Columna de opinión

Volver a empezar

sábado, 08 de junio de 2019 00:35
sábado, 08 de junio de 2019 00:35

La afirmación de Borges según la cual, los argentinos debieron elegir el Facundo como libro nacional en lugar del Martín Fierro, se refleja hoy en lo que llamamos: “la grieta”. Nos encontramos en el mundo de las ideas, el de la civilización versus la barbarie, el europeísmo o el gaucho. Se ponen en tensión dos modelos de país. Por un lado, el de Domingo F. Sarmiento de apertura al mundo y por el otro, el de Felipe Varela, representante de “la barbarie montonera”. Esta división, se ha convertido en una carga negativa, que arrastramos hasta hoy.

Es precisamente aquí, donde el intento revolucionario de Varela cobra relevancia como el último aliento de un país federal, que incluye la idea de americanismo que encarnaban San Martín y Bolívar.

Efectivamente, el “Quijote de Los Andes”, se alzó contra el gobierno de Bartolomé Mitre y se opuso tenazmente a la guerra del Paraguay. Un conflicto más británico que latinoamericano, que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra el país guaraní, sirviendo solo para abrir el mercado paraguayo al comercio inglés. 

Por ese entonces, Mitre gestionaba con la banca inglesa un préstamo, con el objetivo de obtener recursos, cuyo destino sería disciplinar el acto de “barbarie” de los que se oponían a la guerra. Mientras tanto, Varela luchaba  contra el plan de dividir al país y que pretendía convertirnos solo en productores de materia prima con un perfil agroexportador hacia los países centrales industrializados. Finalmente, las fuerzas militares de la Triple Alianza, arrasan al Paraguay, destruyendo el único modelo de crecimiento autónomo que existía por entonces en América latina. Como resultado, Bolivia pierde a manos de Chile la salida al mar y Uruguay logra su independencia, funcional a los intereses geopolíticos de Brasil e Inglaterra. De esa manera, se aseguraban las inversiones británicas en ferrocarriles, telégrafo, bancos, etc. Llegaba “el progreso”, contrarrestando a “la barbarie”. Por ese entonces, el último montonero enfrentaba  una nueva batalla, ahora contra la muerte acaecida un 4 de junio de 1870 en Chile. Sus restos fueron repatriados durante la presidencia del propio Sarmiento y en el 2012 fue ascendido post-mortem al grado de General de la Nación. Había sido heredero de las ideas de Mariano Moreno, expuestas a través de sus escritos en “La Gaceta”, donde defendía precisamente, el proteccionismo económico, el desarrollo industrial, la libertad de prensa y la libertad de culto. Eran tiempos en que los diarios estaban dirigidos a la difusión de ideas. Precisamente en su nombre se conmemoró ayer el día del periodista.

En esa línea, años más tarde, Sarmiento escribía cuando partía rumbo al exilio en Chile: “Las ideas no se matan”. ¿Acaso el exilio y la pobreza, son los redentores de quienes defendieron sus ideas hasta la muerte? Hoy asistimos a los mismos viejos debates, que siguen actuando como telón de fondo en nuestra historia. Un eterno volver a empezar.

Escribe: Carlos Arauz
Twitter: @carlosarauz01
Informes@catamarcarural.com.ar
 
 

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