Columna de opinión por Rodrigo Morabito*

Las contradicciones y peligrosidad de nuestros pensamientos

martes, 26 de noviembre de 2019 00:37
martes, 26 de noviembre de 2019 00:37

Sin dudas, un determinado hecho delictivo o conducta transgresora realizada por una persona, la sociedad (que somos todos), en ocasiones, suele tener pensamientos muy contradictorios que hasta nos convierte en peligrosos.

¡Sí, claro! A veces nos quejamos y gritamos ante un hecho de violación y pedimos hasta pena de muerte al respecto, pero, sin embargo, cuando esa mujer pretende interrumpir su embarazo producto de esa violencia sexual, nos surge una falsa moral que pretende justificar ese embarazo olvidándonos o descartando por completo aquella vulneración sexual.

En otras ocasiones, actuamos como el César lo hacía en el coliseo romano luego de una lucha entre gladiadores, levantamos o bajamos el pulgar de acuerdo a nuestra conveniencia sin criticarnos o al menos observar esas claras contradicciones.

En efecto, he oído opiniones de todo tipo, con cambios asombrosos desde compadecerse por una persona hasta querer que se pudra en la cárcel.

Ahora bien, ¿a que responden todos estos cambios tan contradictorios y peligrosos? Sin dudas a la falta de tolerancia y la violencia existente, y ojo, aclaro que esto no significa para nada que debamos tolerar ni el delito ni a los “delincuentes”, sino simplemente comprender el fenómeno del delito y entender de una vez por todas que su origen está en las desigualdades sociales y a partir de allí proyectar nuestros enojos, intolerancias y reclamos.

Claro que todo delito debe tener una sanción, sin embargo, debemos poner énfasis en los cuestionamientos a esa sanción, pues no todo se soluciona con la cárcel, de hecho, creo que la cárcel nunca solucionó ni solucionará nada y eso no significa que sea un abolicionista o piense en ese sentido, pues tampoco creo en el abolicionismo radical como solución, sino tan sólo en minimizar o contrarrestar los mitos y los efectos del encierro como respuesta ante todo delito.

El tiempo nos ha demostrado (como decía Foucault) que la cárcel fue creada para castigar y corregir. ¿Castiga? Puede ser. ¿Corrige? Ciertamente no. Ergo, la reinserción social hoy en día es tan sólo una fachada para tapar el vacío existente detrás de ese fin tan esencial de la pena.

Castigar nunca será fácil, por el contrario, es muy difícil ser justo y muy fácil ser injusto, caer en el abuso de poder no es algo ajeno para las personas y, sobre todo, para el Estado que administra gran parte de ese poder para sancionar.

Por esa sencilla razón, los jueces deben siempre actuar libres de presiones y subjetividades, de lo contrario se cae en el peligro de ser peligrosos, en una justicia adormecida en sus arbitrariedades y de ese modo debería pensar el resto de la comunidad, pues quienes hoy piensen que un delito debe llevar ínsito su naturaleza intrínseca de castigo, deben también cuestionarse como será materializado ese castigo y en qué condiciones, ya que así como es efímera la vida, también puede serlo nuestra libertad y ninguno de nosotros está exento de caer en un castigo de tal magnitud.

*Juez de Responsabilidad Penal Juvenil. Profesor de la Cátedra de Derecho Penal II de la facultad de Derecho de la UNCA. Miembro de Asociación Pensamiento Penal.

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Comentarios

26/11/2019 | 17:03
#2
Por qué censuran mis comentarios?
26/11/2019 | 09:00
#1
Esta es la justicia que trata de encontrar en la sociedad responsables de su propia inoperancia.
26/11/2019 | 07:06
#0
Creer que el origen del delito esta en las desigualdades sociales es una simplificación estigmatizante . Lo que violenta a la gente es que no se cumpla con las leyes que son claras y son muchas. La cárcel fue creada para castigar y corregir pero ciertamente no corrige a nadie porque no se cumple con la ley. Si los jueces se preocuparan por el cumplimiento de la ley hoy la Argentina seria otra. La justicia tiene q reflexionar y darse cuenta de que el problema son ellos y no el sistema. Sin justicia no hay paz

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