Religiosas

El sagrado corazón de Fray Mamerto Esquiú

En este espacio destinado a dar a conocer aspectos de la vida y obra de Fray Mamerto Esquiú, el profesor Mario Daniel Vera nos brinda un nuevo aporte, en este caso referido al corazón del Venerable franciscano catamarqueño.
domingo, 13 de enero de 2019 00:00
domingo, 13 de enero de 2019 00:00

(Primera parte)

El 10 de enero de 1883 el obispo Esquiú entregaba su alma al Creador en la posta de Pozo del Suncho. Días después, el doctor Ruperto Seara, en el Hospital San Roque de Córdoba, con los medios que entonces se contaba, se encargó de embalsamar su cuerpo para el velatorio. Al extraer el corazón del virtuoso catamarqueño quedó asombrado ante la vitalidad y el perfecto estado en el que éste se encontraba, a pesar del avanzado deterioro del resto del cuerpo. Puso el corazón en ácido tartárico, lo tuvo en su poder más de tres meses, y luego se lo entregó a don Odorico Esquiú. 
El 7 de mayo de 1883, luego de un largo viaje desde la ciudad de Córdoba, don Odorico Antonio Esquiú llega a la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca. Pero este viaje no será como ningún otro, ya que trae entre sus manos una cesta de mimbre blanca que en su interior contiene un elemento de valor incalculable: el corazón de su hermano, Fray Mamerto Esquiú. 

Carta del doctor Seara a Odorico
El 2 de mayo de 1883, desde la ciudad de Córdoba, el doctor Ruperto Seara Azpilcueta, uno de los doctores que tuvo a su cargo la autopsia de los restos del Padre Esquiú y quien tenía en su poder el corazón del ilustre obispo, se dirige por carta a don Odorico Antonio Esquiú, donde le manifiesta: “Como manifesté a Ud. yo tenía ofrecido ya al Sr. Ministro de Justicia de la Republica, por intermedio del Sr. D. Florentino Barros, Sub secretario del mismo; este precioso órgano del cuerpo de su finado hermano, a fin de que fuera depositado en un local preferente en el Museo de la Nación; pero reconociendo el derecho que Ud. y toda su respetable familia tienen a esta reliquia, no he trepidado en ponerlo en sus manos. Se lo remito, pues, asegurándole con toda verdad y, en conciencia, que éste es el verdadero corazón de su hermano el Ilmo. Sr. Obispo Esquiú (Félix Avellaneda. Op. Cit. Pág. 152).
El doctor Seara le cuenta a Odorico que el gobierno nacional le encargó al gobernador cordobés que se hiciera cargo de todos los gastos concernientes al embalsamamiento y entierro del cadáver del obispo Esquiú. Y con respecto al corazón de su hermano Mamerto le dice: “Las punciones con costura, que tiene en las dos arterias principales, han sido hechas por mí con el objeto de aplicar las inyecciones generales que se han practicado. La forma reducida y el color oscuro que ha tomado, es debido al acido tánico que se ha empleado en el procedimiento” (Félix Avellaneda. Fray Mamerto Esquiú. Datos biográficos. Stella, Catamarca, 1917, pág. 151).

Carta al guardián del convento franciscano
Don Odorico Esquiú tenía pensado visitar a sus hermanas en la localidad de San José de Piedra Blanca, compartir unos días con ellas y luego continuar viaje hasta la ciudad de Salta, llevando consigo el corazón de su hermano. Pero cambio de parecer y decidió que esta valiosa reliquia permanezca en Catamarca. 
Al Rvdo. P. Fr. Juan B. Muro:
Presente. R. P. y mi estimado amigo.
Teniendo presente los continuos favores, que desde mis buenos padres ha recibido toda mi humilde familia del benemérito Convento de San Francisco de Catamarca, muy singularmente en la persona de mi finado hermano Fr. Mamerto Esquiú, como también su especial amor de la Orden Seráfica, a esta Santa Casa y a su Provincia natal, interpretando fielmente su voluntad, cumplo con el deber de entregar a V. P. el órgano más interesante de sus restos mortales: ¡su mismo corazón! obtenido providencialmente en Córdoba, el 3 del corriente, día de la festividad de la gloriosa Ascensión del Señor, como lo acredita la carta autógrafa del Sr. Seara, que acompaño (Ibídem). 

Su corazón en Catamarca
El 17 de mayo de 1883 don Odorico Antonio Esquiú entrega el corazón de su hermano al convento de San Francisco. Una vez en poder de los franciscanos catamarqueños, el corazón fue colocado en una sencilla urna de cristal, muy cerca del altar del Santísimo. Por esos años el templo de San Pedro de Alcántara estaba en la etapa final de su construcción; una vez habilitado el templo, en octubre de 1891, se trasladó la urna con el corazón a una sala de la portería del convento. Allí permaneció hasta 1902, cuando el Ministro Provincial de la Orden, Fray José María Bottaro, dispuso que sea trasladado nuevamente a la iglesia y se lo colocara en el nicho que se había abierto en la columna izquierda del arco, frente al altar del Santísimo. Sobre la urna había una lápida de granito con la inscripción “Aquí descansa el Corazón del Padre Esquiú”. 
“En 1904, el Padre Provincial, Fray Zenón Bustos, ordenó la restauración y ampliación de la urna que guardaba el corazón de Esquiú. Se encargó a un farmacéutico la preparación de un barniz y otras sustancias para pasarle al corazón y preservarlo de posibles ataques de insectos. Las monjas Teresas de Córdoba habían enviado reliquias y pertenencias del piadoso obispo: un par de sandalias, trozos de piel, cabellos, fragmentos de habito, un pañuelo y otras ropas que usaba Fray Mamerto. Todo lo cual, en otra caja, se lo colocó en la cavidad inferior que se había abierto” (Jorge Martínez. El corazón de Esquiú. Folleto de divulgación). 

Nuevo lugar de reposo
Años después, fray Antonio de Jesús Lobo realiza importantes modificaciones al templo franciscano de Catamarca: el presbiterio, el crucero, el coro detrás del altar mayor, la sacristía y dos pasillos laterales que unen el coro con la sacristía, en la parte trasera del templo. “Por gestiones del Padre Salvador Narváez, en el pasillo de la derecha, sobre el lado izquierdo, se abre un nuevo nicho, recubierto de piedra ónix verde claro, con puerta de bronce labrado, donde se lee: “Aquí yace el corazón de Fray Mamerto Esquiú”. Esta hermosa obra fue donada en su integridad por una piadosa dama de Buenos Aires, doña Ernestina Llavallol de Acosta, en 1943, donde se colocó el corazón de Esquiú en una nueva caja de cristal” (Jorge Martínez. El corazón de Esquiú).

El corazón nuevamente en su Casa Natal
En el mes de mayo de 1989, las autoridades del convento, representado en su Guardián Fray José A. Paz y el director del Colegio Quintana, Fray Héctor Ricardo Gutiérrez, deciden trasladar esta valiosa reliquia a su tierra natal, a La Callecita de San José de Piedra Blanca, previa consulta y autorización del Postulador de la Causa Esquiú, Fray Jorge Estipech, que se encontraba en la casa Generalizia de Roma. Se consultó a un médico de la Universidad Nacional de Córdoba sobre la conveniencia de poder trasladarlo hacia Las Chacras. El especialista, doctor Pedro Olivares luego de revisarlo minuciosamente y “acondicionarlo”, no pone ninguna objeción al traslado, pero sugiera que, a su regreso, el corazón sea sometido a nuevos cuidados y tratamientos. 
El regreso de su corazón a la Casa Natal de La Callecita, el 10 de mayo de 1989, su restauración en la ciudad de Córdoba con un moderno proceso químico, su regreso a la ciudad de San Fernando del Valle y los robos sufridos el 30 de octubre de 1990 y el 22 de enero de 2008, serán los temas abordados en la próxima entrega.
 

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Comentarios

14/01/2019 | 10:46
#1
fue un santiagueño hijo del dueño de una Casa de Música en la capital de Santiago del Estero. Se afincó en Córdoba y llegó a ser Profesor de Anatomía Deiva en la Cátedra del Dr. Ángel Roque Suárez, cuñado de una catamarqueña cuya familia era dueña de la Tienda La Morocha al frente de la Plaza San Martín. Pedro Domingo Olivares era para los santiagueños un motivo de orgullo. Pero no le perdonaba a los que no sabían la materia.

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