Se instala con nuevos y exitosos títulos en las librerías

Erotismo: Un fenómeno que rompe con convenciones de género y mercado

“Cincuentas sombras de Grey” marcó un hito que le abrió al género erótico un espacio no pensado años atrás.
sábado, 30 de marzo de 2013 00:00
sábado, 30 de marzo de 2013 00:00

Tras el éxito de ventas de Cincuenta sombras de Grey -siete meses le bastaron para vender 300.000 ejemplares en Argentina- las propuestas eróticas cruzan el límite de los tan consumidos románticos, cuyo público selecto era femenino y rompen convenciones inundando el mercado con sagas, cuentos y novelas cada vez más picantes que tientan a varones y mujeres por igual.
El nicho representado por la literatura rosa parece haber quedado detrás de las ventas que por estos días representan los nuevos títulos de porno suave que mes a mes se instalan en librerías de todo el país.
La trilogía de E.L. James representa, por ejemplo, la misma recaudación de todos los románticos de grupo editorial Random House Mondadori (RHM).
Sagas surgidas de blogs pasan al papel, El affaire Blackstone de la estadounidense Raine Miller ya lleva su segunda entrega en el país (Desnuda y Todo o nada, de Suma de Letras); autoras locales rompen el molde publicando un género culturalmente escrito por y para varones, y sorprenden con buena literatura en los relatos de Cuarenta grados a la sombra (Emecé); o subproductos como El Kamasutra de Grey se agolpan en los escaparates.
La atención que se le presta a la literatura erótica desde las casas editoras “no cambió tanto —dice a Télam Ana Wajszczuk, desde esa editorial— aunque claramente la trilogía mostró un nicho que tiene que ver con una vuelta de tuerca a la típica historia de amor”.

Precursoras
A su entender, “Grey evidenció un espacio que ya ocupaban con éxito argentinas como Viviana Rivero, Florencia Canale o Florencia Bonelli, con novelas históricas que demostraron el interés lector sobre textos de amor más sexo”.
“Erótica se escribe desde siempre. Lo que no se hace desde siempre, tal vez, es aceptar que se lee o leer erótica públicamente”, añade por su parte Florencia Ure, de RHM.
“Desde que se editó la saga, viajé a Nueva York donde llegué a contar ocho personas, dos eran hombres, leyéndola en un vagón de subte; en una caminata de una hora en Cuba conté 25 personas leyéndola; en Uruguay vi muchísimas brasileñas con el libro; en Corea se hizo una versión soft para poder comercializarla y es el título más vendido de Reino Unido”, grafica.
“El por qué de una moda siempre tiene algo de misterio —concede Ure—, pero James combinó de manera perfecta romance y actualidad, lo cual engancha a los adolescentes; y sexo con amor, porque más allá de las relaciones, todas son consensuadas y eso da en el blanco del imaginario femenino”.
“Un verdadero fenómeno -dice-, superador de éxitos aislados, que venden muy bien como Las edades de Lulú, de Almudena Grandes; los clásicos del marqués de Sade o títulos del sello Vergara y de La sonrisa vertical, una gran colección que Tusquets cerró hace unos años para incluir títulos eróticos entre otros géneros, y que dio Amatista, una genialidad de Alicia Steimberg (1933-2012)”.
Por otra parte, si un libro tiene estructura de novela romántica estará dirigido a mujeres, consigna Ure, “desde Jane Austen a la actualidad y más allá de los 55 millones de ejemplares que James vendió en el mundo” y que, contra esa misma lógica, incluye al género masculino.
“Hay miles de blogs sobre la trilogía en los que participan hombres a full, ni hablar de las páginas gay que ya la tienen como objeto de culto”, asevera Ure.
La psicoanalista Patricia Malanca refiere otra anécdota: “Recuerdo una reunión en que una abuela me contaba que estaba leyendo Cincuenta sombras... porque sus hijos se lo regalaron para navidad con mucha soltura. Desde ese lugar, la literatura erótica es también un canal de inclusión”.
“Nuestras abuelas leían Corín Tellado pero la mayoría no eran profesionales. Las mujeres que hoy consumen esa literatura, además son médicas, catedráticas de una generación que requiere otro nivel de estimulación”, consigna Malanca y aporta una definición de época sobre el corrimiento del héroe: “Antes el héroe te salvaba, ahora también tiene que darte goce, placer”.

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