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Así se baila el tango

Por Mario Alonso.
jueves, 10 de septiembre de 2015 00:00
jueves, 10 de septiembre de 2015 00:00

“PARA ESTAS FILIGRANAS YO SOY COMO UN PINTOR”.

Comenzó como una danza de hombres y luego llegó a los prostíbulos. Hoy es un ritual de seducción con códigos estrictos, tanto el baile de salón, como el del ambiente arrabalero.


BIEN JAILAFE: La palabra jailafe es un barbarismo por high life: alta sociedad, elegancia. Los tangueros, no importa su origen, son jailaifes, y ello incluye los zapatos bien lustrados, brillantes como espejos, y tacos altos en la mujer.

EL SANGUCHITO: El hombre traba el paso de la mujer, y la invita a seguir el paso. Ella acepta o no. Si acepta, y termina con un corte, la pareja se está armando. Es uno de los pasos más seductores de esta danza de por sí seductora.

DE SALÓN: En esta variante, los cortes, las quebradas y los ochos están interdictos. Fue el tango que se bailó en el centro de la ciudad, y rechazaba todas estas figuras para diferenciarse del modo que lo danzaban los orilleros.

EL GIRO: “Yo no aprendí a bailar el tango para no recular, que es de cobardes”, decían los malevos. Pero sí lo bailaban, y para evitar el retroceso, hacían que la compañera diera un giro y luego seguían para adelante.

EL OCHO: Equivale a un coqueteo, sugerido y aceptado. La mano del hombre manda una señal a la cintura de su compañera, quien responde dibujando un ocho con sus pies. Es una de las figuras más brillantes de la danza.

LA MILONGA: El tango suele ser melancólico, pero esta hermana mayor es siempre alegre y festiva. Arrabalera, rápida y vital, combina elegancia y destreza. Los pies marcan un cuadrado en la pista, con cruces, caminatas y muchos ochos.

CHAN - CHAN: La danza jamás finaliza con un paso inconcluso. Eso sería descalificante. Cualesquiera sean la coreografía y el estilo que se hayan elegido, termina con la pareja mirándose a los ojos, bien próximos, como si el amor que cantó la música se consumara.


Nació en los corrales viejos

En principio fue la milonga, danza provocativa y orillera, que se originó cuando los criollos imitaban, para burlarse, el candombe de los negros. En 1812, José Hernández le hace decir a Martín Fierro: “Supe una vez, por desgracia/ que había un baile por allí,/ y medio desesperao / a ver la milonga fui”. Ya en esa época la palabra milonga equivalía a reunión con baile incluido, no importa cual fuera el ritmo. Pero el tango es posterior. Si hay que creerle al poeta Miguel Camino, “Nació en los Corrales Viejos, allá por el año ochenta (1880). El lugar, actual Parque Patricios- se llamaba así, para diferenciarlo de los Corrales Nuevos que acababan de inaugurarse en Mataderos. Alrededor de las Corrales había prostíbulos para atender a las troperos que arreaban la hacienda, y esa danza, que primero bailaron sólo los hombres, casi sueltos, se volvió “pecaminosa” cuando los orilleros apretaron contra sus pechos a las pupilas de las casas de tolerancia. Hacia 1900, el tango -cadencia que según algunos especialistas procede de la habanera cubana, traída por los marineros- llegó al centro y más adelante se “adentró” y fue aceptado y celebrado.

JUAN CARLOS COPES considerado uno de los grandes bailarines y coreógrafos de la historia del tango, y que ha difundido las características de la danza porteña en los más variados escenarios del mundo, nos cuenta que cuando tenía dieciséis años, vivía en Mataderos y el tango formaba parte esencial de la vida cotidiana: todo el tiempo y en todo lugar se oía sólo el sonido del bandoneón.

Con sus amigos del barrio se escapaban a clubes de baile en los que la entrada sólo estaba reservada para los malevos. Era algo nuevo para ellos y tanto los deslumbraba que se quedaban durante horas mirando las maravillas que estos hombres hacían con sus cuerpos. De a poco comenzó a aprender los distintas códigos de la danza: cómo moverse, de qué manera llevar a la pareja, qué decir, la mirada y el gesto apropiados. Es decir, esas leyes no escritas que son esenciales para cualquier pareja de baile. Hasta había algunos clubes donde pagaban unos centavos y podían practicar algunos pasos con otros hombres y después ponerlos en práctica con las mujeres.

El baile del tango pasó por distintos momentos, pero sin duda en los últimos tiempos el fenómeno que se da en el extranjero, por el que todo el mundo quiere aprender a bailar, ayuda a mantener vivo el espíritu con el que creció y se alimentó la música de Buenos Aires.

Comentarios

13/2/2018 | 19:11
#149006
Quisiera ver videos

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