A telón abierto

sábado, 09 de noviembre de 2019 00:33
sábado, 09 de noviembre de 2019 00:33

Mañana se celebra el Día de la Tradición Argentina, en homenaje a que un 10 de noviembre de 1834 nació el poeta del género gauchesco José Hernández, creador del poema El Gaucho Martín Fierro (primera parte) y La vuelta de Martín fierro (segunda parte). La obra, que relata en versos las vivencias de un gaucho, su estilo de vida, sus costumbres, su lenguaje y, fundamentalmente, sus códigos de honor (“Ave de pico encorvado, le tiene al robo afición, pero el hombre de razón no roba jamás un cobre: pues no es vergüenza ser pobre y es vergüenza ser ladrón”), se convirtió en la pieza literaria por excelencia del más genuino folclore argentino. A medida que nos vamos metiendo en el tema, nos damos cuenta que cuando hablamos de tradiciones estamos hablando de otra época, de otros años, entendiendo a la tradición como ese algo propio del pueblo que se transmite de generación en generación, ese legado de un conjunto de costumbres ancestrales que, en definitiva, constituyen la cultura popular de un pueblo (“Procuren si son cantores, el cantar con sentimiento, ni templen el instrumento por sólo el gusto de hablar, y acostúmbrense a cantar en cosas de jundamento”). Y entre las tradiciones argentinas están las comidas que nos identifican: el locro, la mazamorra, el asado, las empanadas y eso que lleva el sello nacional que es el dulce de leche. También el infaltable mate y esa prenda inconfundible que es el poncho son símbolos que hacen a nuestra tradición. Nos imaginamos la cara de sorpresa y enojo del gaucho Martín Fierro al enterarse que algunos que cantan algo de folclore (no se les puede llamar folcloristas por eso) y arriba del escenario se llenan la boca hablando de nuestras tradiciones (“tenemos que defender lo nuestro”, vociferan), piden cobrar en dólares para actuar en un festival. Algo incómodo debe haberse sentido el poncho nuestro cuando en la fiesta en su honor el número más convocante de la última edición fue el grupo Los Palmeras y su arrollador “Bombón asesino”. Que en paz descanse José Hernández. Y gracias por el legado.

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“Procanto” es un grupo de mujeres y hombres que  hace más de 30 años vienen poniendo sus voces al servicio de la buena música, bajo la dirección artística y musical de Guillermo Masi y Tato Finocchi. Hace un tiempo atrás, para celebrar las tres décadas de labor, y bajo la producción general de Javier Chalup, se grabó un disco doble (“Procanto popular”), una exquisita reunión de temas y autores que recrea de manera brillante un coro con invitados especiales. A través nuestro comprovinciano radicado en La Plata, disfrutamos de la grabación, que incluye las presencias de Marián Farías Gómez (“Dejame que me vaya”), León Gieco (“Todos los días un poco”), María Creuza (Selección de bossa nova), Litto Nebbia (“Coplas de musiquero”), Mercedes Sosa y Rafael Amor (“Corazón libre”), Víctor Heredia (“Razón de vivir”), César Isella (“Levántate y canta”), Opus Cuatro (“Tamborcito de lata”), Raúl Carnota (“Grito santiagueño”), Mónica Abraham (“La puerta”), Teresa Parodi (“Pedro canoero”), Chango Farías Gómez (“La sachapera”) y, entre otros, Julio Lacarra (“A quién doy”).

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Con la autoridad que se le reconoce, Guillermo Masi escribió para referirse al disco: “Aquí estamos nuevamente. Hemos cantado todas las canciones: las necesarias y las urgentes, las deliberadas y las sutiles, las que se deben y las que no tanto. Así, hemos ofrecido el corazón con Fito, le hemos pedido a Dios con la Negra y con León, hemos celebrado el cielo blanco de los pañuelos de las madres de la mano de Hamlet y Teresa, hemos encontrado la razón de vivir con Víctor Heredia y hemos vuelto, desde la nostalgia, con  Gardel. Le hemos cantado al río, la mazamorra, al trabajo, al pueblo, a Atahualpa, a Violeta, a Doña Maclovia, a la ciudad, a la bandera, a las Malvinas, a Nonino. Le cantamos al vientre oscuro y fresco de una vasija de barro y a la belleza de la vida en las palabras de Goytisolo a Julia. Hicimos repicar campanas de palo con María Elena Walsh, nos dijimos te quiero con Benedetti y Favero; cantamos versos con Fandermole y recorrimos algunas razones para honrar la vida con la Blázquez, resucitar la alegría con Armando y proclamar el corazón libre con Rafael Amor. Sin olvidar, de la mano de Marián Farías Gómez, que le debíamos una canción a tanto grito trunco y amordazado. Y cantamos en todas partes. Esta antología intenta dar cuenta de algunos de esos momentos. En los temas elegidos pretendemos que vuelvan a encontrar aquél trazo primero que orientó la creación de Procanto: acercarnos a la gente”. ¡Y vaya si lo lograron! Hasta el viernes.
 

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