Deporte y nostalgia

Pedro Esteban Avellaneda, un implacable artillero

lunes, 18 de marzo de 2013 00:00
lunes, 18 de marzo de 2013 00:00

 

Pedro Esteban Avellaneda, un implacable artillero

Su escuela de formación futbolística fueron los viejos y hoy casi desaparecidos potreros que existían tiempos atrás en los distintos barrios de nuestra ciudad. Desde muy pibe, se metió en esas atractivas porfías deportivas, desafiando inclusive el peligro que significaba medir fuerzas con jugadores que le doblaban en edad y en contextura física. De esta manera, obvió el paso por las divisiones formativas de los clubes federativos, razón por la cual ni siquiera se dio cuenta de que se calzaba la casaca de la primera división del Club Deportivo Sumalao, entidad en la que debutó en 1963. Estamos hablando de Pedro Esteban Avellaneda, quien este 2013 cumple medio siglo de vida ligado al más popular de los deportes. Por una simple y sencilla razón, aún continúa mostrando sus dotes de implacable goleador, en las filas de Duca, elenco que milita en la Liga de Veteranos del Fútbol de Catamarca. Una carrera brillante, donde se inscriben numerosos títulos de campeón con instituciones de la Liga Catamarqueña de Fútbol, seis de ellos con el Club Atlético Sarmiento, con cuyos colores está totalmente identificado, habida cuenta que también sus hermanos Domingo Marcial y Juan Oscar pasearon su calidad y capacidad por los “decanos” de la avenida Acosta Villafañe.
Precisamente sobre preferencias partidistas, a nivel deportivo, el centrodelantero o “número nueve”, como ustedes deseen llamarlo, no deja de ponderar su incursión por el Club Sportivo Villa Cubas, donde fue campeón en 1985, en calidad de refuerzo. “Nunca, en mi vida de futbolista, sentí tan profundamente el respaldo incondicional de una parcialidad como la del “león del altiplano”. Es algo muy especial, te eleva a planos superlativos, te hace vibrar el cuerpo y el alma. Vestir los colores rojo y blanco de los villacubanos fue una de las más grandes satisfacciones que experimenté en mi carrera futbolística. Realmente, como ustedes, los periodistas, lo expresan en sus comentarios, es toda una “república” alentando a sus jugadores. Te repito, es uno de los recuerdos más gratos, que siempre guardaré en mi corazón”, sostiene enfáticamente. Pero Pedro Avellaneda (así lo conocen los aficionados, por su primer nombre de pila) no se olvida que desde 1966 a1978 (el año en que la Argentina logró su primer cetro de campeón del mundo, de la mano de César Luis Menotti) defendió con mucho orgullo y placer los prestigios del centenario Atlético Sarmiento, fundado el 12 de junio de 1912. En sus comienzos, señala que le tocó codearse con grandes figuras del balompié catamarqueño, entre ellas Ramón Lisandro Vega (“El Coyoyo”) y Héctor Ovejero (“El Perro”), lo que le permitió tener un panorama claro de lo que significa moverse dentro o fuera del área, para hacer pesar su potencia física y buscar los ángulos propicios para descargar sus potentes cañonazos de zurda, que causaron estragos en los arcos adversarios.
Además de Sarmiento y Villa Cubas, Avellaneda fue requerido por varios clubes de la Liga Catamarqueña de Fútbol, para reforzar sus elencos en los ex certámenes Regionales de la AFA. Así fue que lo llamó San Lorenzo de Alem, el desaparecido Deportivo Unión (epicentro del mismo fue el ex Regimiento de Infantería 17, con asiento en nuestra Capital), Juventud Unida de Santa Rosa, Parque Daza e Independiente de San Antonio (Fray Mamerto Esquiú). “Me crié en esta hermosa localidad chacarera y fue una alegría inmensa poder jugar en la primera división de ese club, donde tengo muchísimos amigos. Las cosas lindas y reconfortantes que te da el fútbol y que, como te podrás suponer, uno intenta devolver a través de un buen comportamiento dentro de la cancha, respetando a los rivales y tratando de no crearles problemas a los árbitros. Todos vivimos de él y tenemos que colaborar para desterrar para siempre los endémicos males que hasta hoy lo aquejan. Sólo es cuestión de respeto mutuo, de responsabilidad personal y actitud solidaria”, sintetiza, a título de análisis global.
Delantero, en la actualidad, del club Duca, de la Liga de Veteranos, nuestro entrevistado se refirió a la experiencia vivida con Defensores del Norte, entidad militante en la Liga Catamarqueña de Fútbol, donde se formalizó un acuerdo para que los equipos “duqueños” jueguen en el predio que los “albiverdes” poseen en el sector norte de San Fernando del Valle, dándole lo recaudado a las divisiones inferiores de los mismos. Sobre este tema, Pedro Avellaneda consideró que los veteranos se llevaron a la dirigencia de las entidades federadas, ya que la mayoría de los ex jugadores hoy está actuando en ese ámbito. “Los tiempos han cambiado, indudablemente. Aún guardo en mis retinas la imagen de aquellos viejos y queridos dirigentes de décadas atrás, que iban a buscar a sus casas o domicilios particulares a los pibes de las inferiores, para llevarlos a la cancha. Y en la primera división, nadie pretendía cobrar; al contrario, tratábamos de colaborar con la institución a la que pertenecíamos. Ahora, el signo pesos está presente en cualquier movimiento de pases. Eso originó que el Estado apareciera en escena, para remediar la negativa situación, pero el resultado es el mismo de siempre, quedamos marginados de los Argentinos B y A, y la plata fuerte se va para otros lugares, vía refuerzos foráneos”, aseveró.
De mente abierta e inteligente observador, el ex crack local fue un permanente partidario de la fusión de clubes, en el ámbito capitalino, y de la creación de la Gran Liga de Fútbol del Valle Central, donde estén insertos los departamentos de Capital, Valle Viejo, Fray Mamerto Esquiú y Capayán. Hay una proliferación de clubes en nuestro medio, cuya mayoría carece de un número más o menos respetable de asociados. Y esa realidad es tomada por Avellaneda para opinar que es menester cambiar radicalmente la vieja y nociva historia del fútbol provincial, con permanentes fracasos. Recuerda que en sus años de apogeo, dos instituciones intentaron “revolucionar” nuestro medio, trayendo a reconocidos entrenadores del ámbito de la división superior de la AFA. Sarmiento contrató a Alberto Mario González (“Gonzalito”), el recordado ex puntero izquierdo de Boca Juniors, creador de la función de “ventilador”, por su permanente ayuda al medio campo, para generar salidas rápidas y sorpresivas. Villa Cubas, la segunda entidad en cuestión, consiguió los servicios de Jorge Alberto Maldonado, ex defensor y capitán del Independiente de Avellaneda, campeón de la Copa Libertadores de América en 1960. Se sumaron los lógicos refuerzos de otras provincias, pero todo terminó en una gran frustración. “Para muestra sólo bastan esos dos botones. Yo creo que por acá es menester tomar conciencia que la única fórmula para acabar con este estado de cosas, es trabajar con los chicos, en un proyecto a mediano o largo plazo, bien estructurado, con el apoyo del Estado, que de una vez por todas debe aplicar una seria política deportiva y no meros parches para tratar de tapar los agujeros que año a año se van produciendo, lamentablemente”, remarca con una mueca, mezcla de bronca y de tristeza.
 

Escribe: Leo Romero
 

Ficha Personal

Nombres y apellido: Pedro Esteban Avellaneda.
Fecha de nacimiento: 2 de enero de 1947.
Lugar: San Fernando del Valle de Catamarca.
Edad: 66 años.
Padres: Marcial Avellaneda y Esther Ruiz.
Hermanos: Domingo, María Esther, Marta Beatriz, José Eduardo y Juan Oscar.
Esposa: Mónica Alicia Mauvecín.
Hijas: María Paula y María Pía.
Nietos: Valentino, Salvador y Francesca.
Hincha en el fútbol: Boca Juniors de la AFA y Atlético Sarmiento de la Liga Catamarqueña de Fútbol.


Mi Opinión

Seguí gran parte de su carrera deportiva, cuyo eje central fue el fútbol, aunque también incursionara en el básquetbol y en el vóleibol, disciplinas en las cuales sólo colaboró con el resto de sus compañeros, como él mismo lo asevera. Por ende, muchas veces recabé opiniones sobre sus actuaciones, en especial cuando lucía sus cualidades de innato goleador, tanto en su Atlético Sarmiento, como en el seleccionado de la Liga Catamarqueña y clubes a donde fue a reforzar sus filas. Pero, si es que no me equivoco, es la primera vez que tengo el enorme gusto de sentarme a charlar con Pedro Esteban Avellaneda, un auténtico caballero del deporte, un tipo sencillo y afable, dueño de una atractiva personalidad.
Con acentuada claridad conceptual, no le esquiva a ningún tema que un periodista puede tirarle sobre la mesa. Al contrario, se mete dentro del mismo y da a conocer sus puntos de vista. Cuando le pregunté sobre los mejores artilleros del balompié local, que él vio en acción en nuestras canchas, hace una breve pausa y lanza el nombre de Simón Oscar Agüero (“El Ocotudo”), un destacado centrodelantero que se inició en el Atlético Independiente de nuestra ciudad y que posteriormente se radicó en Córdoba, donde además ejerció el periodismo deportivo (en el diario “La Voz del Interior”), de acuerdo a los datos que me aportó su compadre y amigo personal, Hugo González (“El Jabalí”).
Avellaneda ponderó el exquisito estilo de Agüero y agregó que Horacio Quiroga (“Quiroguita”), de Defensores del Norte, siempre lo sorprendió gratamente, ya que a pesar de su baja estatura física, siempre se las arregló para meter goles… y de gran factura. De los históricos, no se olvida de Héctor Ovejero (“El Perro”), a quien gozó en vivo y en directo, ya que lo tuvo como compañero en sus comienzos en Sarmiento, donde él debuto a los dieciséis años de edad.
Y hablando de los “decanos”, vuelve a tocar el tema de las fusiones, indicando que bien podría unirse a San Lorenzo de Alem, club que posee un gran número de seguidores, cosa que a su entender no posee Sarmiento, no obstante sus cien años de existencia. Pero, en contrapartida, posee una cancha reglamentaria y ese es un aporte importante, a la hora de buscar una unión institucional y deportiva. Está claro, sostiene, que la dificultad para la fusión de los clubes es la absurda y mezquina postura de dos o tres dirigentes, que no hacen ni dejan hacer. Por eso no hay socios en los clubes de nuestro medio. Y esta realidad la conocemos todos y por cierto el propio Estado, o los gobiernos de turno, que tampoco se preocupan por buscar las soluciones del caso.
 

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