Cara a cara

ASI SE ESCRIBE LA HISTORIA DE LA CIUDAD

domingo, 29 de noviembre de 2020 06:00

HOY: GRACIELA MENTASTI

Habla con pasión sobre la obra realizada. Como si fuera parte de cada barrio visitado. Destaca a cada instante los valores de los vecinos que conoció y las historias que fueron cimentando el contenido de cinco libros de distintos sectores de San Fernando del Valle de Catamarca. Y va por más. Cuando tocamos el timbre de su departamento (miércoles pasado antes del mediodía), estaba recién llegada del Concejo Deliberante de la comuna capitalina, donde por iniciativa de la concejal Alicia Paz de la Quintana, se declaró de interés el libro “La Rivadavia, una calle con historias”. Allí nos enteramos que Hilda Angélica García, titular de la SADE en Catamarca, había recibido esa misma mañana la distinción de Ciudadana Ilustre. Las 329 páginas del libro contienen cientos de fotos y testimonios que recorren la hoy peatonal desde avenida Belgrano hasta avenida Güemes. Un largo trabajo para conocer la historia de la principal arteria comercial que tiene la Capital, poblada en sus comienzos por muchos inmigrantes y comerciantes que llegaron a la provincia, a través de un relato amenizado por anécdotas hasta ahora desconocidas. El Cara a cara de este domingo propone conocer el pensamiento de la escritora Graciela María Mentasti, autora de un nuevo libro: “La Rivadavia, una calle con historias”.

  -Con el libro “La Rivadavia, una calle con historias”, más otros de distintos barrios, ¿concluye un ciclo de escrituras?

  -Forma parte de una serie. Pero aún  no está terminada. Ya estoy con otros proyectos.

  -¿Cómo nació la idea de escribir sobre la calle Rivadavia después de hacerlo sobre algunos barrios?

  -Porque alguna vecina me preguntó por qué no escribía algo sobre el centro. Entonces pensé en algo sobre el centro que nadie haya escrito y así surgió el tema de la calle Rivadavia. Además, le cuento: cuando mi padre vino a Catamarca lo hizo por razones de trabajo. Vino con la representación de la Chevrolet y la casa de respuestos estaba donde hoy está Galería Liberti, por la Rivadavia. Además, yo vivía por Mota Botello al 600, a media cuadra, fui alumna de la Escuela Rivadavia y esa arteria me era muy familiar. Y comencé a trabajar sobre el proyecto hace mucho tiempo. Muchos son recuerdos propios y el resto es parte de la recopilación de datos y testimonios. Fue un trabajo muy arduo y extenso. La mayoría de los comercios ya no están, pero han quedado en la historia. Este libro tenía que haber sido presentado a principios de este año, pero por razones obvias no pudo ser. En el 2020 se produjeron muchos más cambios en la Rivadavia: hoy uno la recorre y ve los carteles de “Se alquila”, “Liquidación por cierre” o “Se vende”. Encima, los alquileres soy muy elevados y algunos tuvieron que cerrar o se trasladaron a otro sector de la Ciudad. Hay una particularidad: a la altura de 1.000 y 1.100 de la Rivadavia están instalados centros comerciales procedentes del extranjeros: bolivianos o senegaleses,  y en un principio estuvieron los chinos.

  -Dijo estar trabajando en otros proyectos: ¿cuáles son?

  -Si bien tuve que parar un poco por este tema de la pandemia, comencé a trabajar el libro sobre el barrio La Chacarita, extendiéndome un poco más hasta la Cruz Negra y Villa Reyes. También hay otros barrios, como Choya, sobre los cuales me gustaría trabajar.

  -La Rivadavia es una calle que  tiene una serie de rasgos distintivos.

  -Sí. Una de las particularidades es la instalación en esa calle de familias inmigrantes muy importantes, especialmente italianos, judíos, árabes y españoles, por ejemplo, que tenían negocios históricos, muchos de los cuales desaparecieron. Algunos perduran con otros rubros u otros nombres. Se trata de familias que se hicieron tradicionales como Basso, Brunello, Colla, Di Giàcomo, Nazareno, Fadel. Tuve la suerte de conversar con Chicha, recientemente fallecida,  la hija mayor de don Paulino Di Giàcomo (“El Ateneo Musical”). El negocio de Jorge Fadel (“La Cueva”) marcó una época: en un tocadiscos ubicado cerca de la vereda del local, ponía las canciones que estaban de moda y los jóvenes de la época se juntaban a escuchar música. Con una novedad: había unas cabinas  y le prestaban unos auriculares. Entonces, pasaban, escuchaban y si les gustaba el tema compraban el disco. También estaban los negocios de las niñas Monayar, de los Chaya, El Arca de Noé, Tiendas La Tucumana, que tenía como gran novedad las promociones de “La quemazón de La Tucumana”. Don Salomón Saragusti era un ser excepcional, de una familia muy solidaria. Entregaban frazadas gratis y es de imaginar las largas colas de gente para retirar su frazada.

  -¿Cuál es el comercio más antiguo de la Rivadavia?

  -El más antiguo y que todavía está, es “La Barcelonesa”, la panadería de la familia Carabùs. Tiene una existencia de 102 años en la calle Rivadavia. Han pasado varias generaciones y hoy está a cargo de una nieta. Tuve la suerte de charlar con hijos y nietos y me dieron una foto de la casa original, muy antigua.

  -La Rivadavia es una arteria muy especial.

  -Es la calle por la que todos pasan, aunque no tengan nada que hacer. Es la calle más transitada. Es como una pasarela: para ver y para que me vean. Es la gran vidriera que tenemos.

  -Hay empleados de algunos comercios que tienen hasta 50 años de antigüedad en el trabajo.

  -Conocí a un verdadero personaje que hace 60 años que es empleado de comercio: Don Lalo Tapia. Comenzó como empleado de “Los Dos chicos” y ahora está en un negocio de Rivadavia al 1100. Conoce todo y cuenta: “veo pasar por la Rivadavia a gente que no tiene nada que hacer, pero pasa…va y viene”.

  -Le habrán contado sobre personajes populares que forman parte de la historia de la calle Rivadavia.

  -Uno de esos personajes fue el Negro Luna, que era canillita y siempre estaba en la esquina de Rivadavia y Chacabuco. Después de Malvinas comenzó a traer revistas para vender, además de los diarios. Después fueron progresando, pusieron dos puestos de diarios y revistas en la misma Rivadavia y, fundamentalmente, tienen la editorial “El Trébol” en la esquina de Salta y Mota Botello. Otros personajes que me nombraron fueron “Josela”, Cancino, el de la canción, “Rosita del asfalto” y el “Puri cogote y guinea” (Rosita y el Puri…son mencionados en la chacarera “Personajes de mi pago”, de Guillermo Zavaleta). Cuando había que entrar la leña para la panadería La Moderna, aparecía siempre “El Puri…”. Cuento también el tema de la “Vía Blanca”, que fue el primer intento de los comerciantes para hacer de la Rivadavia una peatonal, allá por las décadas del `50, del `60. El que prendía y apagaba las luces era “Poroto” Cano, de la pizzería “Los Andes”. Otro punto distintivo en la Rivadavia estaba dado en la matiné del cine Ideal, los domingos desde las 15, con el clásico intercambio de revistas. Concurrían solamente muchachos. Hay además un hecho desconocido para muchos: había baños públicos en la Rivadavia. Estaban ubicados donde hoy funciona el concejo Deliberante la comuna capitalina.

  -Más allá del valor literario, ¿Qué le dejaron, en lo personal,  las experiencias vividas en los barrios y ahora en la calle Rivadavia?

  -Fue algo muy enriquecedor. Llegué desde muy chica a Catamarca y me siento plenamente catamarqueña. Siempre viví en el centro y cuando comencé a caminar los barrios y conocer su gente sentí la sensación que aquello era un aprendizaje valioso en mi vida. Hay dos corrientes para investigar la historia de un barrio: los que se basan exclusivamente en la documentación y la memoria oral, que puede ser una fuente importante en la investigación de la historia. Fue necesario, muchas veces, hablar de un determinado tema con dos o tres personas, hasta alcanzar la aproximación a la verdad histórica. Mire: tengo la enorme satisfacción de haber conocido gente muy preciada, de muchos valores. Estuve en la casa de, por ejemplo, Tití Verón y fue una charla que me llenó de emoción. Un hombre admirable realmente. Me encontré con vecinos artesanos, con gente dispuesta a aprender, gente de oficios muy humildes que lucharon para que sus hijos sean profesionales. Tengo el honor de decir que en cada barrio que conocí he dejado amigos, amigos que siempre me están saludando y preguntado cómo estoy. También sostengo que en cada barrio uno tiene que tener lo que llamo el “abre puertas”. En Villa Cubas, me contacté con “Kokìn” Aragón y Pedrito (“El Bolsa”) Esparza, hace algunos años. Ambos fueron valiosísimos a la hora de aportar datos para el libro de la zona villacubana. Ellos me abrieron las puertas y fueron como dos libros abiertos: conocían todo. El trabajo concluye cuando se agotaron todas  las fuentes de consultas sobre las costumbres y características de cada uno de los barrios; el pasado y el presente.

  -En los barrios saben más de la vida del centro. ¿Hay alguna explicación para ello?

  -Efectivamente. Esta es una ciudad centrípeta. Mucha gente vive en los barrios pero trabajan en el centro, ya sea en la administración pública, en la Legislatura, en los bancos, en los comercios, en vialidad o la municipalidad; todo en el centro. De esa manera, en los barrios conocen la vida de lo que pasa en el casco céntrico.

  -¿Cómo y cuándo se hará la presentación del último libro?

  -Este es un año muy atípico por el tema de la pandemia y, lamentablemente, no se podrá presentarlo en este 2020. Se hará un video en donde la presidenta de la Junta de Estudios Históricos, Gabriela de la Orden, presentará el libro,  luego hablará Marcelo Gershani Oviedo y habrá un agradecimiento de mi parte como integrante de la Junta de Estudios Históricos. En el video habrá imágenes de los comercios y los comerciantes. Quiero destacar que el libro está dedicado “a los catamarqueños caminantes y cómplices de esta historia…la Rivadavia”.
 

Algo personal

-Nombres y apellido: Graciela María Mentasti.

  -Hijos: Armando, Arturo, Fernando y María Valeria.

  -Nietos: Pilar, Luján, Lucía, Máxima, Armando, Catalina, Victoria, Augusto, Guillermina, Salvador y Lila María.

  -Cargos: Fue directora provincial de Cultura (1991-1995), profesora en el Colegio Nacional, Escuela Normal “Clara J. Armstrong” y en la facultad de Humanidades dela Unca.

  -Estudios: profesora de Castellano, Literatura y Latín.

   -Libros publicados: La Flor del Cardón, Historias y secreto del Barrio Norte, La Tablada de ayer y de hoy, Banda de Varela-Entre el campo y la ciudad, Villa Cubas-Un barrio con historia y La Rivadavia, una calle con historias.

  -Detalles: El último libro contiene 329 páginas y fue realizado por Editorial “El Trébol”, editor: Héctor Luna. Foto arte de tapa: “Lapachos en flor”, de Víctor Garribia. Digitalización de fotos: Cinthia Rojas. Diseño de tapa: Nicolás Reynoso.
 

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Comentarios

29/11/2020 | 22:55
#2
GRANDE MA!!!!!!!!!!
29/11/2020 | 18:00
#1
Gran trabajo de recopilación de datos históricos
29/11/2020 | 17:28
#0
Notable trabajo para conocernos mejor.

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