Opinión

Vuelo de atardecer

domingo, 15 de octubre de 2017 00:00
domingo, 15 de octubre de 2017 00:00

La claridad de los antiguos griegos -siglo IV antes de Cristo- atravesó la historia de la humanidad. En Grecia hay un símbolo tradicional: la imagen del búho. ¿Por qué? Porque es el ave que levanta vuelo al atardecer. Nos llega como una representación de la sabiduría, pero el vuelo señala la conciencia que tenían aquellos hombres de estar elevándose ante la penumbra de la época.

La lectura de Paideia, sobre el ideal educativo griego, las obras que nos llegaron de Platón y Aristóteles muestran las alturas que alcanzaron. Señorea ese vuelo la visión de la justicia. Para Platón, una virtud universal, totalizadora, armonizadora.

Regula los actos, los deberes, las funciones. Determina lo que se debe hacer para el bien común. Aristóteles subraya la alteridad en el campo de lo social. La justicia, como virtud y valor, tiene una profundización en la historia y la filosofía del derecho.

Tan importante es para la vida social que el gran Juan Pablo II hizo redactar el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia derivado del séptimo Mandamiento: “No robarás”: Alusión directa a la justicia.

Shakespeare en su obra Troilus and Cressida nos hace pensar en la justicia desde otro ángulo: “Oh, si se quebranta el orden… Sería pues señor del débil el violento, y la brutalidad del hijo causaría la muerte del padre. Sería la fuerza el derecho; o más bien ‘derecho’ y ‘torcido’ -entre cuyo conflicto sin fin se yergue la justicia- perderían sus nombres, igual que la justicia misma.


Estarían pendientes del poder todas las cosas, y el poder, del antojo; el antojo, del apetito; y el apetito, cual lobo universal, doblemente ayudado por el poder y el antojo, fatalmente haría presa de todo el universo, hasta devorarse en fin él mismo.


Cuando es entonces ahogada toda jerarquía es este el caos que sucede a ese ahogo”. 
Ante una novela televisiva, si fuera el caso, se decía: los hechos y personajes del siguiente programa son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

El escenario del mundo no muestra ficciones: el conflicto en Cataluña, los cristianos perseguidos en tantas latitudes, la amenaza de Corea del Norte y la respuesta a esa amenaza, el caos en Venezuela, la llamada “limpieza étnica” en Myanmar, la imposición casi dictatorial de la ideología de género, la estrategia internacional abortista y un largo etc.

En nuestro país, menciono al pasar, el ministerio público al servicio de una ideología o partido y tantas cosas que hieren a la misma justicia.

La realidad supera la comedia conflictiva de Shakespeare y con su estilo sale del corazón: ¡Oh si se respeta el orden! Desplegaríamos el vuelo, como civilización, en el atardecer de la época. 

 


Carlos Alberto Díaz  

Mag. en Gobierno y Cultura de las Organizaciones
Lic. en Organización  y Gestión Educativa

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Comentarios

15/10/2017 | 13:16
#1
Redondeame la idea máster. ¿Adonde queres llegar? ¿Que estas queriendo justificar ahora?

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