La restauración conservadora

domingo, 29 de noviembre de 2015 00:00
domingo, 29 de noviembre de 2015 00:00

Cuando todavía se siguen contando los votos que darán el triunfo –por escasísimo margen– a Mauricio, que es Macri, se conocieron los miembros de su Gabinete. La paridad fifty-fifty entre ambos candidatos pone cierto límite a los exultantes pronósticos que se tiraron el domingo a la noche, cuando la diferencia no era, ni por asomo, tan exigua como la actual.
Ya se hablaba de un voto castigo al modelo, que se venía una nueva conducción del peronismo antiK, un peronismo light o del tipo 2.0. Sin dudas, la lectura política de la elección es que “el modelo” liderado electoralmente por Daniel Scioli, después de 12 años de gestión, y con el asedio constante de las corporaciones mediáticas y empresariales más concentradas, ha dado una batalla más que digna.
El estrecho margen muestra que la mitad de los argentinos optó por apoyar un modelo y a un candidato que se había comprometido a hacer el service necesario para profundizarlo, promoviendo como objetivo central la agenda del desarrollo económico y la aceleración del proceso de reindustrialización.
No alcanzó, pero existe –contra lo que se vaticinaba– una alta revalorización popular de la década ganada, que se expresa también en los altos niveles de aceptación que mantiene la presidenta de la Nación. La transición, por más ruido que quieran meter desde los medios, está siendo más que ordenada y el oficialismo esta semana, alcanzando el quórum en diputados y aprobando 96 proyectos, ya avisó que va a gobernar sin pausa y total legitimidad hasta el 10 de diciembre, que no es otra cosa que respetar la Constitución. A partir de ese día, será la hora de la verdad en cuanto a cuáles serán las primeras medidas tomadas por el nuevo gobierno. No obstante, la conformación del Gabinete económico y el nuevo organigrama brindan algunas pistas.
Que el actual Ministerio de Industria quede como una secretaría en el ámbito de un nuevo Ministerio de la Producción, señala que desde el PRO se le asigna una importancia menor al sector en esta nueva etapa. En cambio, Agricultura sigue como ministerio, toda una señal para las patronales agropecuarias, que ya cuentan, además, con un ministro propio, el dirigente de CRA Ricardo Buryaile. Por otra parte, la eliminación del Ministerio de Economía y su remplazo por seis ministerios “temáticos” o sectoriales, ratifican que la intervención y regulación de la economía serán prescindentes.
En otras palabras, la microeconomía tendrá un lugar de mayor protagonismo que la macroeconomía ya que, como lo entiende el neoliberalismo, a la macro la debe manejar el mercado y no el Estado. Otro rasgo distintivo fue haber designado al ministro de Trabajo con posterioridad al resto del Gabinete económico y la nula mención o importancia que se le ha dado a la difusión de las nuevas autoridades y las políticas que llevará adelante el Ministerio de Desarrollo Social, toda una señal sobre el perfil de la nueva administración.
Si bien el valor del dólar ilegal cerró la semana un poco por debajo de los $ 15, tampoco se desplomó como pensaban los analistas del establishment que pronosticaban un certero shock de confianza si las elecciones eran para el PRO. La única confianza que tienen los mercados es que más temprano que tarde vendrá la devaluación más anunciada de la historia económica argentina e impactará fuertemente sobre los precios y, acto seguido, sobre los salarios.
Tal es así que, sin haberse concretado y con un dólar ilegal declinante, se observaron ya desde antes del 22 de noviembre aumentos “preventivos” en muchos productos. Desde la bolsa de harina, pasando por electrodomésticos, las bobinas de papel, el cemento, artículos de limpieza e higiene, lácteos, se movieron al compás de las expectativas de devaluación, contradiciendo al ministro de Hacienda y Finanzas electo, Alfonso Prat-Gay, que cuando era un simple mortal, hace 20 días, señalaba que una devaluación del dólar oficial no impactaría sobre los precios porque éstos ya se habían ajustado al nivel del dólar blue.
Mala tuya, Alf, porque el dólar blue bajó de $ 16,05 a $ 14,98 y los precios en lugar de bajar, subieron. Pero viene más. El flamante ministro de Energía y Minería y ex CEO de Shell, Juan José Aranguren, ya anunció que se modificará el “cuadro tarifario de electricidad”.
En lugar de decir que van a incrementar las tarifas de luz, eufemísticamente señala que se les va a dar “racionalidad” a los precios. Las palabras que más vamos a escuchar en los próximos días son sinceramiento y racionalidad, como si los precios tuvieran sentimientos o sensatez en sí mismos. Los precios, no son personas, los manejan personas y empresas, y no se establecen automáticamente a través de una lógica perteneciente al orden natural de una supuesta mano invisible del mercado de competencia perfecta.
Creer en la racionalidad de los precios es entregar a la mayoría de la población a los designios de los formadores de precios y evitar que sean cuidados por el Estado. Nadie puede estar sorprendido por los nombres del Gabinete PRO-mercado. En efecto, no se esperaba a un empresario pyme al frente del Ministerio de la Producción ni a un pequeño chacarero al mando de Agricultura. Tampoco al presidente de una mutual o una cooperativa al frente del Ministerio de Hacienda y Finanzas, sino que fue reservado para un representante de la banca extranjera.
La Argentina cambia el perfil de sus funcionarios públicos radicalmente, y la política ahora es conducida por los gerentes y CEOs de grandes empresas extranjeras. Es el manual del neoliberalismo. Para muestra sobra un gerente. El presidente de la asociación que aglutina a los bancos extranjeros en nuestro país (ABA), Claudio Cesario, opinó ayer que el equipo del presidente electo “es el Barcelona”, comparándolo con el equipo de fútbol español. No hay mucho más que agregar, salvo que la pelota, seremos la mayoría de los argentinos.

Por Alejandro Robba - Publicado en Infonews

 

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