Dakar 2011

Un regalo inesperado del príncipe Al-Attiyah

Un fanático chileno recibió al piloto con una bandera de Qatar y fue invitado a conocer el país de su ídolo.
viernes, 7 de enero de 2011 00:00
viernes, 7 de enero de 2011 00:00

Entre el intrépido Orlando Mamani y el carismático Nasser Al-Attiyah no había nada en común hasta ayer, pasado el mediodía. Uno es una estrella mundial y el otro apenas un fanático del montón. Hasta que una tremenda y enormemente buscada coincidencia los unió para siempre. Créase o no.

Desde el despertar en Iquique el estudiante de psicología marcó terreno con sus amigos al pie de la quebrada Las Verdes. Bajó de una 4x4 verde de la década del 90. Abrió el baúl y empezó a desplegar banderas. La primera, la más grande, fue una de Qatar. Después cayeron las de Paraguay y Chile, por supuesto. La idea del pibito era comerse las uñas, bancarse los azotes del sol iquiqueño y cumplir un deseo compartido. Flamear el trapo qatarí en honor a su padre cuando Al-Attiyah descaderase su Touareg por el filo del carril arenoso.

Vaya la cabeza de Orlando. Justo cuando el bonachón de Nasser encaraba la recta de la despedida, él estaba en Marte. Se descuidó. Quizás el calor le quemó la batería o vaya a saber qué. Tarde para piar, "maestro", pensaron sus acompañantes. Negativo, le dijo a la conciencia Orlando y se mandó a correr.

Enrolló la bandelora y salió pegado a la cinta amarilla de precaución. Corto de margen, cruzó de la banda, evitó toparse con el alambrado y se escabulló por la zona prohibida. Ahora sí era a matar o morir.

Los milagros existen

Y el muchachito mató, porque mientras el piloto de Volkswagen intercambiaba conceptos con el poco simpático Sainz, Mamani tuvo ese tiempo de reacción perdido en las alturas. Suerte para él, sorpresa para Matías, su mejor amigo, que acompañaba cual reality filmándolo son su Ipod. Orlando le ganó al destino, a la seguridad y hasta los menos creyentes de que los milagros existen.

El chileno se destripó la garganta y llamó al Príncipe mientras flameaba el trapo. Al-Attiyah congeló la entrevista para la TV y se endiabló de felicidad con el osado infractor. "Oh", gimoteó efusivo el Príncipe y tomó la bandera. Primero la flameó y después se la devolvió a su dueño.

"Esto es para vos, sos mi ídolo", exclamaba tembloroso Mamani en su minuto de fama, de gloria. La misión, cumplidísima.

No, no señor, restaba lo mejor. La salsa del espagueti. Nasser atinó a agradecerle, le preguntó si era de allá o si conocía su pagos. Ni ahí, Orlando, con el pasaporte al día, no llegó tan lejos. No importa. "Tomale los datos que lo voy a llevar a conocer Qatar", le avisó Al-Attiyah al capo de la organización y antes de marcharse a su box. ¿Qeeeeeé?, preguntaron todos. Sí, lo llevará a conocer su país.

Ahora es famoso

Hombre de palabra y ejemplo a seguir de caballerosidad, el piloto qatarí no tiró semejante frase sólo por zafar. Lo dijo en serio. Todavía agobiado, el señor del Dakar atrapó a Orlando antes que los Carabineros y le pidió sus datos. Era un pollo mojado Mamani; no paraba de temblar. Matías, su escudero reía y filmaba. Su amigo era famoso.

Los medios lo secuestraron y atormentaron a preguntas. "Sólo quería que él vea la bandera. Mi abuela me ayudó a coserla. Ella tiene máquina; me llevó un día hacerla", exclamaba Orlando. Necesitaba llorar, correr, saltar. Todo junto. "Busqué por internet cómo era y la hice igual. Al-Attiyah es mi ídolo y el de mi papá", explicaba sentado en la carpa de asistencia.

El carabinero iba echarlo; no lo dejaban. Orlando era la nota del día, la sorpresa quizás del Dakar 2011. Pero por sobre todo un chico que copó el corazón de Al-Attiyah sin ninguna intención de hacerlo. Soñaba con ver a su ídolo en Chile y ahora podrá volver a verlo, pero en Qatar, donde nació esta estrella que no sólo devuelve el amor de su gente con una simple mirada.

 

Fuente: La Gaceta

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