Boxeo

A dos años del adiós final al entrenador Roberto Mema

Uno de los más grandes en la historia del deporte de nuestra provincia.
domingo, 19 de enero de 2014 00:00
domingo, 19 de enero de 2014 00:00

Roberto Alejandro Mema cerró para siempre sus ojos el 20 de enero de 2012, en la sala de cuidados intensivos del hospital San Juan Bautista de nuestra ciudad, tras sufrir en Mendoza, su provincia natal, un infarto prácticamente mortal, que lo transportó a un estado de coma cuatro, a la postre irreversible, para los soldados y capitanes de la ciencia humana. Hoy, al cumplirse dos años de su fallecimiento, les recuerdo a los lectores de El Esquiú.com la crónica periodística que escribí en aquella oportunidad, de la que hicieron eco muchos medios de comunicación de provincias vecinas, algunos vía internet. He aquí el texto completo de la misma:
El milagro divino no llegó a materializarse, pese a las cadenas de oraciones y a las súplicas al Todopoderoso de todos sus seres queridos y de sus innumerables amigos. Figura señera de la especialidad que amó entrañablemente, hoy puede afirmarse, sin temor a equívocos, que pasó a integrar la selecta nómina de habitantes de la galería de los grandes del deporte catamarqueño. Porque además de su enorme caudal didáctico y pedagógico, en calidad de docente y guía social por muchos gimnasios lugareños, fue el estratega y conductor de dos campeones argentinos y un campeón del mundo profesional, conquista jamás lograda por sus colegas entrenadores del medio.
Luis Armando Soto (liviano, año 1987) y Sergio Oscar Arréguez (súpergallo, año 1988) se calzaron los cinturones con los colores patrios, mientras que Hugo Rafael Soto (mosca, año 1998) se consagró titular de la Asociación Mundial de Boxeo en Las Vegas (Estados Unidos), guiados en todos los casos por la experimentada y sabia mano del mendocino - catamarqueño Roberto Alejandro Mema, quien solía autocalificarse como un adiestrador con mucha suerte, que alcanzó las citadas metas, merced a su visión e intuición para explotar el momento adecuado y la situación justa.
“Todo lo que aprendí con el gran maestro Francisco ‘Paco’ Bermúdez y otros hacedores de campeones, que supieron enseñar en el Mocoroa Boxing Club de la ciudad de Mendoza, lo fui metiendo de a poquito entre los púgiles de Catamarca, sabedor de que puliendo cosas podría obtener muy buenos resultados. Y no me equivoqué. Los resultados están a la vista. Logramos éxitos impensados y nos ubicamos a la altura de los grandes centros boxísticos del país. Fuimos respetados y valorados, sumándonos al prestigio que a partir de 1961 le dio Oscar ‘Cachín’ Díaz a nuestra provincia, cuando conmocionó a todos con la conquista de la corona argentina de los plumas al vencer en el Luna Park de Buenos Aires al correntino Aldo Gamboa. Y miren ustedes: los dos somos hijos adoptivos de esta hermosa tierra de la Virgen del Valle y Fray Mamerto Esquiú. Díaz nació en Buenos Aires y yo en Mendoza. Pero, por dentro y por fuera, somos catamarqueños puros, porque acá tenemos los más grandes afectos y, seguramente, nos van a sepultar”. Estos conceptos fueron pronunciados en una entrevista que me concedió hace muchos años, en el apogeo de su carrera como entrenador y manager.
Pero no sólo por estos lados Mema demostró los quilates de su sapiencia boxística en el plano profesional. Cuando Sergio Oscar Arréguez se midió con el chileno Carlos Ariel Uribe por el cetro sudamericano de los súpergallos en la ciudad de Osorno, en el vecino país (2 de setiembre de 1988), perdiendo por KO en el sexto round, Mema acordó posteriormente hacerse cargo de la preparación del trasandino en una eventual chance por el título mundial. Y así nomás sucedió. Asistió desde uno de los vértices del cuadrilátero a Uribe cuando enfrentó al colombiano Luis “Chicanero” Mendoza, quien lo derrotó sin atenuantes. Respetado y apreciado en Chile, también se encargó de dirigir al veterano ex campeón sudamericano de los moscas Martín Vargas, una verdadera leyenda en su patria, rechazando otras ofertas porque había decidido dedicarse en San Fernando del Valle de Catamarca para trabajar con personas que deseaban bajar de peso, trabajo que vino desarrollando hasta que se fue a sus pagos natales para pasar las fiestas de fin de año (2012), con el final que todos conocemos.

Leo Romero
 

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