Homenaje a Ricardo Córdoba

A un año de su desaparición en la cordillera.
domingo, 26 de enero de 2014 00:00
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Desde CUMBREROS queremos realizar un sentido homenaje al montañista y amigo Ricardo Córdoba (59 años), ya que en este mes de enero de 2014 se cumple un año de su desaparición. Él tenía como objetivo intentar ascender el Nevado Tres Cruces, un macizo de origen volcánico situado en la Cordillera de los Andes y ubicado en la frontera entre Región de Atacama (Chile) y Catamarca (Argentina). El último día que fue visto es el 11 de enero de 2013, y el 16 del mismo mes se dio alerta desde nuestra web, iniciando una intensa búsqueda por parte de muchas personas, sin haber podido dar con su paradero.
Hoy en día Ricardo descansa en la inmensidad de la cordillera y vive en el recuerdo de todos los montañistas catamarqueños, de amigos y de toda su familia.
Ricardo era un apasionado de la montaña, una persona que disfrutaba cada segundo del contacto con los inmensos paisajes de montaña, poseía una dilatada experiencia, había ascendido a muchas cumbres tanto del cordón del Ambato como de la Cordillera de los Andes en la puna de Atacama, teniendo como uno de sus principales logros el haber pisado la cumbre del Cerro Aconcagua el 11 de enero de 2007.
Se inició en esta apasionante actividad de la mano de su amigo Luis Biagi, quien lo introdujo al mundo del montañismo acompañándolo en el ascenso de su primer metro, iniciando así su romance y amor entrañable por ella, la montaña. Integró la Agrupación de Montaña Calchaquí, institución que lo formó y en la cual cosechó muchos amigos en su paso.
Guiado por los hermanos Alejandro y José María Fernández logró su primer cumbre en uno de sus cerros más queridos, “El Manchao” (4.585m-Ambato-Catamarca). Otros amigos con los que compartió sus primeras expediciones fueron Ángel Ireba, David Lucero, Jaime Suárez y Marcelo Brandán.
Son muchas las personas con las que Ricardo compartió dentro del mundo de montaña en Catamarca, muchas personas pudieron apreciar y disfrutar de su amabilidad, respeto, sabiduría, calidez, alegría y temple. En muchas ocasiones, a Ricardo le gustaba vivir la montaña de forma más solitaria y tranquila, pero siempre que tomaba contacto con otras personas se mostraba como un hombre al que le daba gusto compartir.
Transcribo unas profundas palabras escritas por el mismo Ricardo una noche en la montaña dentro de su carpa, en las que comparte uno de sus anhelos:
“...Con la llegada de la noche se instalan las nostalgias, los recuerdos, los pensamientos…sueño que alguno de mis nietos un día estará por aquí para hacer el camino que hizo su abuelo, o uno distinto, pero con las mismas ganas o más. Un largo bostezo...cierro los ojos...” (Ricardo Córdoba-año 2007).
A su vez, quiero compartir, con todo el respeto a su familia y a la memoria de Ricardo, un extracto de la crónica que realizó sobre su ascenso al Aconcagua. En estas líneas podemos entender de cierta forma su profundo amor por la montaña y lo que se significaba para él esta actividad y pasión por subirla:
“...La gente suele preguntarme qué encuentro de especial al ascender a las montañas, a veces, como en este caso, asumiendo potenciales importantes riesgos. ¿Hasta dónde es válido arriesgar la vida para alcanzar la cima? Seguramente cada montañero tendrá su respuesta, aunque para todos representará una auténtica dificultad expresarlo con palabras. Pero creo que la verdadera respuesta se encuentra solamente allí arriba. El montañismo de altura implica serios riesgos, en eso estamos de acuerdo, y quien decide practicarlo debe ser absoluta y exclusivamente responsable de sus actos. Nadie, en la tranquilidad y tibieza de una vida acomodada, puede juzgar a aquel que hace derroche de su propia vitalidad en condiciones extremas. No voy a luchar y vencer a la naturaleza, eso sería ingenuo y hasta descabellado, la asimetría de fortalezas me ubica en el lugar de insignificante, sino que pongo en juego mi espíritu y determinación para alcanzar la cima superándome a mí mismo, en la utopía de que cada vez es la última vez. Llevarme en mis retinas ese rostro lleno de pliegues y abismos, a veces de roca de maravillosos colores, a veces de hielo, a veces de nieve, y pensar que la muerte, esa alteridad absoluta, nunca llega por mi necesidad de recordar tanta belleza…” (Ricardo Córdoba-año 2007).
Al leerlas, creo es inevitable que el corazón no se acelere y la piel se ponga de gallina. Su visión era clara, su pasión era auténtica, su disfrute en la montaña era profundo y absoluto.
Por mi parte debo decir que no he sido una de las personas que más compartió con él pero las veces que tuve la oportunidad de hacerlo disfrute mucho.
Él formó parte del grupo con el cual realicé mi primer ascenso, en el marco del curso de Iniciación a la Montaña en el año 2006, organizado por la Agrupación de montaña Calchaquí, en el Mogote del Carrizal. En esa ocasión, recuerdo que una de las integrantes del grupo se lesionó en el descenso, y fue él quien acudió de inmediato para asistirla. Luego compartí reuniones y lo crucé muchas veces en la senda, siempre con una sonrisa y buen ánimo.
En enero de 2010 coincidimos en la base del Monte Pissis, un cerro que él amaba y respetaba por encima de todo. Ahí compartimos gratos momentos. Intentaría ascender con su amigo Raúl Quiroga, pero por esos días el clima castigaba con fuertes tormentas de nieve y viento. Sin embargo, con mis amigos Matías y Andrés decidimos intentarlo, pero descendimos en el último tramo antes de la cumbre debido a que la tormenta nos alcanzó. Al descender del último campamento los cruzamos a Ricardo y Raúl, quienes querían también intentarlo. Recuerdo que él estaba un poco resfriado y saqué unas pastillas de mi botiquín para darle. Sin embargo, ellos también tuvieron que abandonar y descendieron. Fue en ese cruce, allá en lo más alto en la inmensidad, casi en el pie del glaciar de los Argentinos, que nos sacamos estas dos fotos, Ricardo está a la derecha (campera roja pantalón negro, botas negra y amarilla), siempre agradecido y amigable. Este suceso es un recuerdo latente. Ahí lo despedí y siguió su senda hacia lo más alto. De ahí nos guía… Así lo disfruté: un gran tipo, una persona que me demostró que su poesía era la montaña.
Dedicado a su familia, amigos, conocidos y toda aquella persona que haya pasado por la vida de Ricardo.
Espero algún día su familia se pueda despedir de él, como seguramente desea, y que entre los montañistas de Catamarca realicemos una placa en su honor bautizando alguna lejana cumbre virgen o simplemente para que esté en el recuerdo de todos, allá donde él amaba estar...la cordillera.

Ignacio “Nacho” Blas
CUMBREROS
Catamarca – Argentina
 

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