A telón abierto

viernes, 19 de julio de 2019 00:10
viernes, 19 de julio de 2019 00:10

Comienza hoy la segunda parte de espectáculos en el escenario mayor de la Fiesta Nacional del Poncho y el último fin de semana correspondiente a la edición 2019 del más grande acontecimiento artesanal-artístico que tiene el país en las vacaciones en Catamarca y del que tenemos la suerte los catamarqueños de ser sus anfitriones. Respecto a la primera semana, ese gran jurado que es el público, casi por unanimidad tuvo conceptos elogiosos para todo lo vivido en el Predio Ferial y los resultados dejaron tranquilos y contentos a los organizadores, que esperan con marcado optimismo un final feliz para la convocatoria festiva. Es que más allá de un par de jornadas donde el molesto viento se hizo sentir, el resto de los días el cálido sol catamarqueño ganó la pulseada y una multitud ocupó los espacios en las distintas exposiciones –especialmente la de nuestras artesanías-, los ranchos, el salón principal y todos los sitios atractivos que propone a la gente el Poncho de este año. El Ponchito fue una vez más la extraordinaria reunión de la familia para acompañar a los artistas de todas las edades, en tanto que el escenario “Jorge Herrera” congregó a un desfile artístico que motivó que fueran más las sillas ocupadas que las vacías (léase buena convocatoria), a diferencia de lo que ocurrió en algunas veladas del año pasado. Algo quedó demostrado: no hay que tenerle miedo ni bronca a la expresión “duelen las sillas vacías” cuando de armar una programación artística se trata. En esto se acierta y se falla porque es algo propio de los seres humanos. Esta vez, y tal cual lo auguramos en la fecha inaugural, parece que fueron más los aciertos que los errores. Y está bueno que así sea, porque de esa manera el Poncho sigue gozando de buena salud y los detractores de siempre – generalmente los que no están en la grilla de los elegidos- se quedan con la cara larga y masticando rabia.
   
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Para este fin de semana, el menú se muestra más que interesante: siguen la maravillosa muestra artesanal, los ranchos invitan a degustar el vino amigo y las largas guitarreadas y en cada rincón siempre hay algo para ver y aplaudir. En el salón “Atuto Mercau Soria” este viernes se espera un lleno total con la presencia taquillera de Luciano Pereyra un comprovinciano ganador como es Emilio Morales. Mañana, además de Americanta y el debut absoluto en el Poncho de Los Vidaleros, estará un querido amigo del público local –justamente en el Día del Amigo- como es el riojano Sergio Galleguillo. Y el domingo, cierre de la edición 2019, habrá calidad interpretativa con el Grupo Alternativa, Pablo y Noelia Díaz y un final a pura cumbia con Los Palmeras, entre otros. Suena curioso anunciar un “final a toda cumbia” en la cartelera del Poncho, pero bueno…”cambia, todo cambia” diría Julio Namhauser en el emblemático tema que hizo famoso  la voz de Mercedes Sosa. A propósito de “cambia, todo cambia, en la próxima entrega y al momento del balance final de la fiesta, nos ocuparemos de algunos “artistas” locales que le sacaron brillo a la palabra hipocresía: son los que no estuvieron programados en las ediciones 2017 y 2018 e insultaron agresivamente a la organización por todos los medios –especialmente a uno de ellos- y ahora, que están en cartelera, esos mismos organizadores pasaron a ser los mejores de la tierra. Camaleones hubo y habrá siempre. Todo pasa y todo queda, dice Serrat.
  
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Mañana se celebra el Día del Amigo. Y hace 16 años, para esa misma fecha, nos dejaba en un viaje sin retorno alguien que precisamente no se fue de la vida y se quedó para siempre entre nosotros: Abraham Lejtman. Un gran amigo y bioquímico que un 12 de mayo de 1956 fundara el laboratorio que lleva su apellido. Nacido en Curuzú Cuatiá, allá en el sur de Corrientes, prendía la 91.3 del dial (FM Catamarca) en las mañanas de la década del ´90 para escuchar algunos temas de una comprovinciana famosa: Teresa Parodi. En la presente gestión del ministro Ramón Figueroa Castellanos al frente del área de Salud, se impuso su  nombre al laboratorio central del ministerio, en un merecido homenaje. Junto a su esposa Sara Raquel formaron una familia con cuatro hijos en Catamarca: Ariel (radicado en Israel), Rubén, Néstor y León, que se prolongó en los nietos y se seguirá prologando en el tiempo a través de ese entrañable “hola hermano” que dejó como legado y estar presente entre los afectos. Tenía 77 años cuando se tomó un descanso de casi dos décadas de luchar contra los infortunios de una enfermedad y después de haber recorrido la huella hecha sangre de miles y miles de catamarqueños, a los que dedicó su vida. Dejó la semilla de la gente buena en el Club de Leones y en el Radio Club Catamarca. Hoy, en medio de tanto egoísmo y mezquindades, resulta saludable volver a escuchar los latidos de un corazón altruista como el de Abraham Lejtman y recordarlo como lo que fue y seguirá siendo: un hombre bueno. Un largo abrazo a su querida familia. Hasta el viernes.
 

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