catamarca es del 24 de enero de 1854 (Padre Olmos, Historia de Catamarca, 1957), con el nombre de Tribunal de Apelación y fue su primer presidente, D. Pastor Olmos de Aguilera, que debiera ser recordado. Y muchos olvidados pasaron por la Corte Pcial. que debieran ser recordados, para ejemplo de la Justicia local. Entre ellos, cito al Dr. Marcos A. Figueroa (mi tío bisabuelo), sobrino carnal del gobernador Coronel Marcos Antonio Figueroa (1828-1833). El Dr. Marcos Figuera renuncia en 1868. Sobre él refiere Arturo B. Carranza (La Cuestión Capital de la República), que no la acepta la Legislatura, “en atención a la necesidad que tiene la provincia de los servicios de ciudadanos de la ilustración, honradez y actividad como la de Ud”. Por eso reitero mi propuesta de que sean homenajeados por la Corte de Justicia estos eminentes catamarqueños que la honraron, empezando por su primer presidente, D. Pastor Olmos de Aguilera.
Creo importante recordar las palabras del ilustre jurista fallecido, académico, embajador en la Santa Sede, ex ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que Catamarca pudo disfrutarlo cuando vino por invitación del suscripto, cuando organicé las Primeras Jornadas Judiciales del Oeste Camarqueño en 1998. El Dr. Pedro J. Frías dijo en su libro Conductas Públicas (1997): “La misión del juez es difícil y augusta. No debe por ello, acceder a la polémica ni quedar atrapado en intereses momentáneos. El juez puede ser mejor o peor que el hombre, pero hasta cierto punto. La vocación de la equidad, la percepción del derecho, la correspondencia con el bien común pueden atenuar en el juez la grandeza y la debilidad del hombre que sigue siendo.”
Este año se conmemoraron los 150 años de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. En el acto realizado el 26 de febrero en Buenos Aires, el presidente de la Corte, Dr. Lorenzetti, dijo:” Estamos de acuerdo en que el Poder Judicial debe cambiar si esos cambios son en beneficio del pueblo”.
Pero la Corte, que tenía límites para encarar el cambio, convocó a conferencias nacionales de jueces para acercar la justicia a la gente”
Por eso, hagamos votos para que toda la movilización efectuada en estos últimos tiempos sobre el tema Justicia redunde en favor de una Justicia justa para todos los habitantes de nuestra Patria, y que así se cumpla con el adagio latino “Jus est ars boni et aeque”.

 

Dr. Arturo J. Figueroa
Vicepresidente Sociedad Argentina de Efemérides

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