Correo y opinión

Bolivia y Cambiemos

miércoles, 13 de noviembre de 2019 00:37
miércoles, 13 de noviembre de 2019 00:37

Desde las PASO el 11 de agosto, la unidad de Cambiemos está en la cuerda floja y las diferencias internas respecto del golpe de Estado contra el presidente de Bolivia, Evo Morales, está sacudiendo con fuerza esa precaria estabilidad oficialista. Quedó explícitamente claro en las últimas horas quiénes son los integrantes de la alianza que rechazan la interrupción del orden democrático boliviano y quiénes apoyan, con palabras o silencios, a los sectores que forzaron la renuncia de Morales y que conducen al país hacia no sé sabe aún qué destinos.


Hasta ahora, las diferencias de criterio en Cambiemos se redujeron a un par de tuits y a comunicaciones telefónicas entre líderes radicales y el presidente Mauricio Macri en las que el mandatario intentó explicar -con tan poco éxito como su canciller, Jorge Faurie- que mientras los militares no tomen el poder, la situación en Bolivia no puede ser considerada un golpe. 
Pero mañana llegará el momento de anotar en papel y por escrito en qué lugar se encuentra cada uno de los integrantes de Cambiemos frente al golpe, y no son pocos los que temen que esa divisoria de aguas termine por hacer explotar la interna que el intrebloque oficialista incuba desde hace exactamente tres meses.


En la Cámara de Diputados, los legisladores que integran el Frente de Todos pidieron una sesión especial en la que quieren aprobar un proyecto de declaración del Congreso argentino repudiando el golpe de Estado contra Morales. 
El texto lo redactó el diputado y probable futuro canciller, Felipe Solá, quien trabaja por estas horas en lograr respaldo del resto del arco político, con especial foco en Cambiemos.


Solá se comunicó con el jefe del interbloque oficialista en la Cámara baja, después de una pequeña telenovela doméstica. 
Fue en medio de las horas febriles que atravesó el equipo del presidente electo Alberto Fernández, quien durante el domingo se comunicó no sólo con Morales sino también con los presidentes Andrés Manuel López Obrador (México), Martín Vizcarra (Perú) y Mario Abdo (Paraguay) para garantizar la integridad física del mandatario boliviano. 


En ese contexto, Solá en tándem con el futuro presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, activaron los resortes vinculados con el Congreso.


Massa reclamó enfáticamente la aplicación de la cláusula democrática del Mercosur a Bolivia, lo que significaría su suspensión como país asociado del bloque. Solá, por su parte, redactó el proyecto de ley del peronismo para condenar el golpe, reclamar por la integridad física de Morales y el restablecimiento del orden institucional en Bolivia. 


El diputado contó en Radio Con Vos que había estado intentando comunicarse con Negri para consensuar la sesión y pedirle el apoyo de Cambiemos al texto pero no lo consiguió.


Y lo toreó: “No conseguimos hablar con Mario Negri, evidentemente porque no quiere hablar. Si está escuchando le pido que por favor se comunique conmigo”. El radical estaba en vuelo en ese momento. Cuando aterrizó, tuvo que conseguir el nuevo número de teléfono de Solá y recién ahí se produjo la comunicación.


Negri le pidió que le envíe el proyecto para conversarlo con sus diputados. El interbloque Cambiemos tendrá una reunión para evaluar los pasos a seguir. No es una situación sencilla para el jefe de la bancada. Tanto él como el máximo órgano de su partido condenaron el golpe, mientras que sus socios de PRO y la Coalición Cívica mantienen estruendosos silencios, con la honrosa excepción del diputado macrista Daniel Lipovetsky, quien ya comprometió su participación en el recinto. De hecho, es uno de los firmantes del pedido de sesión especial, que también acompañaron varios de los diputados peronistas que en las últimas elecciones respaldaron la candidatura presidencial de Roberto Lavagna.


En este escenario, el temor de Negri es claro: la ruptura de Cambiemos puede quedar evidenciada en la votación. “No quiere que le partan el Interbloque, así que va con paso firme y lento”, explicaron cerca suyo sobre sus últimos movimientos. E
l cordobés enfrenta su propia batalla interna por la conducción del bloque después del 10 de diciembre y no quiere dar ningún paso en falso que lo complique frente a su retador, Alfredo Cornejo.


También el peronismo se mueve con cautela. Manejaba con celo el proyecto redactado por Solá. 
“No lo vamos a dar a conocer hasta que sepamos bien cuántos dipus tenemos para la sesión. La pondríamos en peligro. Muchos buscan un pretexto para borrarse, aunque saben que tiene un costo”, detallaron al lado del probable canciller de Alberto Fernández.


El propio presidente electo no se privó, en este contexto, de agregar sal a la herida abierta en Cambiemos. 
Celebró, desde su cuenta de Twitter, las posturas de la UCR y de Lipovetsky frente al golpe. 
“Me tranquiliza ver que en el oficialismo hay gente con la dignidad democrática de la que otros carecen”, escribió horas después de haber intentado en vano consensuar una postura común con Mauricio Macri. 
Los festejos de Alberto poco tienen de inocentes. La estrategia del “divide y reinarás” es casi tan vieja como la política.

Noelia Barral Grigera
 

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