Los Guns N´ Roses tocaron otra vez en Argentina

lunes, 7 de abril de 2014 00:00
lunes, 7 de abril de 2014 00:00

¿Qué podía traer de nuevo Guns N' Roses durante su quinta visita al país? Realmente no demasiado, con un último y dilatadísimo disco editado hace casi seis años -Chinese Democracy, de 2008- y escasa evidencia de que la banda se encuentre trabajando en nuevo material. Todo parecía indicar que el setlist de esta nueva gira latinoamericana redundaría en lo mismo de siempre, casi como si Axl Rose se encontrara encerrado en el laberinto de espejos que él mismo se encargó de construir.

Sin embargo, el "regreso" de Duff McKagan como bajista de la banda agregó un condimento nuevo al cóctel de nostalgia: Buenos Aires, la ciudad que los había visto compartir un show completo por última vez, en 1993, sería testigo privilegiado de la reunión en escena. Y así fue, porque el público que colmó anoche el estadio de Ferro se topó con la añoranza de esos viejos tiempos que seguramente ya no volverán, pero también con una banda sólida que, a lo largo de tres horas, se dedicó exclusivamente a tocar rockanrol.

La espera no se extendió más de lo necesario. Eran exactamente las 22 cuando las luces se apagaron y comenzó a sonar "Far From Any Road", el tema de la serie True Detective que eligieron para abrir sus shows durante este tour. Luego, el ataque de guitarras de "Chinese Democracy" y, a continuación, una seguidilla de canciones que puso en tema a los presentes de inmediato: "Welcome to the Jungle", "It's So Easy" y "Mr. Brownstone". Con esta implacable dosis de Apettite for Destruction, Rose asentó que sigue siendo un frontman carismático y McKagan fue encontrando su lugar en una banda que ya no es pero, a la vez, sigue siendo.

En ese sentido, muchos en el público temieron cuando el cantante convocó a un traductor -¿cómo olvidar el famoso toallero que cayó sobre el escenario de River, en 1992, y puso en peligro la continuidad del show?-, pero más que una amenaza se trató de un pedido: "Por favor, todos den un paso atrás. No queremos que nadie se lastime", solicitó a propósito del pogo desatado junto a la valla de contención. El que usó Rose fue un tono amable, más cercano al de un padre canchero que al de un adolescente de conducta imprevisible. Pero para ser justos podríamos decir que el tiempo ha pasado para todos, y que eso se evidenció especialmente en la cantidad de fanáticos que iban acompañados de sus hijos para ver el show de la alguna vez autoproclamada "banda más peligrosa del planeta".

"Estranged" puso a prueba la capacidad vocal del cantante, que salió airoso; siguió "Rocket Queen" y una mirada al pasado más lejano con "Nice Boys", ese cover de Rose Tatoo que fue incluido en el primer trabajo de Guns N' Roses, el EP Live?! Like a Suicide. "Tommy Stinson no podía acompañarnos así que tuvimos que buscamos un chico nuevo para que lo reemplazara", bromeó Rose para presentar a McKagan, que le sacó filo a su espíritu punk con dos de los covers de The Spaghetti Incident?: "Attitude", de los Misfits, y "Raw Power", el clásico de Iggy & The Stooges que nunca había sido interpretado en vivo.

El regreso del cantante a escena fue con otra canción que nunca habían tocado por estas tierras: la perturbadoramente tierna "My Michelle". Luego siguió un bloque que fue de Chinese... ("Better", "This I love", "Catcher in the Rye") a clásicos mucho más festejados por el público (su versión de "Live & Let Die", "You Could be Mine"). Promediando el show quedó claro que Rose, con 52 encima, sigue manteniendo el encanto en la voz, aún cuando parece encontrarse mucho más cómodo vocalizando graves que masticando gritos. Eso se notó especialmente en "Sweet Child O'mine" y, más tarde, en "November Rain", que sonó particularmente descolorida en esta oportunidad.

Es notable el esfuerzo que hacen los guitarristas Richard Fortus, "Bumblefoot" Thal y DJ Ashba por espantar el fantasma de Slash, pero resulta imposible cuando entre los tres parecen haberse repartido los solos que alguna vez fueron propiedad privada de aquella Gibson Les Paul. Más allá de las odiosas comparaciones, cada uno tuvo su momento de lucimiento durante los jams propuestos a lo largo del setlist, demostrando que llevan un largo trecho recorrido dentro de la banda y que son algo más que reemplazos.

La emotividad regresó a Ferro con "Don't Cry", con ese golpe al recuerdo que resulta ser "Used to Love Her" y con "Civil War", una canción que fue injustamente ignorada por Rose por muchos años y que hoy recobra nuevos sentidos pacifistas que pueden gritarse a viva voz. Sobre el final llegó "Nightrain" como para ponerle un poco de ritmo y reviente a la falsa despedida, tras una desganada interpretación de "Knockin' on Heaven's Door".

Para los bises quedaron "Patience", una gran versión de la canción de The Who, "The Seeker" y, claro, "Paradise City", el himno que encuadra perfecto con casi cualquier ciudad del mundo que puedan visitar. Luego de tres horas de intenso show, devino el abrazo, el agradecimiento y la promesa de volver. Y así, entre fuegos artificiales, humo y miles de papelitos rojos volando, Guns N' Roses desplegó de pronto toda su parafernalia de banda de estadios, tan lejos de ese grupo de "forajidos" que surgieron de la escena glam de Los Angeles de mediados de los 80, pero a la vez tan cerca de un público que delira cada vez que Rose los invita a internarse en el laberinto de espejos que supo construir.

FUENTE: RollingStone

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