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La noticia de la semana

domingo, 16 de diciembre de 2018 00:00
domingo, 16 de diciembre de 2018 00:00

Por Mariano Fredes

 

Sin dudas que el tema sobresaliente de la última semana fue la ola de denuncias que se registraron en todo el país, por parte de mujeres que padecieron abusos sexuales en algún mo-mento de sus vidas.

La descarnada presentación pública del caso de la actriz Thelma Fardin, fue la dolorosa llave que abrió las compuertas para liberar traumáticas experiencias contenidas durante años por miles y miles de mujeres, que se decidieron a romper el silencio.

El fenómeno conmovió a toda la Argentina y repercutió con fuerza también en Catamarca, donde las redes sociales fueron la plataforma elegida para revelar toda clase de experiencias sufridas por mujeres víctimas del machismo y la crueldad de parejas, amigos, desconocidos, familiares u ocasionales compañeros.

Como padre de dos pequeñas hijas, que son mi vida, no puedo más que respaldar y acompañar esta rebelión, y sumarme a la condena de cualquier acto de abuso o violencia contra las mujeres.

Celebro por ello que cada mujer se sienta respaldada, como siento que es obligación de todo hombre de bien sumarse y darles fuerza para que nunca más exista el temor de denunciar a un agresor.

Es necesario también que la Justicia actúe con fuerza, y cada culpable reciba su castigo.

En este punto tengo que detenerme, y recordar que para que la Justicia pueda actuar, las denuncias deben ser formales. Como una primera y masiva reacción, los mensajes en redes sociales cumplieron su función. Pero de poco servirá si allí termina todo, porque no puede avanzarse judicialmente desde un desahogo público.

También es importante señalar el riesgo de alentar los denominados “escraches”, porque el carácter indomable de las redes, abre el riesgo de que se filtre una falsa denuncia, desde un perfil también falso, y se lesione el honor de una persona ajena a este delito.

Que se avance con las denuncias, pero desde un terreno más firme, porque el peligro mayor es que si todo queda en un grito clandestino, esta reacción tan profunda podría terminar por desvirtuarse o debilitarse.

Como cada semana, sumo a mi visión la opinión de otras personas interesadas en el problema.

PIA CABRAL: Una decisión política

Contenidas en la efervescencia que causó la denuncia pública que realizó el Colectivo de Actrices Argentinas en la que Thelma Fardin contó el ultraje que vivió casi diez años atrás, cien-tos de chicas catamarqueñas empezaron a contar sus propias historias en las redes sociales. Rápidamente se armaron páginas y perfiles y todos asistimos a la realidad de los más crueles testimonios.

Algunas lo hicieron mostrando su identidad, otras prefirieron reservarse. Páginas feministas abrieron sus espacios para reproducir las historias, con la condición de que fueran en primera persona, para resguardar la fidelidad de las denuncias.

La Argentina tiene hoy un sistema punitivo patriarcal que revictimiza, degrada y excluye a la mujer y a los menores abusados en general en el intento por obtener una respuesta, y no está a la altura del trauma que significa un abuso o violación.

Eso lo sabemos las mujeres. Y lo sabemos porque en Argentina se denuncia un abuso cada una hora y media. En Catamarca la diferencia se amplía a una denuncia cada 36 horas.

El fenómeno espontáneo de las denuncias públicas se hizo rápidamente masivo, con la de-nuncia de Ingrid Figueroa al sacerdote Moisés Pachado, más chicas se animaron a hablar.

Muchos se apuraron en advertir que las denuncias deben hacerse en la justicia. Las redes sociales no son un tribunal, lo sabemos. Pero es que nos siguen abusando, matando, desapareciendo, golpeando, y la justicia, ése abstracto burocrático, no responde al ritmo en el que suceden las atrocidades que todos sabemos, y que hoy están bien legibles con nombre y apellido en las redes.

Apoyar y contener a las chicas que hoy se animan a hablar no es políticamente correcto, pero es una decisión política.

“La presunción de inocencia es jurídica. La rebelión de las mujeres es política. Los escraches se usan cuando los caminos de reclamo ciudadano están cerrados. Si se confunden tengan paciencia y escuchen, una escucha humilde y sensible, no se apuren a opinar. Ese es ahora el lugar”, reflexionó acerca de este fenómeno la pensadora Diana Maffía.

“El apoyo colectivo, las denuncias públicas, el escrache social están supliendo un lugar que ni el Estado ni la Justicia ocupan. Es amparo y advertencia para todas las mujeres y diversidades sexuales que somos el blanco, es un grito a la reflexión y al cambio “, escribió Margarita Molfino para Infobae.

Así que muchachos: Bienvenidos a la vulnerabilidad.

(* Periodista y militante de género. Integra el colectivo de Mujeres Feministas Catamarqueñas "Las Eulalias")

YÉMINA CASTELLINO: Mira cómo nos ponemos

Sin lugar a dudas el movimiento feminista nunca imaginó la ola de voces de mujeres que ge-neraría el acompañamiento de las Actrices Argentinas a Thelma Fardín el martes, mientras contaba públicamente que el actor Juan Darthes la había abusado cuando tenía sólo 16 años durante una gira que realizaron en Nicaragua.

Esas voces comenzaron a hablar minutos después de escuchar y ver como las mismas porta-doras lloraban conmovidas ante la violencia relatada y se abrazaban sin pudor, ni ficción, ante las cámaras que las filmaron mil veces en otros contextos. Yo  misma fui testigo presente de ese desborde, de ese ejercicio de sororidad y hermandad de género  que comenzamos a experimentar este año quienes formamos parte de la Campaña por el Derecho al Aborto y la Educación Sexual Integral en las escuelas.  

“Mira cómo nos ponemos” fue la frase disparador que nos interpeló a todas las mujeres del país y también en Catamarca. La opresión de siglos y  el silencio obligado se revelaron en el interior de cada una y nos animamos a ser revolucionarias oradoras de nuestra realidad ante una masa patriarcal que escuchaba atónita el ruido de las cadenas que caían. 

Nunca, como en estos días, en donde la ola de denuncias por abuso sexual, violencia de género, acoso, vulneraciones de derechos fundamentales como la libertad, que aún continúa; se volvió tan consciente el sistema patriarcal y sus consecuencias. Si, todas fuimos violenta-das alguna vez de una u otra forma. Sí, todas seguimos siendo abusadas, humilladas, descalificadas y discriminadas sólo por ser mujeres.

Responderle al sistema por qué callamos el dolor de la violencia, por qué sí o por qué no realizamos una denuncia formal, no es algo que el movimiento feminista tenga en mente responder en este momento. Esto es así, simplemente porque respetamos nuestros tiempos, nuestras decisiones y porque no tenemos por qué contestarle las dudas a un sistema que consideramos que ya no puede seguir cuestionando nuestros derechos y que él mismo en su seno, tiene la respuesta. 

Ahora es nuestro momento de curarnos y sanarnos. Es nuestro momento de sacarnos de una vez y para siempre el miedo que nos internalizaron, de escucharnos y de abrazarnos.

 La resistencia desatada tampoco nos preocupa, porque todas somos conscientes que el día que nos decimos a ponernos el color verde iniciaba nuestra revolución interna. Nuestra revolución sin armas, nuestra revolución de voces que no callan y que creen en la otra y en un mundo de igualdad. 

 

(* Periodista)

60%
Satisfacción
13%
Esperanza
4%
Bronca
2%
Tristeza
8%
Incertidumbre
10%
Indiferencia

Comentarios

13/01/2019 | 11:51
#1
La propia hermana (qué media hermana ni media hermana...)dice que es mentira. ¿Claro! Si cada vez que tenía algo con un chcio...se lo contaba! ¿Y justo un abuso de DARTHÉS no le iba a contar? Y lo de militante del género...¿qué significa? ¿Que apoya a los LGBT? ¿O forma parte de ese grupo de disconformes con su sexo (DcsSx) ? Respetemos la genitalidad de cada uno como respetamos toda la vida la genitalidad de monjas y sacerdotes...pero que sea discreta, no pretenciosa que todos los niños los sigan...

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