Desde la bancada periodística

Un peso no era igual a un dólar

sábado, 27 de marzo de 2021 02:03
sábado, 27 de marzo de 2021 02:03

La obsesión de los argentinos con el dólar se remonta varias décadas atrás, quizás al umbral del siglo pasado, pero fue en los últimos 50 años cuando la moneda estadounidense escaló en su protagonismo social, hasta calar en la psiquis del menos poseído de los ciudadanos criollos.

De ese modo, las cotizaciones de los billetes verdes, que en otros rincones del planeta apenas interesa a banqueros e inversionistas, aquí convoca la atención de humildes trabajadores, amas de casa y de cualquier vecino de a pie.

¿Nace el deseo por el dólar de la debilidad de nuestras propias monedas, o nuestras monedas se debilitaron por la fuerza del dólar?

Puede discutirse. Lo innegable es que la relación de los argentinos con el dólar atravesó una montaña rusa de sensaciones y cotizaciones, hasta consolidarse como sinónimo de solidez.

El dólar, hoy utilizado en la mayoría de las transacciones domésticas, viene a prestarle a los argentinos la estabilidad de la cual carece la propia economía.

Es vista como un refugio seguro, un cobijo impermeable a las crisis de cabotaje, y también la ocasional oportunidad de multiplicar ganancias a niveles exhorbitantes, como ocurrió con la gran disparada en la era macrista.

El dólar es la religión sin ateos en el país. Y es que comprar dólares invariablemente equivalió a apostar al caballo más veloz.

“El que apueste al dólar perderá”, advirtió alguna vez Lorenzo Sigaut, ministro de Economía durante la dictadura. Pero los únicos que perdieron fueron los que le hicieron caso.

Ya habían pasado el Rodrigazo, devaluación feroz con el ministro Celestino Rodrigo, la época de la Plata Dulce y también La Tablita de José Alfredo Martínez de Hoz, otro tecnócrata que encontró en el Proceso la ocasión de aplicar sus desastrosas teorías.

En dictadura o democracia, la variable del dólar siempre impactó en los bolsillos de empresarios y asalariados, sin que nadie lograra dar en la tecla para estabilizar las finanzas.

Más temprano que tarde, ya en tiempos democráticos, sucumbieron con Raúl Alfonsín el Plan Primavera y el Plan Austral, y sin importar qué cartas se jugaran, el resultado siempre era el mismo.

Hasta que, con la bendición de Carlos Menem, un hombre calvo y de penetrantes ojos claros, llegaría para cambiarlo todo.

El uno a uno

Hace exactamente 30 años, el 27 de marzo de 1991, se aprobaba en el Congreso de la Nación la Ley de Convertibilidad, impulsada por el ministro de Economía, Domingo Cavallo.

Así nomás, por una ley, Argentina había decidido que un peso era igual a un dólar.

Por descabellada que parezca la idea, esa norma estuvo vigente durante casi 11 años hasta su derogación definitiva del 6 de enero de 2002. Y ocasionó estragos que todavía estamos pagando.

La ley establecía a partir del 1 de abril de 1991 una relación cambiaria fija entre la moneda nacional y la estadounidense, a razón de 1 dólar estadounidense por cada 10.000 australes o posteriormente un Peso convertible.

La decisión se tomaba en medio de un replanteo integral de la organización económica, que incluyó la apertura al comercio exterior y al movimiento de capitales, la desregulación económica, la privatización de empresas públicas, la reducción del Estado y la reorganización del sistema tributario.

Medidas drásticas que, en el corto plazo, permitieron superar la hiperinflación, pero que después hirieron mortalmente a toda la economía nacional.

El Banco Central se convirtió en una virtual Caja de conversión con la obligación de respaldar a cada peso en circulación de manera que pudiese ser canjeado por un dólar estadounidense. El plan produjo graves consecuencias en la industria argentina. Los metalúrgicos, los textiles, y los sectores del calzado se derrumbaron: llegaban productos terminados al precio que ellos debían pagar la materia prima. No podían competir.

Pronto el atraso cambiario de la convertibilidad, el debilitado poder de compra interno por la destrucción del empleo y los bajos salarios, hicieron estragos en la mayoría de los sectores.

Para sostener la maquinaria, el país comenzó a endeudarse: la deuda externa pública pasó de 45.000 millones de dólares (en 1989) hasta 145.000 millones (en 2000).​

El gasto público, a su vez, fue cada vez mayor (casi se duplicó en diez años) y el déficit fiscal crecía sin freno pese a que se remataban la mayoría de las empresas públicas.

Ilusión óptica

En los hechos regía el uno a uno. Un trabajador que cobraba mil pesos, podía comprar sin dificultad mil dólares con su sueldo.

Pero era una ficción gigantesca, una ilusión óptica: el peso argentino no cotizaba en ninguna pizarra del mundo; no existía.

Muchos argentinos compraban felices en cuotas y viajaban al exterior, pero al mismo tiempo se desplomaban las reservas nacionales y se profundizaba la recesión. Se registró un salto dramático en la tasa de desempleo y un empeoramiento en las condiciones generales del mercado de trabajo.

Sin saberlo, millones de argentinos se endeudaban en dólares mientras cobraban en pesos, lo cual asfixiaría sus posibilidades reales de desarrollo económico; aunque la fórmula resultó una brillante herramienta electoral. Por miedo a lo que pudiera ocurrir con el dólar, Menem obtuvo la reelección con la promesa de no alterar la fórmula cambiaria.

Pero la soga estaba en el cuello y presionaba cada vez más. Para obtener algún mínimo alivio el Gobierno incrementó los impuestos y aplicó ajustes salvajes.

Se aumentó la tasa del impuesto al valor agregado (IVA) del 18 al 21 por ciento (dispuesta en abril de 1995), mientras se analizaba eliminar exenciones en varios impuestos, para así aumentar la recaudación.

El cuadro se agudizó cuando crisis internacionales pusieron en alerta a los inversores y Argentina dejó de recibir créditos.

Las provincias y la Nación sufrieron un aumento en las tasas de interés de sus préstamos, mientras que la falta de crédito para pequeñas y medianas empresas provocó una reducción en los niveles de inversión y de empleo.

Ya sin respaldo, Menem anunció en enero de 1999 su intención de “dolarizar” forzosamente la economía para profundizar la convertibilidad. Durante todo ese año el presidente declaró que, en caso de producirse un ataque especulativo contra el peso, la economía sería automáticamente dolarizada, algo que quedó sólo en amenaza.

Menem dejaría el poder con el país a punto de incendiarse, y el peronismo, representado por Eduardo Duhalde, perdería las elecciones con la Alianza encabezada por Fernando De la Rúa.

Curiosamente, Domingo Cavallo compitió por la presidencia y cosechó casi dos millones de votos.

Caímos de Guatemala a Guatepeor: De la Rúa no sabría cómo enderezar el rumbo y convocó como salvador de su economía al propio Cavallo.

Por entonces sobraban deudas y no había cómo pagarlas. Surgieron en todo el país “cuasimonedas” emitidas por la nación o los gobiernos provinciales, incorporados a la circulación monetaria junto al peso.

Catamarca tuvo sus títulos públicos al portador o “bonos”. Eran un préstamo pedido al viento.

Casa Rosada lanzó los Lecop y los Patacones, válidos en la provincia de Buenos Aires. Circularon los “Bocade” en la provincia de Tucumán, los “Bocanfor” en Formosa y los “Federal” en Entre Ríos. Estaban los “Lecor” en Córdoba, los “Letras” en Tierra del Fuego y los “Cemis” en Misiones. Durante esos años hubo cuasimonedas por un valor de 7.600 millones de pesos.

Ya por entonces todos habían comprendido que en realidad el peso nunca había sido igual al dólar.

La reconstrucción económica llevó más de una década, hasta que -como en el Juego de la Oca-, durante la presidencia de Mauricio Macri volvieron a retrocederse decenas de casilleros.

Otra vez el endeudamiento internacional, la disparada del dólar, y el volver a empezar para este pobre país que camina en círculos, con pasajeras ilusiones y penurias siempre más duraderas.

El Esquiú.com

0%
Satisfacción
0%
Esperanza
40%
Bronca
20%
Tristeza
0%
Incertidumbre
40%
Indiferencia

Comentarios

27/3/2021 | 20:20
#3
El rodrigazo de isabel peron, la convertibilidad de menem, duhalde quedandose con los ahorros de la gente el que deposite dolares recibira dolares, la decada perdida kirchnerista que dejo al pais en ruinas un pais con buena gente, ahora de nuevo kirchneristas venimos a poner al pais de pie en poco mas de una año volvieron al pais a peor que en el 2001, 50% de pobres, 65% de niños pobres, 11% de indigentes, cierre de empresas, desempleo, impuestos abusivos confiscatorios. Nunca hicieron ninguna autocritica.
27/3/2021 | 10:18
#2
Para una publicación seria, deberían informar de cuánto fue la gran disparada en la era Macrista, y de cuánto en la era actual con los salvadores de la Patria de hoy. Afortunadamente existe internet y se puede consultar cualquier tipo de dato, para saber la verdad. Le sugiero al Editorialista de Él Esquiu reflejar la verdad y ser independiente en los análisis de notas que se publican, de otra manera se llamaría MENTIRA...... como esta por ejemplo !!
27/3/2021 | 10:17
#1
Para una publicación seria, deberían informar de cuánto fue la gran disparada en la era Macrista, y de cuánto en la era actual con los salvadores de la Patria de hoy. Afortunadamente existe internet y se puede consultar cualquier tipo de dato, para saber la verdad. Le sugiero al Editorialista de Él Esquiu reflejar la verdad y ser independiente en los análisis de notas que se publican, de otra manera se llamaría MENTIRA...... como esta por ejemplo !!
27/3/2021 | 10:00
#0
Paren chicos... se les nota mucho el kirchnerismo...

Otras Noticias