Dos imágenes patéticas

domingo, 13 de septiembre de 2015 00:00
domingo, 13 de septiembre de 2015 00:00

El mundo y nuestro país fueron conmovidos por dos fotografías que en primera plana impresionaron por su crueldad. Ambas muestran dos niños muertos por similares causas y pretenden demostrar la problemática del mundo actual. Pero resulta que si nos remontamos a la historia, veremos que representan consecuencias de un mundo cruel e injusto, cuyas causas están en lo que se conoce como colonialismo imperialista.
En nuestro continente, los 500 años de saqueo de la cultura y recursos naturales que poseía recién están siendo reconocidos por los representantes de sus autores materiales y espirituales. El Papa Francisco se animó a pedir perdón por las consecuencias de la conquista encabezada por la espada y la cruz. ¿Cuántos niños murieron en este genocidio de 100 millones de almas que no aparecieron en la tapa de los diarios? El Taki Ongoy fue el único grito solitario que en el altiplano denunció la masacre y sus consecuencias.
Pasemos ahora al otro lado del charco. África y Asia fueron colonizadas y luego repartidas por los ganadores de las dos guerras mundiales, pauperizando a ambos continentes. En el camino de la revolución industrial que produjo el primer mundo quedaron miles de niños desnutridos que fueron ignorados por siglos y que ahora cuando se lanzan hacia la tierra de los ganadores para pedir trabajo quedan en sus costas como jalones demandantes de las consecuencias producidas y gritan para salir en primera plana ya sin vida. Los cadáveres en las fastuosas playas europeas son el presente de la deuda externa que el viejo continente tiene con sus viejas colonias devastadas. Ahora se acuerdan y tiran la moneda para ver cuántos entran y cuántos retoman a su terruño sin esperanza. Éste es el primer mundo que muchos ven como el ejemplo a seguir. No saben cómo solucionar el problema que crearon. Por esta realidad existieron Tupac Amaru, Gandhi, Ho Chi Min, Mandela y José Martí, quién con un niño en brazos en el Malecón de la Habana señala al Norte denunciando a los responsables de tanta crueldad e injusticia. Ahora se asombran por muertes que son consecuencia de las políticas coloniales y neoliberales de siglos y que siempre acompañaron y aplaudieron. Los apóstatas e hipócritas neoliberales usan las desgracias que colaboraron a tapar por siglos y que ahora visualizan por conveniencia política del momento. Los niños muertos son una denuncia hacia el saqueo de los pueblos originarios de América y contra los permanentes bombardeos a las milenarias culturas de oriente y focos de guerra que crean para quedarse con los recursos naturales que necesitan. Pero la máscara se cae y aparece el verdadero rostro del sistema capitalista, que disfrazado de democrático nos llevó a este mundo desigual, agrietado, violento y resentido.
La globalización y los tratados de libre comercio son el arma con que pretenden dividir a las regiones para lograr imponer sus oscuros intereses. Y cuando encuentran resistencia en los pueblos, crean fantasmas y estimulan a grupos mercenarios y terroristas para que por tierra invadan países y ellos por aire destruyen sin escrúpulos las reliquias que la humanidad atesora por milenios.
Aylan Kuerdi y Oscar Sánchez pasaron a ser símbolos de la decadencia moral, cultural y económica social de quienes manejan el mundo, mientras sus metrópolis son las cuevas de los buitres que lo sobrevuelan buscando el mejor bocado para su angurria abominable.
El oro del Potosí, el petróleo de medio oriente y los diamantes del África son la deuda externa que tienen con el mundo y con los miles de niños que quedaron en el camino.

Alberto Cerda Espósito
DNI 8.043.709

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