Deporte y nostalgia

Julio César Rodríguez, verdugo implacable del aro

lunes, 9 de diciembre de 2013 00:00
lunes, 9 de diciembre de 2013 00:00

Es uno de los principales referentes del básquetbol catamarqueño de las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado. Nació hace poco más de 67 años en nuestro querido San Fernando del Valle de Catamarca, dando sus primeros pasos dentro de la disciplina en filas del Club Deportivo Juventud, el legendario instituto de las calles 25 de Mayo y Prado. Tras cursar los estudios primarios en el Colegio Padre Ramón de la Quintana y el ciclo secundario en la Escuela Normal de Maestros “Fray Mamerto Esquiú”, gente allegada a los “albiazules” se encargó de efectuar gestiones para llevarlo a la provincia de Córdoba, puesto que ya emergía como un potencial crack. De esta manera, en 1965, cuando tenía dieciocho años de edad, Julio César Rodríguez se incorpora a las filas del famoso conjunto de General Paz Juniors de la capital cordobesa, convirtiéndose en una de sus grandes figuras. “Julito”, como lo bautizaron desde pibe en sus pagos natales, se sumó al grupo de las famosas “Estrellas Blancas” de la institución de la “docta”, un símil cordobés de los Globetrotters estadounidenses.

Defendiendo los colores y prestigios de Paz Juniors, a nadie extrañó que el maestro entre los maestros de los entrenadores argentinos de todos los tiempos, Jorge Hugo Canavesi, quien había llegado a nuestra ciudad para armar el seleccionado de la Federación de Básquetbol de la Provincia de Catamarca (FBPC) con vista a encarar el Campeonato Argentino de Selecciones 1970, convocara a Julio César Rodríguez casi de inmediato. Acertada decisión de Canavesi, ya que Rodríguez se consagró como el goleador absoluto de dicha competencia, jugada en la cancha de avenida Colón y calle Ministro Dulce, repitiendo lo concretado dos años antes en Santiago del Estero (1968), lo que le valió ser llamado para integrar el preseleccionado nacional de la CABB (Confederación Argentina de Básquetbol). Ya se había ganado, con creces, el calificativo de “verdugo implacable del aro”, de acuerdo a la opinión y bautizo de quien escribe esta entrevista. Una entrevista que se efectuó en un bar de Independencia y Derqui de la ciudad de Córdoba, donde reside desde joven junto a su linda familia (su esposa, sus tres hijas y sus seis nietos). Fue un ameno intercambio de preguntas y respuestas, preñadas de profunda nostalgia y sentida emoción. Por una simple y sencilla razón, el incesante desfile de recuerdos, unidos lógicamente por una larga sucesión de hechos y anécdotas, alimentados con profundo contenido humano.

Haberse constituido en dos temporadas en el goleador del “más argentino de los campeonatos” (así lo denominaron por la mayoritaria intervención de las provincias en estas convocatorias), indudablemente lo llena de orgullo y satisfacción, no sólo por los hechos en sí, sino porque lo hizo representando a Catamarca. Rodríguez lo confirma, señalando que “a pesar de haber sido tentado por la dirigencia de Córdoba para sumarme a su seleccionado, nunca acepté, porque tenía un compromiso de honor con mi provincia natal. Allí comencé a tirar al cesto y aprender a conocer las técnicas básicas de un deporte que amo con todo mi corazón. Lo expresado, no implica que no tenga una excelente relación con todos mis amigos y con los jugadores cordobeses, especialmente de Paz Juniors, donde crecí como basquetbolista y como hombre amante del deporte”. Al respecto, con el pecho henchido de orgullo, nos comenta aspectos del homenaje que se le tributara el año pasado a todos los integrantes de la entidad mediterránea, al cumplirse medio siglo de la aparición de las grandes “estrellas blancas”, que le dieron brillo y jerarquía nacional e internacional a Paz Juniors, entre las cuales se inscriben Marcelo Farías, Gustavo Chazarreta, Cleodomiro Oliva, Hugo Olariaga, Hugo Durá, Hugo Montivero, Ricardo Riofrío, Julio César Rodríguez, Juan Laurencigh, Samuel Oliva, Francisco Vettere, Rodolfo Beltramini, Edberto Márquez, Julio Salinas, Elio Asrín y Guillermo Riofrío. Marcelo Farías, uno de los símbolos de ese mítico conjunto cordobés, expresaba en esa ceremonia que “parece que fue ayer, pero son 50 años y no es poca cosa: somos amigos de la vida y no recuerdo un roce o una discusión fuerte entre nosotros. Que La Voz del Interior, el diario de los cordobeses, nos distinga es algo muy especial. Mi hijo Martín, que hoy me acompaña, nunca me vio jugar. Y hoy lo puede disfrutar conmigo”.

Mientras nos muestra el álbum gigante que recibió en dicha oportunidad, al igual que el resto de sus colegas de Paz Juniors, donde se incluyen fotografías, recortes periodísticos y entrevistas especiales, “Julito” Rodríguez hace una breve pausa y retoma el relato de sus vivencias en nuestro medio. Al respecto, recuerda que su primer torneo argentino de selecciones lo jugó en 1963, en la provincia de Misiones, con un plantel donde se alistaban, entre otros, dos destacados valores que ya se marcharon de este mundo, José Victoriano “El Toro” Robledo y Juan Carlos “Puyuyo” Sánchez, ambos ídolos del Club Atlético Olimpia. Señala que la experiencia vivida en el Campeonato Argentino de 1970, desarrollado en Catamarca, fue realmente importante en su carrera deportiva, ya que trabajó bajo las órdenes del “profe” Canavesi, el conductor de la selección argentina que, veinte años antes (1950) se había consagrado campeona mundial en el Luna Park de Buenos Aires, venciendo en la final a los Estados Unidos. “A pesar del lógico dolor que significó quedar marginados en la ronda clasificatoria, personalmente tuve la enorme satisfacción de convertirme en el goleador del certamen, recibiendo de manos del entonces presidente de la CABB, José M. Montórfano, la copa instituida para el mismo. Un momento inolvidable, porque era mi regalo para toda la gente de Catamarca, en especial para los amantes del baloncesto. Cuando se cumplieron cuarenta años de ese acontecimiento, en el 2010, la Agrupación de Homenaje a Deportistas Catamarqueños, que vos integras, nos permitió a todos volver a encontrarnos con el viejo y querido maestro Canavesi. Fue en el quincho de la familia de Luis Mario “Kokin” Aragón, otro excelente jugador y gran persona”, monologa.

Casado con una catamarqueña, Sulma del Carmen Acevedo, una de sus hijas, Ana Carolina, le obsequió un nieto, Bautista, de siete años, quien al parecer seguirá los pasos de su abuelo famoso, ya que es el único que juega básquetbol. Cuenta con el lógico respaldo del papá de su mamá, Julio César Rodríguez, un hombre íntimamente ligado a su tierra adoptiva, pero sin olvidar ni un instante sus fuertes y sólidas raíces ambateñas.


Escribe: Leo Romero
 

Ficha Personal

Nombres y apellido: Julio César Rodríguez.
Fecha de nacimiento: 21 de enero de 1946.
Lugar: San Fernando del Valle de Catamarca.
Edad: 67 años.
Padres: Raúl Ismael Rodríguez y Rosa Isabel Guevara (ambos fallecidos).
Hermanos: Raúl Alberto y Nora del Valle (ambos fallecidos).
Esposa: Sulma del Carmen Acevedo.
Hijas: Ana Carolina, Zulma Paola y Edith Lorena.
Nietos: Nicolás, Agustín, Ignacio, Bautista, Lucía y Olivia.
Hincha en el básquetbol catamarqueño: Deportivo Juventud.
Hincha en el básquetbol cordobés: General Paz Juniors.
Hincha en el fútbol catamarqueño: Atlético Sarmiento.
Hincha en el fútbol nacional: River Plate.
Basquetbolistas destacados de Catamarca: Julio Felipe del Valle Hausberger (“El Torta”), José Victoriano Robledo (“El Toro” o “Cholo”), Luis Mario Aragón (“Kokin”), José Ignacio Barrionuevo (“Mellizo”), Marino Rojo y Héctor Hugo Castro (“El Lungo”).
Basquetbolistas nacionales destacados: Alberto Cabrera (“El Beto” o “Mandrake”), Gabriel Díaz (“Tompy”), Marcelo Farías, Samuel Oliva, Lito Crespi, Héctor Campana (“Pichi”) y Marcelo Milanesio.
Hobby: Ver espectáculos deportivos, en vivo y en directo, o por televisión.
Comida preferida: Un rico asado criollo.


Mi Opinión

Aunque por estos lados nos encontramos en dos o tres oportunidades, en ocasión de las cenas recordatorias de los integrantes del seleccionado provincial de básquetbol de 1970, que por entonces armó el master Jorge Hugo Canavesi, la charla mantenida recientemente en la ciudad de Córdoba con el recordado y querido Julio César Rodríguez, tuvo un gustito muy especial. Café de por medio, efectuamos un largo recorrido por los caminos que lo condujeron a sitios realmente importantes dentro del contexto nacional, llevando siempre como estandarte su alma y su corazón de catamarqueño enamorado de su tierra. Y este introito no es algo antojadizo ni posee tampoco cierto tinte demagógico. En absoluto. Está fuertemente fundamentado en un hecho concreto, imposible de ser puesto en tela de juicio. “Julito” Rodríguez, a pesar de ser requerido por la dirigencia de Córdoba, para integrar su selección en los torneos argentinos, nunca aceptó estos ofrecimientos, porque su decisión fue inquebrantable: en los campeonatos nacionales, únicamente defiendo los colores y los prestigios de mi patria chica. De tal manera, sólo actuó para los cordobeses capitalinos, en los certámenes provinciales.

El Club Deportivo Juventud local, donde hizo sus naturales “pininos” basquetbolísticos, ocupa un lugar bien definido en sus afectos personales. No se olvida de sus amigos y de sus compañeros de equipo, a pesar de que siendo muy jovencito se marchó a la ciudad de Córdoba, ávido de encontrar las oportunidades que por estos pagos norteños no se dan muy seguido. Su incorporación al General Paz Juniors fue todo un acierto, puesto que en su seno se nutrió de los ingredientes necesarios que le posibilitaron crecer sostenidamente, tanto en lo deportivo como en lo humano.

Empleado bancario (ya jubilado), se las arreglaba para concurrir a los entrenamientos físicos y técnicos, y cumplir con los compromisos de los torneos oficiales de la Federación Cordobesa. Al comentar sobre ellos, automáticamente surge el nombre de Julio Felipe “El Torta” Hausberger, un comprovinciano suyo que rayó a gran altura en el Club Universitario y que inclusive integró el seleccionado cordobés en algunos campeonatos argentinos, ya que no lo convocaban desde Catamarca. Hausberger también fue otro “rompe redes”, como que se anotó como goleador del Argentino del año 1958, jugado en Santa Fe, luciendo los colores ambateños y marcando un total de 171 tantos en siete partidos, con un promedio de 24,4. Tenía sólo 19 años de edad.
Hoy, camino a cumplir sus frescos y bien llevados 68 abriles, Julio César Rodríguez está pendiente de su linda familia y del futuro basquetbolístico de su nieto Bautista, que emerge como el heredero al trono que un día ocupara su orgulloso y talentoso abuelo. Espero que así sea.


PROXIMA NOTA. El martes 24 de diciembre se producirá el cierre del ciclo Deporte y Nostalgia del corriente año. En la oportunidad, incluiremos una entrevista especial con Santiago Luis Antonio Tapia, el exitoso y calificado entrenador de boxeo, más conocido en el ambiente deportivo como “El Piji” Tapia.

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