(a la memoria de Carlos Orlando Acevedo)

Cuando un amigo se va

viernes, 3 de noviembre de 2017 00:00
viernes, 3 de noviembre de 2017 00:00

Así, de repente, casi sin que alcanzáramos a darnos cuenta, pero de modo tan inapelable, alguien de nuestro mundo más próximo, de nuestros más caros afectos, se va. Se nos va. Casi en silencio.

Quizá silencio a propósito, para que no hagamos olas, para que no parezca tan tremenda esa súbita ausencia, inesperada, rechazada en el fondo de nuestros corazones aunque en algún momento pensáramos que tal vez fuera un final probable.

Pareciera que la vida quiere mostrarnos en esos gestos brutales la debilidad de nuestra finitud, la fragilidad de nuestros sueños y proyectos, la temporalidad inexorable de nuestras propias existencias. Y a lo mejor también hacernos reflexionar, aún en medio del dolor, en la necesidad de vivir cada momento en plenitud, de entregarnos más a los afectos y menos a las cosas.

Y en ese de pronto nos encontramos pensando siempre, siempre, entre broncas y porqués, en las palabras que no dijimos, en los abrazos que no dimos, en el afecto que no compartimos, en tantas cosas que pudiéramos haber entregado de corazón a esa persona que hoy se adelantó en ese camino que transitaremos todos.

Carlitos Acevedo, querido amigo, compañero de tertulias, de charlas, de viajes, de fantasías, de reflexiones, de música, de alegrías, de sueños. Te echaremos de menos. Te echaré de menos. Habíamos compartido tantas buenas cosas en los últimos tiempos.

Pero nos quedan seguramente para siempre en la memoria, entre anécdotas y buenos recuerdos, tu risa, tus bromas, tu amistad sincera, tu gran corazón generoso y solidario, tu entrega íntegra y franca.

Un abrazo grande donde estés, hermano querido, nos vemos seguramente en cualquier momento.

 

Con mucho afecto, Julio

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