Deporte y nostalgia

Santiago Luis Antonio Tapia, infatigable luchador del pugilismo

lunes, 23 de diciembre de 2013 00:00
lunes, 23 de diciembre de 2013 00:00

Como todo pibe de barrio, comenzó a jugar fútbol junto a sus amigos y compañeros de colegio, pero cuando contaba con quince años de edad, el boxeo apareció en su vida como por arte de magia. Un día se acercó hasta el predio que pertenecía al Club Liberal Argentino, ubicado en la intersección de las calles 25 de Mayo y La Rioja de nuestra ciudad, y vio como un grupo de jóvenes le daba piñas, como en la guerra, a tres bolsas que colgaban de unos viejos chañares que había en el lugar. Tomó coraje y se metió a curiosear un poco. El hombre que oficiaba de adiestrador era Atilio “Pipo” Godoy, con quien trabó amistad casi de inmediato. Al día siguiente, Santiago Luis Antonio Tapia se sumó al equipo pugilístico y comenzó aprender las técnicas básicas de la disciplina, demostrando sus innatas condiciones para la misma. Godoy se dio cuenta rápidamente de que estaba en presencia de un potencial crack del ring y puso su acento en la enseñanza teórica-práctica de Tapia, quien en esos tiempos era más conocido por los aficionados al deporte con el apellido de su padre, Manuel Benito Bordón, separado de su madre, Ramona Beatriz Tapia.

Su primera incursión arriba de un cuadrilátero transcurrió durante la concreción del torneo de los barrios que auspiciaba la firma comercial “Multicompras”, inscripto en la categoría mosca. Las peleas tenían por escenario el estadio del Red Star BBC, en calle Sarmiento al 100, que reunía a gran cantidad de público en cada una de las veladas amateurs. Tapia recuerda que llegó hasta la final en su división de los moscas, enfrentando a Víctor Hugo Dumitru (“Chirola”), un ex destacado futbolista local. “Le gané por abandono y me quedé con el título de campeón. En realidad no llegué a festejar como cualquier púgil podría hacerlo, ya que éramos integrantes del mismo equipo (Liberal Argentino) y amigos personales. Con el paso del tiempo, él triunfó en el fútbol, donde después fue árbitro, mientras que yo continué boxeando y una vez que colgué los guantes me dediqué a la dirección técnica y, en la actualidad, organizando espectáculos en calidad de promotor. Las cosas lindas que tiene el deporte, factor permanente de superación personal y profesional, y de unión entre los hombres”, reseña con un toque de nostalgia.

“El Piji” Bordón, como lo identificaban no sólo los pobladores del ring side y de la popular, sino inclusive el propio periodismo, se las arregló como pudo para terminar sus estudios primarios en la provincia de Tucumán, más exactamente en la localidad de Santa Cruz, muy cercana a la ciudad de Concepción, respaldado por una familia Navarro, que era amiga de su abuela paterna, María Concepción Morales de Bordón, que vivía en su domicilio de la calle Tucumán (entre Chacabuco y Mota Botello), de nuestro San Fernando del Valle de Catamarca. Posteriormente regresó y se incorporó a la ENET Nº 1 local ((escuela Industrial), cursando hasta el tercer año de la carrera de técnico electromecánico, actividad que en la práctica ya manejaba con mucha habilidad, puesto que hacía tareas domiciliarias para ganarse algunos pesos. Mientras, vivía pendiente de lo que pasaba con el boxeo en nuestro medio, siguiendo gran parte de la campaña de Oscar “Cachín” Díaz a través de las radios, en compañía de su tío abuelo Luis Morales, hermano de su madre. “A él le apasionaba este deporte y, como toda nuestra provincia, estaba al tanto de las peleas que hacía “Cachín” Díaz, el gran ídolo de varias generaciones. Eso alimentó en gran medida mi decisión por calzarme los guantes y empezar a boxear, conducido siempre por “Pipo” Godoy. Me cansé de ganar combates y a conquistar en forma paralela el apoyo de la gente, que gustaba de mi estilo boxístico, con buenos recursos técnicos y de neto corte ofensivo. En esa escuela me formé y con ella me abrí camino después, cuando abandoné mi carrera como amateur, y me convertí en entrenador. Mi objetivo principal era formar chicos y jóvenes que pudieran conseguir lo que yo no pude, ingresando con posibilidades de éxito en el campo profesional. Trabajé a la par de Luis Alberto Bazán (“El Fiero”), cuando los hermanos Luis Armando Soto y Hugo Rafael Soto emergieron como las grandes promesas locales. “El Chueco” Soto (por Hugo Rafael) fue mi pupilo y obtuvimos muy buenos resultados, hasta que un día él decidió pasarse a las manos de su hermano Luis Armando Soto, quien ya era técnico. Me cayó como un balde de agua fría, puesto que no esperaba que pasara algo así, ya que veníamos llevando de diez su carrera deportiva. Me dio tanta bronca, que cerré mi gimnasio “José María Gatica” por espacio de un año. No quería atender a nadie, porque sentí que me pagaron bastante mal, luego de todo lo que yo había hecho”, monologa sin tomarse ni siquiera una pausa.

Pasado ese mal trance, Tapia fue recapacitando respecto a la clausura de su gimnasio y un buen día decide reabrirlo, a instancia de un pibe que deseaba convertirse en campeón, Fabio Daniel Oliva, amigo de uno de sus hijos, Luis Adrián. “Buyú” Oliva, como lo conocían (y conocen) en el barrio Los Ejidos, cuna de excelentes púgiles, le prometió fidelidad absoluta al entrenador en lo que atañe a las tareas de entrenamiento, tanto en lo técnico-táctico como en lo físico. De esta forma Santiago Luis Antonio Tapia lo fue modelando a su imagen y semejanza, y cuando consideró que estaba listo lo lanzó al ruedo. Oliva provocó un gran revuelo, desde su debut mismo como amateur, merced a sus brillantes aptitudes boxísticas, donde se conjugaban habilidad, velocidad, picardía y potencia física. Ya en el ámbito rentado, se mantuvo invicto hasta el 28 de abril de 2001, cuando se consagra campeón sudamericano de los supergallos, al derrotar por la vía rápida, en el segundo round, al cordobés Eduardo Enrique Alvarez, pupilo de Alberto Zacarías, hijo del legendario Santos Zacarías. Un triunfo espectacular, conseguido en el cuadrilátero instalado en el polideportivo Capital “Fray Mamerto Esquiú” de nuestra ciudad, que provocó la atención de la prensa nacional. Al respecto, recuerdo que le escribí una nota especial para la revista porteña “Ring Side”, a pedido de mi colega Carlos Irusta, que apareció en el mes de mayo del citado año, bajo el título “Buyú” Oliva: Pasta de crack”.

Posteriormente, tras defender esa corona sudcontinental en dos oportunidades, se produce el esperado choque de Fabio Daniel Oliva con Hugo Rafael Soto, quien por entonces se había apoderado de la corona argentina de los supergallos. El 22 de abril de 2002, con un estadio polideportivo local repleto de aficionados, Oliva supera por puntos a Soto y se erige en el dueño de las dos fajas de la división. Al respecto, Santiago Luis Antonio Tapia no puede negar su gran satisfacción por la victoria de Oliva “ya que de este modo demostré que estoy a la altura de los buenos entrenadores que tuvo y tiene Catamarca. Creo que esa noche borré para siempre la amargura vivida cuando Hugo Rafael Soto decidió abandonar mi gimnasio e irse con su hermano Luis Armando, por presiones o influencias familiares. Fue una especie de revancha o venganza, en el más sano de los sentidos”. Y hablando de “El Chueco” Soto, no deja de reconocer que le tocó acompañarlo en varios desafíos de gran envergadura, como cuando se enfrentó con el estadounidense John Lee Tapia, más conocido como Johnny Tapia, en la ciudad de Albuquerque (EE.UU.), tratando de arrebatarle la corona mundial de los supermoscas de la OMB (Organización Mundial de Boxeo) el 17 de agosto de 1996. Soto perdió por decisión, pero materializando una muy buena labor. En su archivo personal, guarda algunas fotografías de ese evento internacional, donde en una de ellas aparece junto a Soto, el médico Ernesto Martínez, el dirigente Bob Arum, titular de la OMB y Johnny Tapia, quien falleció el 27 de mayo de 2012, cuando tenía tan sólo 45 años de edad. Tampoco se olvida que, siendo amateur, lo dirigió en un torneo nacional realizado en la ciudad de Salta, donde se clasificó campeón mosca en forma invicta, dejando en el camino a varios favoritos al título.

Finalmente, se refiere a la caída sufrida por “Buyú” Oliva frente al ídolo dominicano Joan Guzmán el 17 de agosto de 2002, quien lo superó por nocaut en el tercer round en un combate concretado en Cardiff (Gales), donde estaba en juego el cetro mundial interino de la OMB de la categoría supergallos. La tentadora oferta en dólares influyó en la aceptación de ese lance internacional, según lo confirma Tapia, quien también se refirió a la derrota que su pupilo sufriera a manos del experimentado salteño Pastor “Vaca Mala” Maurín al año siguiente (2003) en choque efectuado en la ciudad de Río Gallegos (Santa Cruz). El fallo, por decisión de los jurados, fue calificado por nuestro entrevistado como un claro despojo a Oliva, dominador de las acciones, según su opinión. Hoy, tras siete años de ausencia, Fabio Daniel Oliva retornó a los cuadriláteros, intentando hacer posible lo imposible, algo que nadie ha podido concretar en este mundo del deporte de los puños. Tapia confía en él. Es suficiente? Creemos que no.


Escribe: Leo Romero
 

Ficha personal

Nombres y apellido: Santiago Luis Antonio Tapia.
Fecha de nacimiento: 25 de mayo de 1952.
Lugar: San Fernando del Valle de Catamarca.
Edad: 61 años.
Padres: Ramona Beatriz Tapia y Manuel Benito Bordón.
Hermanos: Nora del Carmen, Rosa Elena, Manuel, Julio César y Víctor Darío.
Esposa: Laura Celia González.
Hijos: Mónica Beatriz, Roberto Fabián, Luis Adrián, Santiago Tomás y Bruno Adriel Zacarías.
Nietos: Seis en total.
Boxeadores locales destacados: Oscar “Cachín” Díaz, Hugo Rafael Soto, Fabio Daniel Oliva y Miguel Fabián Arévalo.
Boxeadores nacionales e internacionales destacados: Carlos Cañete, Carlos Monzón, Horacio Acavallo, Adolfo Arce Rossi, Marcos “Chino” Maidana, Ray Sugar Leonard y Floyd Mayweather.
Hobby: Cocinar.
Comida preferida: Locro.


Mi opinión

Que es un profundo enamorado del boxeo, nadie puede discutirlo, comparta o no sus ideas, sus proyectos o sus emprendimientos. Se crió pegándole a la bolsa de entrenamiento, guiado por la experta mano de Atilio “Pipo” Godoy, un tipo al que quiso como un padre. No sólo porque le enseñó el arte de pegar y no dejarse pegar (técnicas de ataque y defensa, para ser más explícito), sino porque también lo guió en la vida, le dio sanos consejos y claros ejemplos de correctos procederes. Se explica, de este modo, que Santiago Luis Antonio Tapia hable con enorme respeto y admiración por quien fue un auténtico modelo de sencillez, humildad y generosidad. Su nombre no trascendió mayormente en el mundillo deportivo lugareño, porque él eligió mantenerse casi en el anonimato, fiel a ese bajo perfil que lo distinguió entre los maestros o entrenadores de alguna disciplina. Sabía mucho sobre boxeo, pero me solía decir que “muchos estamos para enseñarles a los chicos los primeros pasos, lo básico para que se muevan en el campo amateur, pero al pegar el salto al profesionalismo, la cosa cambia. Más allá de las condiciones naturales de todo ser humano para practicar una especialidad, hay que conocer otros aspectos clave que, yo, con toda sinceridad, no manejo con la autoridad y capacidad que se merece. Por eso, no puedo ser técnico de un púgil profesional”. Tremenda honestidad. Muy pocas veces vista en un medio como el nuestro, donde cualquier “chichipío” se cree un fuera de serie.

“El Piji” Tapia se nutrió de ese alimento humano y espiritual que emanaba de su conductor deportivo y personal. Por eso, cuando consideró que estaba en condiciones de enseñar su deporte favorito, abrió las puertas de su modesto gimnasio en el popular barrio de Los Ejidos y comenzó a trabajar despaciosamente, poniendo sobre la mesa lo que había aprendido con Godoy. Pero no se quedó quieto, fiel a su forma de ser y ver las cosas, se metió de lleno en cursos o seminarios que se dictaban sobre la materia por parte de la FAB (Federación Argentina de Boxeo), intercambiando opiniones y conocimientos con sus colegas de todo el país. Así, fue haciendo diferencias a su favor y aquilatando experiencias. Esas experiencias le permitieron avanzar un poco más en su labor específica y en forma paralela interiorizarse de aspectos inherentes a la organización de espectáculos o festivales, hecho que le permitió incursionar en calidad de promotor para poder llenar el pronunciado vacío existente en nuestro medio, a raíz de la ausencia total de actividades, que obviamente paralizó al nutrido plantel de púgiles amateurs y rentados. Incompatibilidades reglamentarias al margen, pudo llegar a un acuerdo con los órganos fiscalizadores y entonces el público amante del pugilismo retornó a los escenarios para presenciar de nuevo veladas de boxeo. Después se sumaron otros, como Karina Mema, la hija del siempre recordado entrenador mendocino Roberto Alejandro Mema, y todo transcurre normalmente, por lo menos hasta el día de hoy.

El adiestrador local tuvo elogiosos conceptos para algunos de sus actuales pupilos (el grupo siempre se va renovando), entre los cuales destacó a Gabriel “El Terrible” Corzo (hijo del ex púgil Daniel Corzo) y Jennifer “La Pepé” Rasjido (hija del zurdo Miguel Angel Rasjido, un ex destacado valor de la categoría gallo, permanente rival de Sergio Oscar Arréguez en el campo aficionado). Optimista y trabajador, Santiago Luis Antonio Tapia sostiene que se avecinan buenos tiempos para el boxeo catamarqueño, siempre y cuando se cuente con la apoyatura oficial y privada necesaria. Ojalá así sea.
 

HASTA FEBRERO PROXIMO: Durante el mes de enero de 2014 no aparecerán las notas sobre Deporte y Nostalgia, debido al descanso que se tomará el equipo de producción del ciclo periodístico. De esta manera, el 4 de febrero irá la próxima entrega. Deseamos a nuestros amigos lectores una feliz Navidad y un excelente Año Nuevo.

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