La negación de la memoria

lunes, 5 de mayo de 2014 00:00
lunes, 5 de mayo de 2014 00:00

Por Ernesto Fidel Castrelos
Director de Derechos Humanos


La presente reflexión se enmarca a propósito de una editorial firmada por Víctor Monti en el diario del día lunes, que bajo el título de una “Mirada Actual” propone revisar el pasado de nuestro país y nuestra provincia.
Veamos. Comienza el editorialista preguntándose si es un ejercicio de masoquismo el recordar cada año el 24 de marzo, para responderse a sí mismo que sería así, sosteniendo que sería necesario mirar hacia adelante.
Manifiesta que, ya que han pasado dos generaciones desde el 24 de marzo, el reproche sería pretérito.
Nos preguntamos, ¿será esto así?
Le respondemos: si pasaron dos generaciones, los 400 niños que fueron apropiados (plan sistemático que ya fuera probado en instancias judiciales) hoy tendrían alrededor de 40 años y muchos de ellos ya serían padres. La supresión de esas identidades es un problema de hoy y una mirada actual exige que la búsqueda de la verdad continúe con memoria, verdad y justicia.
De igual manera, sostiene que ello importa un maniqueísmo perverso. A quién llama maniqueos: ¿A los abuelos que buscan a sus nietos?, ¿a los hijos que buscan a sus padres?, ¿a los hermanos que buscan los restos de los suyos para el ejercicio fraternal que la consanguinidad impone?, ¿a quién llama maniqueos el escriba?
Hace un racconto histórico y sostiene que cada tanto hay manifestaciones de intolerancia. Gran falacia, pero menuda construcción intelectual.
¿Dónde está la intolerancia, en el escriba o en las víctimas?
El interrogante planteado nos lleva a preguntarnos: ¿qué le duele al escriba? Desde luego, el dolor de las víctimas no.
Él hace suyo el dolor de quienes ocuparon lugares en el Proceso sosteniendo que se le establecen inhabilidades para ocupar lugares de relevancia social.
Las madres sin hijos no le duelen, los hijos sin padres no le duelen. Los hermanos lacerados y torturados, las hermanas violadas, nuestros desaparecidos, no le duelen.
¿Por qué no le duelen? Entiendo, lamentablemente, que la gran tragedia nacional que fue la dictadura militar no le duele. Le duele que la sociedad rechace a quienes fueron cómplices civiles.
Mientras una mamá peregrinaba buscando respuestas, algún colaborador del Proceso (y por ende colaboracionista) disfrutaba de las mieles del poder y del sueldo que esa misma mamá o papá pagaba a través de sus impuestos.
Y ahora le duelen esos funcionarios del Proceso, esos procesistas.
Acudiendo a una metáfora, sostiene que, como se conduce un auto, debemos conducir la sociedad, sin mirar atrás. Sería cómico si no fuera trágico.
Los espejos retrovisores sirven para evitar colisiones y para las sociedades, la historia es eso. Es para evitar volver a pasar por el doloroso Proceso que para el escriba parece ajeno. Creemos en la historia y en su ejercicio, que es la Memoria. Ese es nuestro espejo y lo miraremos tantas veces como sea necesario para que Nunca Más se minimice el dolor de los nuestros. ¿Por qué sabrá el escriba que el genocidio fue sobre nuestros propios connacionales?
Esa ausencia de memoria o justicia de la que hace alarde el escriba se hace patente cuando habla del respeto a las minorías del post-rosismo hasta Irigoyen.
¿De cuáles minorías habla? Cuando habla de la paz social, ¿tendrá presente la Revolución del Parque o la sanción de la Ley Sáenz Peña?
La construcción intelectual del escriba termina sosteniendo la necesidad de repudiar a todos o quienes fueron jueces procesistas o, en su caso, el “silencio conciliador”.
¿Qué preferiría el escriba, la diatriba pública o el silencio cómplice?
¿Qué pretende el escriba?
Aclaró que deben ser castigados quienes cometieron violaciones a los Derechos Humanos. Entonces, ¿qué busca? Entendemos que evitar la condena social.
Propongo un ejercicio: comparemos qué hacían los colaboracionistas del Proceso mientras madres sollozaban en silencio sin siquiera saber si una hija suya era violada.
Comparemos y votemos.
Comparemos qué hicieron los jueces procesistas mientras abogados que presentaban habeas corpus eran detenidos, torturados y alejados de sus hijos. ¿Qué dice nuestra Constitución Provincial?
Veamos qué hicieron antes y qué hacen ahora.
Comparemos y enjuiciemos políticamente.
Propongo que miremos el espejo retrovisor para que, con Memoria, Verdad y Justicia, Nunca Más.
 

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