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La verdad fotográfica, documental, social e histórica de Catamarca

jueves, 17 de septiembre de 2015 00:00
jueves, 17 de septiembre de 2015 00:00

Digo que la verdad, tal cual es en su contenido integral, está a mi lado y me acompaña. Es un libro de gran formato y “donosura”, por la calidad extra del papel y su presentación, que lo muestra en todo su valer. De 27.5 cm x 22.5 cm de largo y ancho, con un tono azul que lo viste en tapa y contratapa.

Literalmente lleva el nombre de “Catamarca de Antaño”, fotografía 1845-1935, prácticamente una centuria. Su autor es el abogado Pablo Loumagne, cuya fotografía y antecedente se muestran en la contratapa.

Digo también que, por todo ello, es un libro valioso y admirable, totalmente relevante, por su contenido de índole social, política e histórica, cuanto más, “catamarqueño”, como la identidad de su autor, un catamarqueño de pura cepa, nacido en estos lares el 24 de diciembre de 1928.

Agregamos que es de profesión abogado, con un amplio currículum de desempeño en el campo de la Judicatura. Llegando a ejercer las funciones de juez de la Cámara de Crimen y juez
en el Tribunal Oral en lo Criminal de la Capital Federal.

La edición que salió a la luz en julio de 2002 está compuesta por 700 ejemplares. Fue editada por la impresora Artes Gráficas Nes-Dan, de la ciudad de Buenos Aires.
El libro tiene un claro sentido de homenaje y gratitud a su señor padre, de tal suerte que su retrato se muestra de cuerpo entero y en la tapa, junto a su esposa. Ellos son: Don Paul Emil
Loumagne y María Elena Lesné Defaux; homenaje extensivo a sus queridos hermanos: Pablo Gastón, María Elena L. de Venturini y Carlos Alberto Venturini.

En mi caso, de ciudadano comprador, me acompaña el ejemplar N° 00283, adquirido el 19 de marzo de 2003 a la Asociación Amigos del Museo Histórico de Catamarca, institución receptora de la donación que le fuera realizada con intervención de un escribano público.

En particular, la repetida vista, lectura y meditación del magno libro, de un modo u otro, no terminan de dejarme “espiritualmente en suspenso”, ya que lo recorrí y “caminé a pie firme” de un extremo al otro; valorando, gustando, admirando y hasta doliéndome de cuanto sus páginas, figuras y paisajes me mostraban. Sin duda alguna, “volvía” de un lejano ayer de una centuria (1845-1935), en la que hombres de pro, mujeres y hombres del común y de abolengo social, inclusive gobernantes, comerciantes y profesionales del derecho y la medicina habían “vivido sus vidas” trabajando, riendo y hasta llorando, por una causal u otra, de modo tal que dejaron de serme “indiferentes”. Eran los “otros yo” de un ayer lejano que volvían a “corporizarse” y a mostrarse en todo su quehacer humano de vivir en bien de cada día, tal vez con una lágrima escondida, pugnando por salir en cada paso que se daba.


Luis Alberto Cárdenas
Ciudadano
DNI Nº 3.426.135
11 de noviembre de 1925

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