Las calles de mi ciudad

martes, 12 de diciembre de 2017 00:02
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A propósito de una publicación aparecida en un medio de prensa  local el día 6 de diciembre, que da  cuenta de que el municipio empezó a unificar el nombre de las calles obedeciendo estas labores a la ejecución del contenido de la ordenanza nº 6278/ del 4 de diciembre del 2015, debo decir que  el nombre de las calles de una ciudad no simbolizan una cuestión menor en la vida de sus vecinos. Representan su propia idiosincrasia, entendido esto como el modo de expresar su especial temperamento, su forma de ser y ver de manera conveniente y peculiar el paso de tiempo.
En efecto, con la aprobación de la Carta Orgánica Municipal para la municipalidad de la Capital, ocurrida un 29 de diciembre de 1993, bien definida en su epílogo por ella misma, como “La ley fundamental de la ciudad”, su artículo 55 establece los “deberes y atribuciones  del  Concejo Deliberante”, otorgando la potestad a éste de “imponer nombres a calles, plazas, pasajes, paseos, parques  y  demás  lugares  públicos, los que una vez impuestos no podrán ser modificados”, y jerarquiza la aprobación de la correspondiente ordenanza con el arbitrio de la doble lectura para su sanción.
El recurso de la doble lectura está dado como una forma de ampliar el espectro de participación ciudadana en la vida institucional del municipio, consistente en la novedosa innovación de recabar la opinión del pueblo, a fin de someterlas luego a un nuevo tratamiento.
El artículo 61 enumera en doce incisos las ordenanzas que, según su temática, deben ser sometidas a doble lectura, entre las cuales se cuentan las referidas a fijar “nombres a calles, plazas, pasajes, paseos, parques y demás lugares públicos”.
A fin de ser más ilustrativo sobre el tema que se aborda, debe decirse que cinco nomenclaturas históricas se ocuparon de dar nombres a las calles de la ciudad. La primera data del 7 de diciembre de 1856. Gobernaba la provincia el Gral. Octaviano Navarro, que a fin de ser muy breve llamó a la calle República, la principal de la ciudad, General Urquiza. 19 años después el mismo mandatario,  en  un segundo mandato, dictó un decreto (1875) por el que se le dio una nueva nomenclatura. Al calor de las pasiones políticas, la calle República dividía en dos la ciudad.
Tercera nomenclatura: hacia 1887 gobernaba la provincia el Coronel José Silvano Daza y la Comisión Municipal era presidida por Simón Avellaneda, quien con fecha 23 de marzo de 1887 dictó una resolución por intermedio de la que sustituían los nombres de las calles por números y letras de la siguiente manera: las orientadas de Este a Oeste se identificarían con letras siguiendo el orden alfabético. Las orientadas de Norte a Sur, por número de orden.
Cuarta nomenclatura: luego de la última nomenclatura ocurrida en el año 1887, algunos nombres fueron suplidos por otros que al parecer no contaron con la aprobación de la opinión pública, por cuanto siguieron denominándose por sus antiguas designaciones.
Recién un 31 de mayo de 1974, el Concejo Deliberante de San Fernando del Valle de Catamarca, bajo la presidencia de Eduardo Mayda y la secretaría de Víctor Manuel Bollada, con los auspicios de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca, en la persona de Gaspar H. Guzmán, sancionó la ordenanza Nº 691, norma que pretendió pasar en limpio lo relativo al nombre de las calles de la ciudad, consignándose las designaciones que se conocen en la actualidad, en las que se agrega además una breve definición biográfica o descriptiva.
La regla citada, de manera difusa, determina como punto fijo de referencia para la nomenclatura de las calles: “El ubicado en el nacimiento de las siguientes avenidas: al Norte: avenida Moisés Varela (hoy Virgen del Valle), formando el eje Norte; al Sud: avenida Mitre (hoy Virgen del Valle), Lindor Sotomayor, Urquiza (hoy Virgen del Valle), Güemes, Caseros, Mardoqueo Molina y Manuel Navarro, formando el eje Sud; al Este: avenida Belgrano y avenida Presidente Castillo, formando el eje Este; y al Oeste: avenida Bartolomé de Castro (nombre actual, avenida Arturo Umberto Illia) formando el eje Oeste”. 
Todo esto era respaldado por un plano que en escala 1: 10.000 firmaron el agrimensor Juan Carlos Alfonso y la agrimensora Rosa Dentone de Tazaki, como director y jefe técnico de la dirección provincial de Catastro respectivamente, dibujado por Julio Rolando Leguizamón, conteniendo 342 arterias.
Aduciendo como fundamento la administración de Señalización Urbana de la Municipalidad, se dio a conocer que se están efectuando cambios en los nomencladores de avenidas y calles de esta ciudad para mantener el orden en el tránsito de vehículos y peatones, o sea, se están reponiendo los carteles indicadores del nombre de las calles caprichosamente, violando el artículo 55 de la Ley Fundamental de la ciudad. A fin de simplificar lo engorroso de este tema, digamos lo siguiente: la nota periodística dice “la avenida Güemes hacia el Oeste ya no cambiará su nombre por Sánchez Oviedo ni Antonio del Pino”. Pero la legislación vigente determina todo lo contrario. El nombre “Antonio del Pino” le ha sido impuesto por designio de la ordenanza Nº 691, de fecha 31 de mayo de 1974, por lo que, según lo estipulado en el artículo 55 de la Carta Orgánica, por ninguna razón puede ser modificado
Ocurre algo parecido con Sánchez Oviedo. El nombre de esta tan transitada avenida no es sólo fijado por lo dispuesto por ordenanza Nº 691 de fecha 31 de mayo de 1974, sino que también ya es tenido en cuenta por ordenanza 522/65, decreto 761 del año 1965. Homenajea esta arteria a Cornelio Sánchez Oviedo.
Cuando el administrador de Señalización Urbana se refiere a que su labor consiste en hacer cumplir la ordenanza Nº 6278/15, se trata de una norma que desconoce el contenido de la ordenanza Nº 691, violando en consecuencia el artículo 55 de la Carta Orgánica.
Cuando habla de la avenida Güemes, menciona la calle Juan Chelemín, desconociendo la ordenanza Nº 3778, de fecha 8 de mayo de 2004; y cuando refiere a la calle  Luisa María Sesín a fin de no violar el artículo 55 de la Carta Orgánica, se debe consultar a la ordenanza Nº 2934 de fecha 7/12/95.
Continuar analizando las labores emprendidas sobre este tema es por  demás reiterativo, razón  por la cual aprovecho este momento para recordar al intendente Adán Quiroga cuando dijo que deben considerarse en este asunto “nombres de hechos de nuestra historia nacional o local, y de esclarecidos ciudadanos que han prestado servicios al país, recordándose públicamente y diariamente a los que se han hecho acreedores a la gratitud póstuma, despertando en el pueblo la natural curiosidad de investigar el por qué de esas denominaciones”. Ocurrió un 29 de marzo de 1892.                  

Ángel Omar Moya
DNI 11.387.639

Comentarios

12/12/2017 | 10:10
#1
Yo sigo llamándolas Av. Mitre y Av. Urquiza . Con el nuevo nombre ...., ya se imaginan lo que hago.-

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