A 45 años del Cordobazo

jueves, 29 de mayo de 2014 00:00
jueves, 29 de mayo de 2014 00:00

La “Libertadora” del ‘55 había significado un duro golpe para el Movimiento Popular. La resistencia peronista no alcanzaba para pararle la mano a la ofensiva antipatriótica. Por eso, en los años posteriores al derrocamiento del líder de los argentinos, el general Juan Domingo Perón, la vida nacional estuvo signada por el recorte de las libertades democráticas. La proscripción del peronismo, el empobrecimiento de los trabajadores y las clases medias y una creciente desnacionalización de la economía fueron una constante.
Con la llegada del golpe del general Onganía en 1966, se anuncia un agudizamiento de la lucha política y social en la Argentina, ya que en sus discursos hablaba de gobernar por 30 años. Los sectores populares no tardaron en responder a la política represiva del gobierno de facto. Luchaban los trabajadores, la industria azucarera, los obreros portuarios y el estudiantado que en septiembre del ‘66 tuvo su primer mártir en Santiago Pampillón.
En marzo del ’68, el sindicalismo democrático y combatido se desprende de las dirigencias traidoras y burocráticas y surge la CGT de los argentinos. Así llegamos a mayo del ‘69 con este panorama en el que el avance del movimiento popular se opone a una cada vez más dura represión. Pero a partir de aquí, se inicia una serie de luchas y conflictos que desencadenarían en el Cordobazo. El 14 de mayo, en Córdoba, los obreros del SMATA son duramente reprimidos al salir de una asamblea y al día siguiente es asesinado el estudiante Juan José Cabral, en la lucha contra la privatización de los comedores universitarios. En Rosario, también se lucha. El 18 de mayo cae el universitario Adolfo Bello y el 21, el estudiante aprendiz metalúrgico Norberto Blanco. Como la gente no se intimida, Onganía instala los consejos de guerra en Córdoba, donde la lucha es más dura y masiva. Los estudiantes ocupan el barrio Clínicas, se hacen fogatas y se combate en las calles con la policía. El 26 de mayo, el Movimiento Obrero Cordobés llama a un paro general de 37 horas. En la mañana del 29 de mayo, las columnas de obreros parten de toda la ciudad para concluir en el acto central frente a la CGT; pero por todos lados también comienza la represión. Primero contra los trabajadores de Luz y Fuerza, luego contra los que vienen de las fábricas, hasta que la policía asesina al metalúrgico Máximo Mena. La lucha se generalizó en el centro y en los barrios son miles los cordobeses que se suman y se apoyan, haciendo que retroceda la represión. El pueblo salió a la calle con sus dirigentes a la cabeza: Agustín “El Gringo” Tosco y Atilio López, ejemplos de lealtad a los trabajadores. Sólo la intervención del Ejército, asesinando a decenas de trabajadores y estudiantes y encarcelando a cientos, pudo poner fin el 30 de mayo a la heroica batalla.
Hasta aquí, he tratado de realizar una breve reseña de cómo se desencadenó el Cordobazo y cuáles fueron las causas que lo provocaron. Al escribir sobre estos hechos, es necesario reflexionar acerca de la proyección histórica y la enseñanza del Cordobazo. Por todo esto, afirmo que es el mejor ejemplo con el que contamos para entender la unidad; porque, además de ella, se fue más allá de la cuestión de las identidades políticas. Lo que se vio en las calles fue la convergencia de grupos y clases sociales heterogéneas con intereses en cierta medida diferentes; pero sólidamente unidos en la defensa de la democracia y la libertad. Y ello fue posible porque hubo una clase obrera haciendo punta, porque hubo un estudiantado que se le acercó y hubo mayoría que apoyó.

Julio César Gambarella
Memoria y Movilización
 

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